Mara Nadieszdha Robles Villaseñor en el agua. (Segunda parte.)

Miguel Ángel Casillas Báez. / miguelcasillasbaez@gmail.com

Desde Temaca.

Ese inconcluso mastodonte blanco, conocido como El Zapotillo, aún sin retener agua ya desgajó hidrológicamente a Los Altos en su configuración como una región. Los debates sobre el agua en el Río Verde no serán más lo mismo, acentuándose la demarcación administrativa en Altos Norte y Altos Sur. Con El Zapotillo, la configuración de poder sustentado en el manejo por el agua tiene más claros sus centros: León, en Guanajuato, y Guadalajara. La región alteña está desgajada en razón de las nuevas condiciones para producción e intercambio con centro en la poderosa capital de Jalisco y hacia la zona entre Aguascalientes y Querétaro, con un enorme corredor industrial que comprende a la propia Aguascalientes, Lagos de Moreno, León y Silao. Esto es, los gajos ahora comprenden relaciones sociales más extensas espacialmente y con intensa producción, excluyente.

La discusión sobre el agua en la hidrografía del Río Verde no puede sustentar reclamos a nombre de la región alteña: Tepatitlán, por ejemplo, está liada con Guadalajara con diversas etapas de obras hidráulicas que se llevan a la capital de Jalisco una gran parte del agua de escurrimientos en Tepa y en Acatic, dejándole a Tepa los escurrimientos del Valle de Guadalupe en la presa El Salto.

El mastodonte blanco sin concluir, hecho estropajo por las tropelías jurídicas cometidas desde el gobierno, hasta ahora tiene ya beneficiarios y con mucho dinero: los constructores que han vertido millones de metros cúbicos de concreto y a la espera de verter muchos millones más, a cambio de dinero por la vía de las licitaciones. En lugar de 7,300 millones de pesos que El Zapotillo costaría en 2005 van gastados, de dinero público, más de 23 mil millones de pesos. En tanto, el mastodonte es ahora apenas un remedo de paquidermo, mientras los constructores desayunaron su infaltable jamón.

Es incorrecta la expresión de la rectora del Centro Universitario de Los Altos, Mara Nadiezdha Robles Villaseñor: “Las condiciones que harían viable el proyecto y salvaguardaría los bienes y derechos públicos sería el límite de la cortina a 80 metros, la protección del poblado de Temacapulín y la cancelación del acueducto de 140 kilómetros desde Jalisco hasta León. Si se observaran estas tres características, Guadalajara y Los Altos de Jalisco podrían decir que no estamos comprometiendo de manera irreversible el ecosistema, el tejido social, el patrimonio material e inmaterial y los recursos ambientales de nuestra nación”.

Es parte de su pronunciamiento a mediados de octubre de 2017 para atender, como parte de un comité académico, a una Comisión Especial para el Análisis de Alternativas para la Gestión Integral del Agua en Jalisco, designada por el Congreso de Jalisco. Tomó asiento en el tratamiento político de El Zapotillo la otrora inédita presencia de la Universidad de Guadalajara, hasta ahora con presencia casi desapercibida y de justa aparición para ante-poner la jerarquía de la academia. Antes de Mara Robles, silencio universitario sobre la hidrografía de Río Verde de Jalisco, políticamente manejado hacia una forma de gestión de agua como la única posible: en términos económicos, abastecer a la oferta. Con Mara Robles, los académicos empoderados hablaron de agua pero olvidaron al agua por algo tan simple como que Guanajuato tiene territorio del que escurre, temporalmente, en el cauce principal del Río Verde.

Todos los documentos legales habidos hasta la fecha acreditan que para Guanajuato ese reclamo es válido; políticamente, para Jalisco es una incursión, una pretensión inválida. Para que no sea incursión de Guanajuato, en Jalisco aceptó El Zapotillo violando la ley, una vez tras otra; se les denunció, se les probó. Pero tan campantes. Mientras los constructores desayunaban su infaltable jamón.

