Candidatos no aprenden que lo ambiental pasa por todo

Expertos convocados por MILENIO JALISCO señalan que el territorio y sus bienes deben ser la base del desarrollo económico, social y político de Jalisco.

Contaminación en Guadalajara.
La polución en el aire se ha agudizado en los últimos años (Especial)

Más allá del gasto directo de la secretaría de Medio Ambiente, la realidad es que el tema no es una especialidad, sino un contexto. Esto significa que el territorio, sus bienes y recursos han condicionado desde siempre el modo en que el hombre vive, resuelve sus necesidades apremiantes(alimentos, salud, vivienda), obtiene su confort, produce, comercia, hace política y administración, define sus modos de relación y expresiones (cultura) y adora a sus dioses.

“En principio, en término de un conocimiento, se considera esto como un asunto de carácter ético, y ahora se trata de incorporarlo como un asunto de carácter estratégico, como lo hacen los principales países, ciudades y municipios en el mundo: por ejemplo, ¿por qué delimitar el crecimiento de la ciudad? Porque hay varias consideraciones de carácter ambiental muy importantes, ¿cómo voy a garantizar acceso al agua?, ¿cómo tendré una mejor capacidad para garantizar las necesidades humanas básicas? Para lograr objetivos sociales y económicos, necesariamente tienen que fundamentarse en un componente ambiental; regularmente, lo económico tiene que ver con recursos naturales, y regularmente lo social tiene que ver con la salud de la población, y esta depende de las condiciones del ambiente y de la biodiversidad, de los servicios ecosistémicos; con la base científica que hay, no se puede omitir, nada se puede lograr sin una transversalidad ambiental en todos los asuntos de gobierno y de la gestión pública”, advierte el investigador de la UdeG y presidente de la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística del estado de Jalisco, Arturo Curiel Ballesteros.

Pero la transversalidad debidamente internalizada y asumida no solo condiciona: hace posibles grandes oportunidades, añade. “Hay varios aspectos que deberían de analizarse, ¿qué es lo justo en el desarrollo si no lo atendemos, por ejemplo, conservar una calidad ambiental, un patrimonio natural, los servicios ambientales? Esto tiene un costo, entonces debemos partir de hacer análisis de carácter económico, cuánto costaría sustituir estos beneficios que nos da lo ambiental, y ahí vamos a ver que tener de aliada a la naturaleza es una muy buena idea desde el punto de vista económico, porque la naturaleza es muy eficiente en proporcionarnos la mayoría de los satisfactores que requerimos para una condición de plenitud en términos de desarrollo humano”.

Las oportunidades nacen desde posibilidades de innovación para que se mejoren las condiciones de territorio para mejor captar agua o aire, servicios ambientales vitales para el hombre. Allí se van encadenando otros aspectos para revertir la degradación de los ecosistemas y garantizarle al hombre todos los servicios que su economía y su calidad de vida demandan. “Ahora esto tenemos que sustituirlo con tecnología, y esto tiene un costo que ya deberíamos estarlo evaluando, porque realmente estamos perdiendo un gran capital económico, por perder las condiciones del patrimonio natural y servicios ambientales”.

Los retos de integrar

“La forma más sencilla para impulsar la transversalidad ambiental, es incorporar criterios e indicadores de medición de avances socioecológicos en los programas sectoriales donde normalmente no se contemplan. Por ejemplo, el programa de movilidad debe tener indicadores concretos y medibles sobre cómo reduce le emisión de gases efecto invernadero; el programa de vivienda debe contemplar cómo nuevos procesos de construcción y la ubicación de la vivienda ayudó a reducir factores causantes le cambio climático. Los programas de desarrollo rural deben demostrar como ayudaron a sostener o aumentar la biodiversidad regional, especialmente aquella que es nativa o endémica. De igual forma el sector de medioambiente debe demostrar con indicadores como aportó a mejorar la salud y a fortalecer la economía. A una escala mayor el enfoque debe ser la gestión regional donde lo urbano se analiza forma integral con la producción de alimentos en el campo; y la infraestructura se construye sobre la base del funcionamiento de los ecosistemas donde se ubica”.

