Feminicidios: ejercicio de la violencia y el poder

(Foto: Especial)

Para Samantha Olivares Canales, encargada del área de Psicología Forense del instituto Jalisciense de Ciencias Forenses (IJCF), el feminicidio es la expresión máxima de la violencia en contra de una mujer cuyos agresores atentan contra “la fuerza económica, social y política que tienen en la sociedad”.

Es decir, los feminicidas no sólo atacan al ser biológico “por tener vagina, senos o poder procrear”, explicó la psicóloga forense, sino por su papel en la sociedad, por sus decisiones, esquema sociocultural no compatible con el de sus verdugos.

Olivares Canales describió al feminicida como un hombre que puede adherirse a todas las formas sociales, “un hombre que funciona totalmente: en su trabajo, con sus amigos. Un hombre que cumple las normas, no se pasa los altos, no delinque”.

La clave es el significado que los feminicidas les otorgan a las mujeres en su vida. El grueso de las mujeres víctimas de feminicidio está en la franja de entre los 20 a los 45 años de edad. También de la tercera edad y niñas.

Un caso

Su familia la vio por última vez alejarse, junto con su pareja, arriba de una motocicleta. A la mañana siguiente, el lunes 30 de octubre, los vecinos reportaron el cuerpo de una mujer de entre 30 y 35 años, devorada por perros.

Era ella, brutalmente asesinada, sin la piel de la cara ni del cuello, con indicios de abuso sexual, abandonada sobre el pasto reseco en un baldío de la última calle de la colonia Residencial Huentitán. Su familia precisó que ya había sido violentada.

Tres días después, el 3 de noviembre, la fiscalía informó sobre la captura de Alejandro Martín, elemento de la comisaría de Guadalajara y pareja de la mujer asesinada, su presunto feminicida.

La psicóloga forense atisba que el problema del feminicida es el arraigo “sociocultural de esa necesidad de controlarla (a la mujer), de que le pertenezca y, al momento que se sale de eso, es cuando se detona la violencia”.

Además, de acuerdo con la psicóloga, los agresores se justifican: “Se me quiere salir de control, ‘salir del huacal’, como popularmente se dice. Entonces tengo derecho de ejercer la violencia para que esto no suceda”, dijo Olivares Canales al explorar las posibles motivaciones de los agresores.

Las lesiones

Una de las características, un simbolismo y un patrón, consideró Olivares Canales, son las lesiones que el feminicida utiliza para ejercer al máximo su poder: someter, humillar, rebajar a su mínima expresión a la víctima.

Deformar el rostro, como el caso de la mujer en Huentitán, presuntamente en manos de su pareja policía, o en las zonas erógenas como los pechos o la agresión sexual, describe “el afán del ejercicio del poder del feminicida”.

Eduardo Mota Fonseca, coordinador operativo del Servicio Médico Forense (Semefo), describió como lesiones infamantes, innecesarias o deflagrantes las que se infligen en las áreas erógenas de la mujer.

En el examen médico-legal, el cuerpo de la mujer pasa por un estudio multidisciplinario y retrospectivo para dar elementos descriptivos sobre lesiones de defensa, resistencia o lucha para que el agente del Ministerio Público determine el tipo de delito a perseguir.

El contexto

La Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2016 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que, de las mujeres de 15 años y más, 66.1 por ciento “han enfrentado al menos un incidente de violencia por parte de cualquier agresor alguna vez en su vida”.

A nivel nacional, de los 46.5 millones de mujeres de 15 años y más, la Endireh estimó que 30.7 millones de ellas (66.1 por ciento) “han padecido al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminación en los espacios escolar, laboral, comunitario, familiar o en su relación de pareja”.

El contexto de la violencia contra la mujer se agrava con que 43.9 por ciento de quienes han sufrido violencia fue “por parte de su actual o última pareja, esposo o novio, a lo largo de su relación”.

Jalisco ocupa el tercer lugar nacional en casos de violencia total a lo largo de la vida o recurrente en los últimos 12 meses contra las mujeres.

En este contexto cotidiano de la violencia contra la mujer se encuentra la ejercida por los operadores de las instituciones. Es una violencia estructural. Se trata de la que provocan desde policías, peritos, policías investigadores y hasta jueces.

