Ejercicios para desgastar o fortalecer la democracia

por TERRITORIO LIBERADO / Joaquín Osorio Goicoechea/ntrguadalajara.com

La semana pasada se llevó a cabo una consulta abierta sobre la conveniencia de contar con una ciclovía en el bulevar Marcelino García Barragán. El ejercicio fue apoyado por el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC). El organismo había recibido también 2 mil 628 firmas de personas que se oponían a la ciclovía, con lo que hacer el sondeo parecía necesario.

En la consulta participaron 22 mil 142 personas, de las que 78 por ciento votaron a favor y 22 por ciento en contra. Alrededor de tres mil ciclistas de diversas agrupaciones sumaron su voto a favor de que se concluya y funcione esta ciclovía.

Es necesario considerar que ya en 2016, 95 por ciento de la obra estaba concluida. ¿Para qué preguntar si están o no de acuerdo los ciudadanos en que se concluya una obra a la que sólo le falta balizamiento y señalética? Pareciera más adecuado que la autoridad informe -antes de iniciar la obra- sobre porqué toma una decisión como ésa, sobre los argumentos que hacen conveniente otra forma de moverse en la ciudad y convenza a los ciudadanos de las bondades de usar esa alternativa de transporte no motorizado.

El propósito central es garantizar a los ciclistas que pueden moverse de manera segura, pero si moverse en bicicleta dentro de la ciudad es un derecho, pareciera que sobra la consulta y más bien debe plantearse como una política que pretende resolver un problema importante de movilidad en la ciudad. Más si se prevé que el resultado no obliga a la autoridad a acatar la decisión que arroje el resultado de la consulta.

En ese sentido, realizar un ejercicio de participación sobre una obra prácticamente concluida y abriendo la participación a todos los que gusten hacerlo, con un buen cálculo de que ganará el sí, muestra que el objetivo realmente importante es legitimar una decisión ya tomada. Y puede tratarse de la mejor causa, pero desde otro punto de vista la consulta resultaría un engaño o simulación de ejercicio democrático.

Y bordando sobre otras modalidades de participación, la ratificación de mandato es un ejercicio que puede resultar novedoso, pero a las autoridades electas en un municipio no se les puede quitar del cargo, aunque ellos lo quisieran, pues el resultado de una elección legalmente realizada y en la que obtuvieron un triunfo legítimo, les obliga a cumplir con un mandato de tres años.

Quizá para quienes lo han propuesto y realizado, primero en Tlajomulco de Zúñiga y después en Guadalajara, y por extensión en otros ayuntamientos de la zona metropolitana, el ejercicio pretende activar a los ciudadanos a participar en la legitimación de su gobierno, más que en pedir en serio que se retire o no del cargo a una autoridad electa. Con la posibilidad de la reelección de munícipes, en el 2018 esa será la oportunidad de refrendar el apoyo a una autoridad que se ha ganado a pulso -con su desempeño y sus resultados-, la posibilidad de seguir gobernando a su municipio.

Si la pretensión de la autoridad fuese promover la participación de los ciudadanos, se podrían ensayar mejores formas de involucrarlos en la solución de problemas reales y que les aquejan, con el apoyo, sí de la autoridad municipal. Un ejemplo de ello es la conformación de comités de participación ciudadana, como estructuras de participación desde abajo y cuyo trabajo beneficiará realmente al conjunto de los ciudadanos. Me parece que ahí es donde se debería aplicar la energía, para que la participación trascienda gobiernos o partidos.

josorio@gmail.com

FV/I

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