La construcción de la presa El Zapotillo tiene la finalidad de retener la TOTALIDAD del agua en un punto del Río Verde para regresarla a Guanajuato como compensación de sus escurrimientos. Así está en tres decretos sucesivos: 1994, 1995, 1997. Más un acuerdo en 2005 de Jalisco con Guanajuato y Vicente Fox como presidente de la República, para que El Zapotillo le entregue agua y luego se reparta el agua que quede, ojalá que sea tanta como tan grande sea el dique, pero no es el caso. Como dice mi amigo Poncho Íñiguez en Temaca: no por crecer el tamaño de la cántara, la vaca dará más leche. El gobierno de Emilio González definió 105 metros para retener mucha agua, pero olvidó el agua: no hay en el Río Verde agua suficiente para llenar un estanque de 911 millones de metros cúbicos. Las autoridades del agua han aceptado que apenas y hay agua para cumplir con Guanajuato, poco menos de la mitad de los 911 millones de metros cúbicos es agua: los escurrimientos del río Lagos, San Juan de los Lagos, más los ríos de Teocaltiche, Encarnación de Díaz y Villa Hidalgo. Todo sea para regresar a Guanajuato el agua que escurre hasta el río Verde y de esa manera cumplir con el Estado de Derecho en el que los constructores desayunan con jamón.

Más allá de los 80 metros o los 105 metros de altura en El Zapotillo, nadie discute el derecho sobre el agua que tiene Guanajuato en la hidrografía del Verde. Cuando de estos discursos de neófitos alteñistas, como es el caso de Mara Robles, la categoría de cuenca cambia a la de región, de manera que sus reclamos no son por el agua del Río Verde sino por los de la región de Los Altos de Jalisco, más a modo para hacer política con el cobijo del discurso acuático. Esta es una discusión de agua en los Altos Norte, no en Altos Sur.

Tepatitlán tiene su propia complejidad, de la que los dos centros universitarios de la U. de G. deberían aportar con estudios e investigaciones, no con verborrea política de rectores ni con movilización corporativa de la comunidad universitaria para defender el agua alteña del ataque perpetrado por un acueducto virtual de grandes ganancias para los constructores. Un núcleo de investigaciones desde el CUAltos bien podría concluir que cualquiera que sea el tamaño del dique en el Río Verde, ya de 80 metros o de 105 metros, incluso la cortina menor a los 80 metros, pero con el objetivo de retener TODA el agua -como está trazado El Zapotillo-, afectará en Altos Sur las recargas de los acuíferos subterráneos como efecto de la anulación del caudal abajo del dique. Con una grave atenuante: ese “gasto ecológico” debe reponerlo la autoridad del agua con la perforación de pozos en el cauce del río, lo que profundizaría aún más el nivel de agua subterránea, con niveles ya de por sí en sobreexplotación y grave abatimiento. Una universitaria, la doctora Mireya Acosta, se los puede explicar.

La camarada socialista Robles Villaseñor, investida ya en el burgo universitario, encontró en el agua un subterfugio para hacer política. En octubre de 2016 abrió las puertas al Observatorio del Agua en Jalisco, con citas previas en las oficinas correspondientes al abrir y cerrar de puertas en la Universidad de Guadalajara. En el CUAltos festinó con el debate sobre el agua, impulsiva ella como son los histriones. Un mapa hidráulico de Los Altos le hizo ojitos de romance y el parloteo acuático la llevó a mítines como el de San Juan de los Lagos y amistades en el Congreso de Jalisco. Pero ese no es debate sobre derechos humanos y de tercera generación, así como para plantear cuestiones de justicia transicional dadas las violaciones a la ley cometidas por el Estado mexicano.

Dada la apuesta en la defensa del agua alteña –cuando se trata de Guanajuato, porque desde Tepa no hay voces para defender el agua que absorbe Guadalajara en el sistema Calderón, el debate sobre los derechos entre humanos y no humanos radica en que todos somos seres vivos, aunque los habitantes de Guadalajara son muchos más que los de Tepa; los que viven en León son muchos más que los temacapulinenses. No es un sacrificio de unos, por pocos que sean y así fuera uno, a favor del mantenimiento de la vida de otros –que no es el caso de El Zapotillo ni de ninguna de las obras hidráulicas en el Río Verde ni mucho menos de ninguna de las megaobras construidas en el mundo. Es, sí, un asunto para discutir sobre la forma en que gestionamos el agua, pero que no abona en el debate sobre los derechos.

En cambio, la cobija del viejo discurso traiciona: la rectora del CUAltos, Mara Robles, consideró no todos los humanos somos iguales y por tanto se puede discriminar y excluir, incluso legalmente. Para tal caso, las cuantificaciones: “Los proyectos de implementación de la presa El Zapotillo han carecido académicamente de la solidez suficiente para garantizar que el interés público a perseguir es mayor que las múltiples afectaciones sociales, económicas y ambientales que implica el proyecto en busca de garantizar la cuenca del Río Verde”.

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