Bosques de Jalisco, sumidos en el deterioro

Publicado: enero 22, 2019 de GDL en Información Jalisco
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MÁS DE LA MITAD. Un diagnóstico del Fiprodefo precisa que 56 por ciento de los bosques de Jalisco presentan algún tipo de perturbación. (Foto: Jorge Alberto Mendoza)

Si el sector forestal de Jalisco fue ignorado por la administración de Emilio González Márquez, desdén paliado por la alta inversión en bosques que hizo el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, seis años después, el ninguneo fue del gobierno federal de Enrique Peña Nieto, lo que ha dejado al sector en su peor situación desde 2002, cuando comenzó a operar la Comisión Nacional Forestal (Conafor) y se estableció que los bosques eran “asunto de seguridad nacional”.

La reducción sustancial del presupuesto se reflejó cada año entre 2013 y 2018. Si se comparan los recursos transferidos por la Conafor, entre el primer y último año, la caída del gasto público es de más de 63 por ciento. El resultado: la persistencia en la mínima contribución del sector al producto interno bruto (menos de medio punto porcentual), la alta presencia del crimen en el saqueo de la madera y la casi nula diversificación productiva. La falta de valor que tiene el bosque se refleja en las estadísticas de incendios al alza (312 mil hectáreas los tres últimos años, el registro más alto de la historia de Jalisco), la degradación y contaminación, el rentismo de los dueños y el abandono general de un alto porcentaje los predios.

Cada una de las 4.1 millones de hectáreas (ha) del estado (dato que reporta el documento Reconfiguración de la política pública forestal del estado de Jalisco, Semadet, 2017) recibieron por todo el sexenio, de parte de la Conafor, 273.81 pesos, es decir, 45 pesos y 60 centavos al año o 3.80 pesos al mes (el total ejercido de los seis años es mil 122.5 millones de pesos). Pero mientras en 2013 otorgaron 66.8 pesos por ha, en 2018 sólo se destinó 25 pesos de presupuesto para cada ha.

En cuanto al gobierno del estado, su inversión es mucho más limitada: 413.7 millones de pesos básicamente para el tema de prevención y combate de incendios, lo que arroja 101.1 pesos por ha en seis años, 16 pesos con 85 centavos al año (fuente: Análisis cualitativo de programas y acciones 2013-2018, Semadet, octubre de 2018). El gasto en áreas protegidas estatales o coadministradas, que no están en este análisis, y ascienden a alrededor de 170 mil ha, es de mil 200 pesos por los seis años o 200 pesos al año. Un cálculo nacional del valor de los servicios ambientales de bosques y selvas es de 56 pesos por cada peso que se invierte desde el sector público (ver NTR, 9 de enero de 2019), lo que da una idea del enorme rezago.

Si se considera la apuesta estatal por el tema de incendios, es evidente el fracaso, pues se afrontaron los años con más daño de los que se tenga registro.

DINERO… PARA DIAGNÓSTICOS

Algo en lo que sí se invirtió fue en la generación de diagnósticos. La demostración del grave problema de degradación de los bosques y su consecuente pérdida de valor, lo revela un estudio del Fideicomiso para la Administración del Programa de Desarrollo Forestal de Jalisco (Fiprodefo), en el que se aborda la temática de las plagas.

No hay una política forestal para atender el problema, que requiere detección oportuna y acciones inmediatas, alejadas de la burocracia. El Fiprodefo estableció un diagnóstico y un sistema de monitoreo. Se destaca que el problema sanitario deriva de bosques pésimamente manejados por décadas, que provocaron la declinación genética: las nuevas generaciones han sido cada vez más débiles genéticamente, lo que se agrava porque el calentamiento global permite la progresiva colonización de nuevos territorios por las plagas y su presencia casi todo el año.

La información de selvas bajas, selvas medianas, bosques templados y pastizales derivó en un mapa de riesgo: se demuestra que se redujo la deforestación, pero no la degradación. 56 por ciento de los bosques de Jalisco presentan algún tipo de perturbación, y estas perturbaciones a la estructura vegetal llevan después al dato de que 34 por ciento de los bosques están afectados por plagas.