Estos operadores, aunque capacitados, “no visibilizan las razones de género” en los casos, explicó la psicóloga: “Es fácil visibilizar las razones de género; para la mayoría (de los operadores) no”.

El asunto se refleja en las cifras que el IJCF emite: un dictamen de feminicidio turnado a la fiscalía puede o no pasar como una imputación de feminicidio; de los que califican, por los elementos aportados y la investigación, se turnan al Poder Judicial, que fallará bajo el cargo imputado. El filtro es amplio.

Sometimiento sexual en el caso de menores

Si el feminicidio de mujeres adultas es por la pugna del poder, el caso de las niñas es el más crudo sometimiento sexual, como las venganzas hacia las ex parejas, madres o parejas vigentes.

“Veo en los feminicidios infantiles, sí, es esa necesidad de sublevar, poseer y someter el cuerpo del otro, (pero) con las niñas esa expresión llega al máximo”, explicó la psicóloga forense Samantha Olivares Canales.

Los agresores son las ex parejas, los padres, padrastros, tíos, vecinos muy cercanos. Los móviles o patrones o es la agresión sexual o es la venganza contra la madre. El contexto, la atención y cuidados de los padres que, por lo general, trabajan. Los predadores sexuales aprovechan esas situaciones.

Así, si una mujer suele asociarse a una condición de vulnerabilidad, “una niña es tres veces más vulnerable”. Las edades entre las cuales son víctimas de violencia son entre los 6 y los 12 años.

Otra categoría: transfeminicidios

El año pasado se reportó, por lo menos, un transfeminicidio. La Policía de Guadalajara informó del homicidio de un “hombre con ropas de mujer” dentro del bar Caudillos y que fue arrastrada hacia la banqueta.

El Código Penal no contempla una figura jurídica que proteja a las mujeres de dichos delitos pues, ante la ley, su identidad jurídica se asociaba al nombre de un hombre. Su identidad, a la de una mujer.

“Cuando es motivo de la violencia, por supuesto que es transfeminicidio”, destacó la psicóloga Samantha Olivares. Aunque no han recibido casos, pues se asocian a hombres, el personal de psicología forense está capacitado para “visibilizar esas violencias como violencia de género. Todavía están invisibilizadas esas violencias”.

Las cifras

En números crudos, en el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) se reportaron 27 presuntos feminicidio en Jalisco, 4.02 por ciento del total nacional, que se elevó a 671. En Jalisco, la tasa de feminicidio por cada 100 mil habitantes es 0.65, por debajo de la media nacional de 1.06.

Por otro lado, el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem) asegura que en Jalisco, durante 2017, registró 104 feminicidios.

El clima de violencia contra la mujer también se describe con los casos de 2017, con 112 mujeres víctimas de homicidio doloso: 4.33 por ciento de 2 mil 585 presuntas víctimas en todo el país.

Las edades de las víctimas en Jalisco se distribuyeron en 93 mayores de 18 años y 19 entre menores de 17 años y de edad no especificada. La tasa por cada 100 mil habitantes arrojó 2.7 presuntas víctimas, por debajo de la media nacional de 4.1 casos.

Ejercicio de poder

De acuerdo con un estudio de ONU Mujeres, a nivel mundial la fuerza representa 30 por ciento de la economía mundial, “pero son trabajos invisibilizados (como) el cuidado de personas, el campo, el hogar” que no representa un movimiento económico como el del hombre, “pero que sostiene un alto porcentaje de la actividad mundial”.

“Visibilizar eso y que (la mujer) deje de representar el estereotipo de sumisión al que se tiene que controlar es lo que tiene molestos a ciertos sectores que han ejercido el poder hasta ahorita”, explicó la psicóloga forense Samantha Olivares Canales.

Olivares Canales propuso entender la violencia como un ejercicio, “una manifestación de poder”, concepto usado por la antropóloga Rita Segato, más allá del lugar común de las interpretaciones criminológicas que explican la violencia contra la mujer como la búsqueda sádica de placer de los feminicidas.

“Los parámetros que ofrece, por lo menos la criminología ortodoxa, no son compatibles para poder entender la dinámica entre al agresor y la víctima en un asunto de feminicidio”, acotó la psicóloga.

Entre las características o análisis de los feminicidas, cada uno responde a cuestiones socioculturales muy particulares, como la educación de género, de roles, el papel de la mujer que otorga u omite la sociedad.

JJ/I

 

 

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