Esto es parte de la opinión de Eduardo Santana Castellón, científico de la UdeG y coordinador del Museo de Ciencias Ambientales. Dentro del proyecto de esa institución, se ha tomado por eje la ciudad, sus costos y su dependencia con el ambiente que le rodea.

“En la ciudad vivimos la mayoría de los habitantes de Jalisco, de México, y a partir del 2007 la mayoría de los habitantes del mundo. El vivir de forma sustentable en las ciudades, en armonía con los espacios naturales de su entorno que son los que la sustentan, y no permiten que colapsen, es el gran reto civilizatorio del siglo XXI. La gestión de las ciudades, del campo, de los bosques el agua no se realiza de forma separada, sino integrada en el contexto de las cuencas hidrológicas definidas por el flujo del agua en los paisajes. Aquí valen la pena resaltar que el diseño de Semadet [Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial] de esta administración fue innovador al incluir la gestión territorial urbana, integrada con la gestión para la conservación de la biodiversidad, y aspectos de agua, energía y contaminación”.

Sin embargo, “la realidad es que los intereses del sector inmobiliario urbano se impusieron, y de parte la Semadet no se logró crear las dinámicas y las alianzas que se necesitaban con los otros sectores, y estos dos factores no permitieron que pudiera desarrollar sus atribuciones y funciones de la forma en que fue pensada originalmente”, sostiene.

La transversalidad ambiental es una gran oportunidad si se le reconoce como política. “Lo primero es crear una plataforma donde los diferentes actores sociales, especialistas de diferentes disciplinas, y habitantes de diferentes paisajes puedan compartir sus diferentes perspectivas, conocimientos y enfoques entre ellos. También debemos procurar que todos los ciudadanos comprendamos cómo funciona un ecosistema, ya sea rural, urbano o silvestre. Y cómo sus diferentes componentes o subsistemas son codependientes unos de otros. Lo segundo es tratar de transmitir al público en general y a los políticos en específico la repercusiones negativas que trae la degradación ambiental, la pérdida de biodiversidad, la contaminación del agua, del suelo y de la atmósfera y el cambio de uso del suelo”.

Como parte de esto “se debe tratar de cuantificar en términos económicos la magnitud de los daños […] conocer ejemplos de cómo han colapsado otras sociedades, ciudades y civilizaciones por el mal uso de sus recursos naturales, ayuda a poner en perspectiva la realidad de nuestra propia destrucción auto inducida. El valor económico, y ecosistémico de la naturaleza se debe incorporar a los análisis tradicionales de costo-beneficio y de valor social para proyectos con inversión pública y de inversión privada”.

Gobierno ambiental

“El problema de transversalidad de políticas públicas obedece a tres factores principales: a) a pesar de que está establecido por ley, las plataformas de coordinación intersecretarial son por lo general inoperantes tanto a nivel federal como en las entidades federativas. Algunas excepciones: la Comisión Interinstitucional de Cambio Climático de Jalisco, que si da cierto seguimiento a la agenda de mitigación; b) los diferentes programas públicos de los diferentes sectores productivos no tienen vinculación con los programas e instrumentos de política ambiental y muchas veces son contradictorios; y c) la implementación territorial de los programas se realiza de manera desarticulada y es ejecutada a través de la intermediación de prestadores de servicios técnicos privados que no privilegian el interés público”. Es el diagnóstico de otro especialista, Sergio Graf Montero, consultor forestal y en áreas protegidas, y además, director del Instituto de Energías Renovables de la UdeG.

