Migrantes en caravana, convencidos de una mejor vida

Son muchas las expectativas de quienes caminan en la Caravana Migrante, que este miércoles se estacionó en El Refugio

Este miércoles el templo satisfizo las necesidades de los 650 migrantes que ya no cupieron en el albergue. EL INFORMADOR / S. Blanco
Este miércoles el templo satisfizo las necesidades de los 650 migrantes que ya no cupieron en el albergue. EL INFORMADOR / S. Blanco

Un joven centroamericano con una bocina cruzó el frente de El Refugio, Casa del Migrante, ubicado justo en la Parroquia de Nuestra Señora del Refugio en el Cerro del Cuatro. Escuchaba un tema de Químico Ultra Mega, “Me compré un Panamera”, que hizo voltear a más de alguno de sus compañeros recostados bajo la sombra.

Son muchas las expectativas de quienes caminan en la Caravana Migrante, que este miércoles se estacionó en El Refugio. Y son variadas las metas pues no todos esperan llegar a Estados Unidos; algunos ya se encuentran en el país donde esperan encontrar las oportunidades que en su patria no tienen, como Juan Carlos Uribe, hondureño que quiere trabajar en México.

“Me salí del país por la economía, por falta de oportunidades de trabajo, porque es lo que más falta en el país ahorita”.

Hace un mes que abandonó su país donde tenía su propio taller mecánico y de soldadura, pero la crisis es tan profunda que todos sus clientes fueron a la quiebra por lo que ni siendo su propio jefe pudo sobrevivir allá.

Este miércoles el templo satisfizo las necesidades de los 650 migrantes que ya no cupieron en el albergue, pues sirvió de dormitorio para varios cientos que recorrieron las bancas para tender sus colchonetas y pertenencias desde el atrio hasta el altar.

Uno de ellos era Josué Arévalo, que dejó su casa en El Salvador el 18 de marzo junto con su esposa y sus dos hijos. Su situación era un poco distinta a la de Juan Carlos, pues él ya no estaba seguro en su país por amenazas recibidas de pandilleros.

EL INFORMADOR / S. Blanco

“Yo no me quería venir, yo tenía mi vida hecha allá pero con tantas amenazas de los pandilleros fue lo que me orilló a venirme. Sólo por pertenecer a un lugar lo asesinan a uno los de la Mara Salvatrucha”. Él pretende que le den asilo en los Estados Unidos.

En El Refugio todos iban y venían hacia la cocina donde les servían arroz con frijoles.En ocasiones se formaban cuando llegaba gente a donar ropa. Ana Rosa Guillén, de Honduras, salió con su hija cuando vio que llegaron con prendas para niños.

Ella decidió irse a los Estados Unidos y desde el 27 de febrero se halla en marcha hacia Tijuana y de ahí “para arriba” pues en Honduras no hay empleos. “Se fue a la quiebra el país”. Ella era ama de casa y sólo emigró con su hija; su otro hijo lo dejó encargado con su marido ya que espera llegar con una amiga que tiene poco espacio.

“Dicen que es muy difícil pero con Dios nada es imposible, yo tengo fe en que voy a llegar, yo lo que quiero es trabajar para una mejor vida para mis hijos y para mi familia”.

 

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