‘Todo se enferma’

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    Los estudios de laboratorio, demostraron presencia de cianuro, arsénico, plomo y cromo en los afluentes Foto: Raúl Méndez
Jonathan Compton/Mural

Jalisco, México (08 julio 2018).- Una decena de turistas camina por el empedrado sendero hasta las Cascadas de Huaxtla; están emocionados. Quieren conocer la belleza natural. Después de unos minutos, sin pensarlo mucho, se zambullen.

“No saben en qué se están bañando… Y ahorita no es nada”, articula Víctor Arellano, agente municipal de la comunidad de San Lorenzo, ubicada en la parte baja de la barranca, a unos kilómetros de los vertederos de Hasars y Picachos, en Zapopan.

El torrente verdoso choca contra las piedras y revela la contaminación en forma de espuma.

El temporal llega junto con los lamentos de los lugareños: hace poco más de 15 años, el líquido era puro. Hoy tienen que cuidar a los niños para que no tengan contacto con el agua, pues pueden llenarse de ronchas.

“Todo se enferma, la gente mejor se empezó a ir porque no es sano vivir así (…). Los que nos quedamos ya como que se resignaron”, expresa el líder comunitario.

Los árboles de mango barranqueño y limoneros comienzan a secarse y las vacas perdidas se multiplican; antes incluso, se podía pescar, pese a que en la zona se ha convivido con montañas de residuos de los basureros de Copala o El Taray, en la década de los 80.

“Los que tienen su ganadito, ya mejor pagan pipas y ahí van saliendo porque no hay solución (…). ¿De dónde más sacas el agua?”, sentencia Arellano.

En 2009 y 2014, los habitantes se unieron para protestar y cerrar los basureros por las descargas de lixiviados en el Río Milpillas, pero sólo obtuvieron promesas rotas.

Ni los acuerdos firmados por el Ayuntamiento ni las múltiples visitas de funcionarios, políticos y activistas valieron para sanear la fuente de vida que desemboca en el Río Santiago, alrededor de la cual viven cerca de 400 familias.

Los estudios de laboratorio -que los habitantes encargaron entonces- demostraron presencia de cianuro, arsénico, plomo y cromo en los afluentes, ocasionados por los jugos de las mil 500 toneladas de basura metropolitana que llegan al día, junto al kilómetro 17 de la Carretera a Colotlán.

La sospecha se alimenta con cada temporal: los encargados de los rellenos presuntamente disfrazan, en las lluvias y por la noche, las descargas ilegales.

En las partes altas tampoco se salvan, como en la Mesa de San Juan Bautista.

“Ya sientes el olor que pica. Ni siquiera han caído las lluvias fuertes y ya se ven charcos y el cochinero en el arroyo, siempre es lo mismo”, describe Teresa Guzmán, titular de la delegación.

La tragedia ambiental se ha encomendado a todas las autoridades posibles: el Ayuntamiento de Zapopan, la Secretaría de Medio Ambiente, la Profepa, la Comisión Estatal del Agua y hasta la Comisión Estatal de Derechos Humanos, aunque las omisiones persisten.

“No pasa nada aquí, o ya nos olvidaron o no les interesa; total, el daño ya está hecho porque parece que es más importante la basura que la gente”, lamenta Arellano.

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