La Azucena, la historia que se detuvo hace diez años

La contaminación y los malos olores lastran, igual que en 2008, la calidad de vida de este fraccionamiento del municipio de El Salto.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. http://www.agustindelcastillo.com/

Maribel Pérez no sabe a ciencia cierta quién fue el niño Miguel Ángel López Rocha ni qué lo mató, pero odia los hedores de espanto que emergen de las pozas de agua entre negra y verde estancadas a escasos diez metros de la puerta de su casa, la nube de mosquitos de los atardeceres, la repentina irrupción de alacranes en épocas de calor, la urgencia cotidiana de utilizar insecticidas para mantener a raya a tan pequeños y tenaces enemigos.

Es moradora de La Azucena. Tiene tres hijos pequeños. Tiende la ropa en la cochera donde ningún auto se estaciona. Su precaria casa tiene mosquiteros en cualquier recoveco por donde se pueda colar la luz. Solamente usa los mediodías para socializar con los vecinos, pues el hedor que emerge al caer el sol derrota cualquier aspiración comunitaria. Alguna vez se llevó a sus chamacos a bordear el fraccionamiento, a pie, pero no le salió ningún amor de la vista. “Por lo menos de este lado no hay vagos, es muy tranquilo. Si no fuera por el olor, yo estaría contenta, porque esta casa la estamos pagando, va a ser de nosotros, pues”. Algo así como 230 pesos semanales les descuenta el Infonavit. Antes habitaba en la cabecera de El Salto. “Sólo había pestilencia cuando abrían las compuertas de la presa, acá es casi todos los días”, repone con resignación.

Diez años después, pocas cosas han cambiado en este asentamiento que fue popular por las peores razones posibles: las calles están fracturadas y llenas de pozos, muchas fincas y espacios públicos se encuentran vandalizados, los autobuses pululan llevando al pobrerío a todos los rincones, la basura reina en las esquinas, entre las casas, en los lotes baldíos y en la frontera alguna vez salvaje de un río que desciende poderoso a menos de un kilómetro, por una gran cascada maloliente. Es la huella indeleble de lo civilizado, versión Jalisco.

Las aguas negras omnipresentes en realidad son derivadas de una zona más amplia. La cabecera municipal está prácticamente al otro lado, hacia el norte, si se sigue la línea del río, y se pasa por fraccionamientos como Las Lilas (que sigue en crecimiento), El Pedregal y La Haciendita, quienes disputan el democrático privilegio de aspirar del mismo ambiente

“No sé cómo van a vender esos departamentos”, interviene su vecina Lupita, una mujer de mayor edad que apenas hace un año vivía en Guadalajara, y que se vino a la casa de al lado a cuidar de un pariente octagenario, que solo observa y deambula apoyado en su bastón, tan apacible y silencioso, que pareciera no percibir los males de su entorno, salvo los perritos nerviosos que corren de un lado a otro, y que hay que impedir también que anden vagando, porque así agarraron garrapatas el año pasado, agrega la mujer de canas incipientes.

Son escasos los metros que separan a La Azucena de Las Lilas; una pequeña barrera de terrenos altos llenos de breña y basura. Del otro lado, se afanan trabajadores de la construcción en terminar el último módulo de departamentos, ya muy cerca del borde del arroyo, mientras atrás, otros módulos que se empiezan a habitar lucen espléndidamente blancos y macizos, igual que cuando estas casas de La Azucena eran nuevas y llegaron sus ocupantes. Muchos ya se fueron.

“Cada vez hay más casas solas, porque nadie quiere vivir en un entorno así de rudo”, refiere el activista ambiental de El Salto, Raúl Muñoz Delgadillo. “El vandalismo se ha posesionado de muchas viviendas, y se puede ver en el estado de las calles, de los parques, de los camellones […] las calles del fondo son las más devastadas, se está deteriorando, han robado casas, hasta los ladrillos; es una zona donde sólo viven personas que ya no tienen a dónde irse; como es la parte más baja se inundan con las aguas negras de la misma colonia, ni siquiera requieren que se desborde el canal de El Ahogado, incluso sale por los escusados”, añade.

El daño a la salud ocasiona una considerable cauda de enfermos renales o de cáncer, pero es parte de un debate que no se termina, entre la Secretaría de Salud, que niega que la incidencia sea superior a otros puntos de la metrópolis, y los activistas y académicos; estos segundos están parcialmente documentando con metodología científica factores crecientes de riesgo para ciertas enfermedades. “Una de las compañeras en el comité falleció con insuficiencia crónica renal, muy joven. Yo digo que ese fraccionamiento nunca debió existir, pero siguen capturando incautos, y se venden casas en secciones pegadas a la carretera, pues nadie advierte de lo que están comprando. Las instituciones se han vuelto omisas o cómplices de este tipo de proyectos”, advierte el activista.

El 26 de enero de 2008, el niño Miguel Ángel, de apenas ocho años, jugaba en las orillas del arroyo cuando cayó al agua. En la lucha por salir, aspiró ese líquido con coctel de gérmenes y elementos tóxicos. Fue internado en el Hospital General de Occidente donde se aferró 18 días a existir. Su deceso se registró el 13 de febrero siguiente. Posteriormente, el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses dio a conocer el examen forense: se había detectado prevalencia de arsénico en el cuerpo del menor, “un elemento semimetálico sólido, de color gris metálico, que forma compuestos venenosos; se usa principalmente en la fabricación de vidrio para eliminar el color verde causado por las impurezas y en la fabricación de gases venenosos”, dice la wikipedia.

