Ni la ONU puede entrar a poblados

 

“No se puede luchar por lo que no se ama”, se lee en una de las mantas que rodean la plaza principal de Temacapulín. Doce años de resistencia de la comunidad en contra del proyecto de la Presa El Zapotillo algo pueden decir de esa pertenencia que se busca conservar.

El 29 junio, el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz anunció que la presa continuaría con una cortina de 105 metros de altura, lo que disparó de nueva cuenta las alarmas en la comunidad, a pesar de que las obras se encuentran detenidas por una serie de amparos y otros procesos judiciales.

Entonces se dijo que la decisión se encontraba técnicamente respaldada por el estudio realizado por la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS, por sus siglas en inglés).

Casi dos meses después, otra rama de la organización internacional se presentó en las comunidades afectadas por el megaproyecto; en este caso fue la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH).

Por ello, dos representantes se encontraron con habitantes de Temacapulín y Acasico para recibir información actualizada sobre la situación de derechos humanos, incluyendo a la vivienda, a la alimentación, al agua y la situación de los defensores en relación con el proyecto.

En la visita, los afectados expresaron la historia de los pueblos y las diferentes violaciones de derechos humanos que se han perpetrado por instancias como la Comisión Estatal del Agua (CEA), la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el gobierno estatal.

Aunque, según la nota informativa de la ONU-DH, durante la misión también se visitarían “algunas de las zonas de reasentamiento”, esto no fue posible.

La primera parada fue precisamente Talicoyunque, el proyecto de reubicación pensado para los habitantes de Temacapulín y Palmarejo al que se han desplazado alrededor de ocho familias.

El camino al lugar, en el que hay 35 viviendas, se ve cortado por una malla ciclónica que es controlada por elementos de seguridad privada, quienes impidieron el acceso a los oficiales primero aduciendo a que en ese momento no había habitantes y, de forma posterior, a órdenes de superiores.

Los oficiales lograron comunicación con personal de la CEA y se les dijo que podrían ingresar; después se les pidió dirigirse con un habitante en particular y que éste autorizara su ingreso.

Habitantes de Temacapulín que acompañaron a la misión proporcionaron nombres de algunos habitantes y una de ellas fue sacada de su casa por los guardias y trasladada a la entrada. Escoltada, manifestó “no querer ser investigada” y se sepultó cualquier posibilidad de entrar.

Además, tras el llamado de la seguridad privada, al lugar arribaron elementos de la Policía de Cañadas de Obregón, quienes indicaron que no tenían injerencia para facilitar el acceso.

El siguiente destino fue Nuevo Acasico; cuando el personal de la ONU solicitó realizar una inspección, se les negó bajo el argumento de que el encargado no estaba.

En ambos centros de población (el segundo aún en construcción) se ha documentado la inexistencia de servicios básicos como agua potable, escuelas o centros de salud; además de no contar con tierras de cultivo, lo que modifica la forma de vida rural de los eventuales desplazados.

Ya en Acasico, sitio que las autoridades afirman que está condenado a desaparecer sin importar la altura de la cortina, los pobladores narraron cómo el proyecto ha subrayado la vida comunal.

Don Ezequiel es uno de los habitantes que tiene clara su intención de no dejar el pueblo al que volvió después de pasar una vida en Estados Unidos. Sus ojos azules, que delatan sus orígenes alteños, no pueden evitar humedecerse a causa de la rabia.

“Yo soy uno de los que me quedo aquí a ahogarme, porque no puedo estar siguiendo así con amenazas, como lo hacen. Si no nos dijera así con amenazas a lo mejor me convencieran, pero dicen: ‘Si no aceptas, te expropiamos y ni tu casa te hacemos’, pues no me la hagan, mejor me quedo ahogado aquí con los pescaditos”.

Finalmente la misión llegó a Temacapulín, principal bastión de la resistencia contra El Zapotillo. Ahí, los habitantes narraron el acoso que han sufrido durante los últimos dos meses, con rondines de policías estatales, municipales e incluso elementos del Ejército.

María Alcaraz, en resistencia desde hace más de una década, expuso las razones por las que nunca se iría a Talicoyunque.

“Aquí como quiera yo sembré un retacito y de ahí creo que voy a levantar mi frijol, mi maíz, mis calabazas. Aquí vive así la gente, ¿a qué me voy a ir a una ciudad o a Talicoyunque? Si ahí las personas están amenazadas, están hostigadas, no admiten que las tienen como en la cárcel, ¿así nos quieren tener a nosotros?”.

Aunque desde el anuncio del gobernador la comunidad vive “con mucho, mucho coraje”, el ánimo no desiste: “También nos dieron más valor de seguir luchando”.

La visita

  •  Al llegar a Talicoyunque, guardias de seguridad privada dijeron a los representantes de la ONU-DH que no podían pasar porque no había habitantes en el lugar; después alegaron órdenes de superiores
  •  Después de comunicarse con la Comisión Estatal del Agua, les dijeron que se podían dirigir con un habitante en particular y que este autorizara su ingreso
  •  Una señora que fue escoltada hasta la entrada dijo que no quería que la investigaran y ahí se terminó la esperanza de poder ingresar
  • . En Nuevo Acasico, aunque estaba menos resguardado, tampoco se les dejó pasar bajo el argumento de que el encargado no estaba disponible

JJ/I

 

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