“Para asegurar la transversalidad ambiental y social en los diferentes programas públicos es necesario: a) que en el diseño de los programas sectoriales se haga un análisis explícito de los riesgos ambientales y sociales y se adopten medidas de salvaguardas ambientales y sociales en sus reglas de operación; b) dado que en Jalisco, la única comisión intersecretarial funcional es la de cambio climático y esta tiene una intervención transversal en todos los aspectos de la economía y el desarrollo, sería conveniente que en el marco de dos grandes agendas [adaptación y mitigación] se establezcan grupos de trabajo que den seguimiento a diferentes estrategias; c) es indispensable para lograr una adecuada transversalidad de políticas y programas públicos, que las dependencias estatales y federales reconozcan el papel de las diferentes agencias intermunicipales [Instituto Metropolitano de Planeación y Juntas Intermunicipales del Medio Ambiente] para la implementación coordinada de los programas que se ejecutan para resolver los problemas identificados y lograr la sustentabilidad”.

Tres voces

Carla Aceves, abogada ambiental e investigadora de la UdeG

“En la actualidad toda política pública debería planificarse considerando sus impactos ambientales irreversibles inmediatos y también los de largo plazo o tracto sucesivo; asimismo, la función pública debe transformar su ejercicio para considerar lo anterior pues nunca ha sido considerada la realidad ambiental como factor adjetivo y hoy es ineludible en razón de sus efectos en la salud, la economía o la seguridad. Toda política pública genera impactos ambientales, económicos y sociales en su implementación en la realidad. La sectorización de la función pública ha contribuido a que no se observe la correlación entre las causas y los efectos de lo anterior. Toda política pública debería considerar una evaluación estratégica con efectos ambientales y sociales amén de los consabidos impactos económicos. Asimismo, se debería observar la congruencia los objetivos ambientales a los que se ha comprometido el estado mexicano. Una política exitosa para la economía inmediata puede ser desastrosa para el ambiente al aplicarla, o viceversa. Observamos incongruencias constantes entre políticas económicas, ambientales o agropecuarias ignorando la visión integral que demanda el desarrollo sostenible. Asimismo la visión de la urbanización que no respeta el territorio es una evidencia alarmante…”.

Francisco Mayorga Castañeda, empresario, ex secretario de Agricultura en dos gobiernos federales

“Tendemos a pensar que lo ecológico es antieconómico y yo creo que es al contrario. Lo ambiental y lo económico van de la mano, por algo tienen una raíz griega común: oikos, casa. En ciertos casos existen desfases en el tiempo, entre el corto plazo y el largo plazo, que el estado o el sistema financiero deben llenar; pero no debe ser esto la regla, sino la excepción. El sector agropecuario sería el más interesado en conservar o mejorar la base de recursos naturales, porque en ellos se sustenta. No creo en el pago de servicios ambientales: un productor agropecuario, por conveniencia propia y por responsabilidad a las siguientes generaciones debe entregar su predio, a la siguiente generación, mejor de lo que sus padres se lo entregaron a él”.

Juan Guillermo Márquez, coordinador del Observatorio Ciudadano del Agua en Jalisco

“Deben tomarse como eje central las seis dimensiones interrelacionadas del desarrollo, por eso se les llama así y tener como ‘punta de lanza’ al medio ambiente, por ser nuestro ‘contenedor’ y aplicar las técnicas existentes para atender cada una de ellas con una visión democrática o de gobernanza. No pretendiendo que dichas dimensiones son ‘islas’ que no tienen relación o vinculación estrecha y manejarlas de manera vertical y aislada. Se debe cambiar drásticamente la manera en que se vienen haciendo las cosas […] generalmente los impactos o pasivos ambientales se ven como una ‘carga’ de la qué hay que librarse y además ‘que pague el de atrás’. También se ve como una ‘papa caliente’ que al atenderla o aplicar la ley, molestaría a los aliados o a los votantes y nadie está dispuesto a perder simpatías, además de que requiere un trabajo profesional, intenso y en muchos casos en los puestos clave están personas con poca o nula preparación”.

SRN

 

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