Eso dio pie a otro debate: cómo llegó ese metaloide a su cuerpo. Evidentemente, el conducto más probable es la misma agua, pero la fuente pudo ser de las cercanas fábricas, de los fraccionamientos contiguos, o del mismo río. Está demostrado que el acuífero del que mana el arroyo del Ahogado (valle de Toluquilla) es rico en arsénico. SIAPA tiene una planta potabilizadora de última generación en la cuenca, pues depurar arsénico natural de esos pozos del subsuelo cuadruplica el costo del agua que proviene del lago de Chapala. Pero en todo caso, el consenso es que el niño nunca debió caer en aguas de esa calidad. Diez años después, parece que la historia no se quiere cerrar.

La mezcladora de cemento trabaja este mediodía previo al aniversario infausto, casi a la orilla de Las Lilas. El cascarón en obra negra algún día próximo alojará familias en busca del sueño de la casa propia. A 30 metros, una pipa de la Comisión Nacional del Agua hace un desazolve del canal.

“Todos los años lo hacemos para evitar las inundaciones, el año pasado no tuvimos problemas”, asegura un bombero municipal mientras la sonda penetra la zona del pavimento y el motor de extracción hace su rugido sordo y monótono. El tianguis bulle de vida al centro de la colonia entre las calles polvorientas. La calle Ciprés todavía aloja a la familia del chamaco que hoy andaría arribando a la edad de votar; su padre biológico murió, presuntamente de mal renal, y los consanguíneos se han comprometido al silencio, tras recibir una indemnización del gobierno de Aristóteles Sandoval Díaz.

Entre rumores se va la tarde, mientras asciende la pesadez del odioso hedor al que Maribel no se quiere acostumbrar.

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Claves

Una muerte que hizo ruido

La lucha ambiental y por la salud pública en Jalisco tiene en el niño Miguel Ángel López Rocha a uno de sus iconos más importantes

La muerte del menor detonó un movimiento social de alta relevancia, pero además, la más ambiciosa recomendación de la historia de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, y la creación de un pionero Polígono de Alta Fragilidad Ambiental para la zona de El Ahogado

El gobierno de Jalisco echó a andar en 2012 una planta de tratamiento con tecnología de punta, El Ahogado; el problema es que no recibe todas las aguas de la cuenca, por falta de colectores, y que no trata desechos tóxicos de la industria

El caso de El Salto es uno de los expedientes más observados por organismos internacionales como la ONU y el Tribunal Latinoamericano del Agua

En noviembre de 2016, la organización ecologista Greenpeace, apoyada en diversas asociaciones locales de la zona de El Salto, y un grupo de científicos que aportó su conocimiento, presentó un estudio de la calidad del agua en la cuenca de El Ahogado, entre la descarga de la planta de tratamiento de alta tecnología que opera desde 2012 y la desembocadura hacia el río Santiago, donde viven decenas de miles de habitantes.

El análisis demuestra que el problema de residuos de las grandes ciudades es muy complejo y no se puede resolver simplemente con tratamiento de aguas negras y con el control de metales emitidos por actividades fabriles.

Greenpeace México “acudió en enero de 2016 a la zona y tomó una serie de muestras de aguas residuales provenientes de la planta, una, de aguas tratadas que salen del desagüe [muestra que se identifica como MX16003] junto con dos muestras de sedimentos asociados; una de las cuales [MX16006] fue recogida debajo de la tubería de descarga y la otra [MX16007] en la corriente de El Ahogado”; aparte, “tomó muestras de un cárcamo ubicado en El Ahogado [MX16001 y MX16004] a unos 300 metros de la planta y a unos 653 metros del tubo de descarga”. El análisis se hizo en los laboratorios de investigación de Greenpeace de la Escuela de Biociencias de la Universidad de Exeter en Reino Unido, señala el informe.

Tras el análisis “se identificó una amplia gama de sustancias químicas orgánicas y metales pesados, lo que exhibe los pobres resultados que ofrecen soluciones paliativas como las plantas de tratamiento en lugar de atacar el problema de fondo: la descarga de sustancias tóxicas en el agua”.

En cada sitio de muestra se encontraron 30 compuestos aislados en el agua y 225 en el sedimento de los sitios de colecta MX16001 MX16004; 101 en el agua del sitio MX16003; 178 en el sedimento de MX16006 y en el sedimento de MX16007, 147 compuestos.

La presencia “de ciertas sustancias químicas hace evidente que exista una preocupación para el medio ambiente y para la salud humana ya que estas escapan del tratamiento de la planta El Ahogado y por su naturaleza son altamente tóxicas. La exposición a altas concentraciones de estas sustancias tiene impactos en la vida acuática y en el ser humano, muchas de las sustancias tóxicas halladas son cancerígenas, pueden causar disrupciones hormonales, daños y malformaciones en los fetos y en los sistemas reproductivos femeninos y masculinos”.

Las muestras de agua extraídas del afluente del cárcamo y sedimentos del río El Ahogado (MX16001y MX16004) “exhiben la presencia de sustancias tóxicas para la vida acuática y la salud de las personas (cloroformo, ftalatos, 1,4 diclorobenceno, nonifenol, PFC). No queda claro cuál es la fuente exacta de los contaminantes encontrados en el río y sus sedimentos y si estos se dirigen hacia la planta de tratamiento El Ahogado”.

El informe completo, a detalle, se encuentra en http://www.greenpeace.org/mexico/es/Footer/Descargas/reports/Toxicos/Alto-a-la-catastrofe-ecologica-del-rio-Santiago/.

SRN

 

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