Cambian su rumbo

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    La meta diaria son 200 pesos para comprar croquetas y alimentos. Foto: Raúl Méndez
César Rubio/mural

Guadalajara, México (26 febrero 2018).- Hace cinco años, Arturo Torres se vio obligado a abandonar su hogar en Veracruz por una amenaza de muerte derivada de problemas familiares: emprendió la huida hacia Estados Unidos.

Al no contar con suficientes recursos para el viaje, el hombre de 42 años optó por irse en el tren conocido como “La Bestia”.

A su paso por Guadalajara, Arturo hizo una escala con sus compañeros de travesía al considerar que seguía un trayecto peligroso; luego de unas copas se quedó dormido y lo despojaron de todos sus documentos y bienes.

“Me dejaron aquí, se llevaron mis papeles, mi credencial de elector, acta de nacimiento, todo y yo me quede aquí. Me quedé sin nada y para poder seguir adelante (hace dos años) adopté a estos niños (perros)”, relata.

“Se llaman ‘Duque’, ‘Chapulín’ y ‘Junior’, quise llevar mi vida con mis cachorritos. La forma en que la gente me respeta es por ellos”.

“Me voy a ‘chacharear’ que es de donde saco para seguir sobreviviendo”.

Arturo Torres
Veracruzano

Para sobrevivir, el veracruzano que sólo cuenta con dos cobijas y un cambio de ropa, recorre calles tapatías recolectando plástico, cartón y aluminio, y se apoya de las dádivas de la gente; la meta diaria son 200 pesos para comprar croquetas y alimentos.

“Me voy a ‘chacharear’ que es de donde saco para seguir sobreviviendo”, describe.
Al no tener un techo donde su “familia” de tres integrantes sea acogida, Arturo instaló un dormitorio provisional sobre la banqueta en Avenida Federalismo, entre Hidalgo e Independencia.

“Mi intención es quedarme (en Guadalajara), pero si no, me llevo a los ‘chuchos’ a donde me vaya () porque son una familia que no tengo, siento el cariño de ellos”, indica.
Sin embargo, Arturo no descarta la posibilidad de dar en adopción a “Duque”, “Chapulín” o “Junior”, siempre y cuando alguno de los cuadrúpedos accedan y el interesado les garantice una mejor calidad de vida.

“Me han ofrecido dinero, pero les digo ‘no te lo voy a vender, te lo regalo, si le das de comer, se encariña contigo y te sigue, es tuyo’, si no, déjalo aquí”.

 

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