Con esto, el valor de los servicios ambientales declina: “Si quieres hacer una proyección de captura de carbono en un bosque que tiene muérdago, no la vas a tener porque el árbol está concentrado en tratar de sobrevivir; no va a llegar una siguiente generación, y si la llega a tener, si los conos caen y hay buena germinación, esos arbolitos están condenados a que desde su nacimiento presenten muérdago; eso hemos encontrado en todo el ciclo arbóreo, desde plántulas hasta arbolado adulto”, dijo la ex titular del Fiprodefo, Gabriela López Damián, en una entrevista el 3 de agosto de 2016.

Lo que el monitoreo exige es realizar sobrevuelos al menos cada dos años sobre bosques y selvas, y cotejarlos con mapas satelitales. Las denuncias de daños deben ser presentadas por las unidades de manejo forestal. La queja recurrente es la burocracia de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), que no permite actuar a tiempo.

 ESCENARIO RECURRENTE. Una de las principales debilidades de los bosques de la entidad son los incendios forestales.
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MENOS MADERA 

Esto explica los bajos rendimientos en el aprovechamiento de los bosques. En la década de 1990 se extraían más de un millón de metros cúbicos (m³) de madera; ahora se reportan años de 300 mil m³. “Esa pérdida de potencial deriva del manejo histórico inadecuado; durante décadas, los industriales se dedicaron a ‘descremar’ los bosques (a extraer la mejor madera), lo que los desestructuró y degradó, refirió a NTR el investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG) Enrique Jardel Peláez.

El escaso valor del bosque en Jalisco también se refleja en la bajísima competitividad de Jalisco, que está entre las “entidades con un nivel de competitividad medio al obtener calificaciones relativamente buenas en dos subíndices y promedio en otros dos”, según el Índice de competitividad forestal estatal elaborado por Reforestamos México y el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco).

El estado “ocupa el lugar 22 en permanencia de bosques. Su principal debilidad son los incendios forestales y está entre las 11 entidades con mayor degradación de terrenos forestales. Además tiene un desempeño medio en recuperación de bosques (lugar 16) y en porcentaje de bosques enfermos y bosques con peligro de deslizamiento (lugar 17 en ambas)”, señala el portal del proyecto.

El mejor desempeño de Jalisco está en “la condición sociopolítica de los bosques (lugar nueve) derivado de su alta cohesión social (séptima posición) y primer lugar en calidad de información presupuestal ambiental. Sin embargo, la alta corrupción (lugar 25) y el poco gasto local en desarrollo forestal (lugar 21) le restan competitividad”.

El índice ubicó a Jalisco en la posición 16 “en potencial de aprovechamiento de los bosques. Lo anterior debido a que cuenta con pocas zonas prioritarias para el desarrollo forestal comunitario (lugar 24) y de plantaciones forestales comerciales verificadas (lugar 21). Sin embargo, el estado cuenta con un importante acervo de existencia de selvas y bosques (octavo lugar) y potencial de desarrollo maderable (sexto lugar)”.

El índice fue construido desde 2014 y los cambios son mínimos, salvo a la baja, como es el caso de los incendios forestales, que alcanzó su máximo histórico en 2017, con 190 mil hectáreas.

NÚMEROS

4.8 millones de hectáreas de Jalisco fueron forestales o de vocación forestal

35 por ciento de esa superficie se deforestó entre 1976 y la actualidad, según un análisis del Imco; se manejan 4.1 millones de hectáreas de vocación forestal y 3 millones de hectáreas específicamente forestales

54% de los bosques primarios y secundarios del estado están degradados; la infestación de plagas alcanza de 23 a 34%

1.5 millones de hectáreas tienen potencial maderable, pero solamente 600 mil hectáreas están incorporadas a esquemas de manejo autorizado por la Semarnat

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FRASE

“Durante décadas, los industriales se dedicaron a ‘descremar’ los bosques (a extraer la mejor madera), lo que los desestructuró y degradó”
Enrique Jardel Peláez, investigador de la UdeG

JJ/I

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