Huajimic y Wuaut+a, un duelo de marakaames

Los comuneros de San Sebastián están sorprendidos con los rituales de los ganaderos de Huajimic para ganarles el diferendo de tierras.

Agustín del Castillo / Amolera. Bolaños. MILENIO JALISCO. 
http://www.agustindelcastillo.com/
En la disputa por territorios, todo se ha valido en la larga historia de los diferendos entre los ganaderos nayaritas, apoyados por los gobiernos de Tepic, y los aborígenes wixaritari de la Sierra Madre Occidental. El uso de brujos o marakaames por parte de los rancheros del viejo poblado del municipio de La Yesca, para un ritual que los favoreciera en la disputa, es el último capítulo.

Que hombres con reconocimiento ante los dioses Wixárika jueguen para el enemigo, les parece un golpe bajo, incluso traición, a muchos de los asistentes a la asamblea extraordinaria de esta aldea de Wuaut+a enclavada entre cerros áridos y un paisaje revestido de grandiosidad, lo que les recuerda que el pueblo huichol es un remoto, pero a su juicio, verdadero, eco de lo divino. “No nos molesta, me parece que todo mundo tiene derecho a pedir un apoyo, aunque muchos tal vez estén sorprendidos”, ataja el gobernador tradicional de Wuaut+a, Rogelio Vázquez Minjares. “En realidad, estamos tranquilos, me parece que tenemos la verdad y la justicia de nuestro lado, y eso tiene que ser importante para lo que suceda”.

La mente occidentalizada, que objetiva la naturaleza y ve la realidad divina como un terreno imaginativo, si bien poderoso, porque ordena la actitud y la conducta de miles de conciencias, debe hacer un malabarismo para asumir este “reencantamiento del mundo”. Curiosamente se trata de un relato fracturado; no son la voluntad de los dioses y las pasiones de los hombres los únicos que juegan: está el derecho positivo, escrito, ordenamientos indiferentes a mitos primordiales; y está el papel del Estado, ese dios profano, materialista y paternalista, al que se han enfrentado por casi cinco siglos, al que tratan de burlar o al menos, de convencer de que su causa es la justa en los parámetros de leyes e instituciones modernas.

“No sé si lo publicaron los periódicos –explica un comunero wixaritari-, pero se supo que hubo un ritual con cinco marakaames de Nayarit, a los que les pagaron para buscar el favor de los dioses para los posesionarios de Huajimic; pero claro que de este lado también hay marakaames poderosos, y buscamos que se pueda contrarrestar”.

Lo que llama la atención de los aborígenes es que mestizos de religión católica que siempre han visto con recelo y desconfianza su despliegue religioso y que consideran que se trata de una idolatría, la utilicen como si se tratara de verdades propias.

Huajimic posee más de 10 mil hectáreas que forman parte del título virreinal de San Sebastián Teponahuaxtlán. Hasta ahora, solamente se han ejecutado dos juicios por menos de 200 hectáreas, y el resto se ha impedido con manifestaciones de fuerza. Curiosamente, los ganaderos han confiado menos en la herramienta del derecho que sus adversarios. Se dice que esperan que la protección del gobierno de Nayarit y la política los rescate. Pero ahora se sabe que acuden a las deidades del “animismo” de Aridoamérica, como les gustaba señalar con cierto tufillo de superioridad a los primeros viajeros occidentales en las montañas del Nayar.

¿Será real este reencantamiento del mundo en una disputa tan material? “La diferencia fundamental entre las actitudes del hombre moderno y las del antiguo, con respecto al medio que lo rodea, es que para el contemporáneo, que se apoya en la ciencia, el mundo de los fenómenos es, ante todo, un Ello, algo impersonal; en tanto que para el hombre antiguo y, en general, para el primitivo, es enteramente personal y se le trata de Tú […] el Tú es una presencia viva, cuyas cualidades y facultades pueden ser articuladas en alguna forma, y no como resultado de una indagación activa, sino porque el Tú como presencia se revela a sí mismo…” (El pensamiento prefilosófico, Frankfort, Wilson y Jacobsen).

 

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