Todos somos Mireles

Todos somos MirelesFoto: Antonio Miramontes.

  • Elsa María Arenas Inda/El Occidental

Todos somos autodefensas, todos nos defendemos, ponemos rejas en las ventanas de nuestra casa, porque no confiamos, porque tenemos miedo, no creemos en las autoridades y no hay peor Gobierno que no tenga autoridad, que haga justicia, aseguró José Manuel Mireles Valverde, en la presentación de su libro en la FIL.

Ante un gran auditorio, Mireles contó cómo y por qué durante los tres años que estuvo preso se puso a escribir, no su historia como líder de las autodefensas de Michoacán, sino “la historia de un pueblo sufrido (Tepalcatepec), de un pueblo que fue sacrificado más de 12 años donde los grande productores de Tierra Caliente fueron ejecutados, descuartizados, extorsionados, sus mujeres violadas, sus hijas” tan sólo, dijo, durante el año 2012 contabilizó 365 niñas entre 10 y 12 años embarazadas por esos “perros, inhumanos”, dijo referente al cártel Los Caballeros Templarios.

Por eso escribió el libro, para que las nuevas generaciones conozcan la verdad.

“Yo gritaba y pataleaba pidiendo ayuda, pero, el temor era tan grande que nadie nos ayudaba, yo vi cuando los criminales le arrancaban de las manos de sus padres, de sus hermanos, a las niñas y las aventaban como animalitos a las camionetas a las partes de atrás”, contó a un público en total silencio.

Dijo que todos en Tepalcatepec tenían miedo, pues 12 mil habitantes habían sido asesinados, pero, al recordar a sus abuelos “milicianos” que se defendieron contra las gavillas de federales y cristeros, tomaron el ejemplo de tomar las armas, “el día que Tepalcatepec enfrentó su miedo, encontró su grandeza”, aseguró.

Reconoció que no fue el mejor camino levantarse en armas, pues muchos seres queridos murieron también en la guerra; pero ya estaban cansados de enterrar despojos, “el valor y el miedo ya eran irrelevantes”, recordó cuando 15 mil hombres lo seguían porque a todos les habían asesinado a un familiar.

Por eso pidió ayuda, para unirnos, despertar conciencias, empezar desde la familia, los vecinos, amigos, compañeros de trabajo, no tomar las armas, pero sí exigir mejores gobiernos.

“Intentaron quebrarme los tres años (en prisión) me doblegué; pero estaba yo solo. Me ponía a llorar en la noche tratando de buscar una rendija en la ventana para ver al cielo y me desahogaba; pero, nunca me vieron gritar, nunca me vieron llorar, en el día los enfrentaba aun estando encerrado, no me vencieron y aún no estoy vencido”, aseguró.

 

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