Al bosque La Primavera le urge un plan maestro

El texto preliminar del plan de manejo destaca que el instrumento es insuficiente porque las grandes amenazas vienen de afuera.
Agustín del Castillo

El gran tema con el área de protección de flora y fauna La Primavera, es que todos los intereses que orbitan sobre él, deben tener claro que su valor reside justamente en permanecer como bosque.

Es decir, la prioridad es cuidar su riqueza biológica, su diversidad de ecosistemas y los servicios ambientales que como efecto provee. No se trata de un espacio de desarrollo de proyectos que puedan poner en riesgo esa capacidad de “autorregulación” que le ha permitido sobrevivir a los embates humanos, sostiene el diagnóstico del nuevo plan de manejo que actualmente se discute al interior de la junta de gobierno del organismo público descentralizado.

En la página 62 indica: “El decreto de creación del área natural protegida [ANP] estuvo motivado fundamentalmente por ser un área con características muy singulares, toda vez que es una serranía que surge como efecto de una intensa actividad volcánica, de la que la actividad hidrotermal es un remanente. Sin embargo, por su origen, la composición geológica y el tipo de suelos, [es] un ecosistema sumamente frágil, no solamente por su susceptibilidad a la erosión, sino también por su cercanía a la segunda ciudad más importante del país. En aquel entonces se vio una oportunidad de dotar de racionalidad al crecimiento de la mancha urbana, manteniendo una fuente de servicios ambientales de vital importancia para la salud de la ciudad. Desde esta perspectiva es que debe comprenderse la importancia de mantener al ANP en su estado natural, lo que no quiere decir estático de ninguna manera, que por las características mencionadas, sobre todo por su fragilidad como ecosistema y su contigüidad a una extensa mancha urbana que crece descontroladamente ejerciendo fuertes presiones desde su perímetro, requiere, además de estándares de manejo aplicables a todas las ANP, otros que atiendan con perspectiva sistémica la relación bosque-ciudad, como una de las particularidades específicas…”.

Esto “implica leer el complejo territorial del bosque y su entorno natural y urbano como un socioecosistema; de manera que se analicen los procesos de intercambio que ocurren en él bajo la perspectiva de metabolismo social”.

Bajo esta premisa esencial, “actividades como cambios de uso del suelo, construcción hormiga, incendios forestales, visitación desordenada, extracción de material geológico, el aprovechamiento irracional y clandestino de especies silvestres, introducción de especies exóticas por abandono de animales domésticos y la reproducción a altas tasas de especies ferales [animales domésticos asilvestrados] y actividades productivas que exceden la capacidad de carga del sistema están alterando de manera negativa el hábitat. Además, prolifera el abandono de escombro y basura, el vandalismo, la contaminación de cuerpos de agua, y la contaminación paisajística y lumínica. Son muchos los factores que provocan estrés al bosque y comprometen seriamente su estado de salud. A todo ello hay que agregar intervenciones erróneas en el área al pretender forzar los procesos naturales de sucesión y regeneración del bosque, como ha sido el caso de reforestaciones mal planteadas y por lo tanto fallidas o hasta contraproducentes”.

Esto obliga a la claridad de un diagnóstico donde se identifiquen presiones internas y externas que concilien las distintas e incluso contrapuestas opiniones de los actores “sobre el estado del bosque y su capacidad de carga, así como de la forma en que debe manejarse, lo cual repercute en la falta de una ‘imagen objetivo’ consensuada para el futuro y acuerdos que logren el concierto de los esfuerzos”.

Por ello anterior, “el uso y manejo del territorio que comprende el ANP ha representado y sigue representando un reto que involucra a propietarios, sociedad civil y gobierno para detener y revertir los impactos negativos que provocan el debilitamiento del bosque”, lo que deriva en la necesidad de un Plan Maestro.

La Primavera, agrega, “requiere de un Plan Maestro con una perspectiva regional integral de largo plazo que incluya acciones en la zona de influencia, así como estrategias y políticas más allá del polígono decretado”.

Esto, debido a que un programa o plan de manejo “está restringido al interior del área decretada y acotado por las disposiciones de ley […] y por la valoración de la Cofemer [Comisión Federal de Mejora Regulatoria], en cuanto al impacto regulatorio, lo que limita el ámbito de acción que puede prescribir el plan de manejo. Tales disposiciones responden a una concepción de programas de manejo ya superadas, además de que están alejadas de las especificidades de una ANP como La Primavera, tanto por sus propias características como por su localización contigua a una gran urbe. Desafortunadamente, por lo pronto, es difícil superar tales limitaciones”.

ClavesPlan Maestro: lo que está más allá del bosque protegidoAlgunos de los aspectos que rebasan el alcance del plan de manejo pero que deberán considerarse como parte del conjunto de acciones necesarias en un plan maestro:

Detener y revertir los cambios de uso suelo y los asentamientos irregulares en la periferia del ANP con incursiones sin consideración alguna de sus límites

Asegurar conectividad regional mediante corredores biológicos hacia el resto de la región

Regulación de actividades productivas en la periferia

Regulación del crecimiento urbano y de infraestructura en la zona de influencia con impactos directos e indirectos en el ANP

Estrategias para la adquisición de tierra para destino voluntario para la conservación

Conformación de “un sujeto social colectivo ciudadano” que sea factor de presión y contrapeso gubernamental, es decir una sociedad organizada e informada participando activamente en un rol equivalente a una contraloría social

Alternativas al uso del fuego en las actividades agropecuarias

Fuente: versión preliminar de plan de manejo de La Primavera

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