Megaproyectos: las arterias del capital

Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com/El Informador

La presa “El Zapotillo” en Los Altos de Jalisco y el acueducto a la ciudad de León, Guanajuato, son obras necesarias para el desarrollo y el progreso de ambas entidades, ha dicho el gobernador Aristóteles Sandoval para tratar de justificar dicho proyecto que inundaría tres pueblos y despojaría del agua a varias localidades alteñas para trasvasarla a la cuenca de la ciudad guanajuatense.

Pero la experiencia de quienes han padecido megaproyectos en Jalisco y otras partes del país y la literatura crítica dicen otra cosa completamente distinta. Según esta perspectiva crítica del desarrollo capitalista, los megaproyectos son esencialmente intervenciones y reorganización del territorio, es decir, reterritorialización de pueblos y comunidades. Solamente la construcción de megaproyectos hidráulicos ha dejado más de 170 mil desplazados en las décadas pasadas.

La palabra “megaproyecto” suele preceder a la definición de un tipo particular de despojo: megaproyectos hidráulicos, mineros, agroindustriales, turísticos, carreteros, portuarios, aeroportuarios, multimodales, inmobiliarios, deportivos, residuales, etcétera.
Mirados con más detenimiento, podríamos definir dos tipos de megaproyectos: 1) aquellos que son la infraestructura necesaria para el funcionamiento de la economía capitalista; y, 2) los megaproyectos que son negocios de corporaciones privadas, y muchas veces van asociados.

Así, se pueden entender los megaproyectos estatales como aquellos que están dirigidos a la creación de la infraestructura necesaria para el funcionamiento y reproducción de la economía capitalista. A grandes rasgos están encaminados a cuatro propósitos: 1) producción y abasto de energía; 2) abasto y concesión del agua; 3) crear infraestructura para las comunicaciones y la movilidad; y, 4) garantizar acceso a la tierra.

Se nombra megaproyecto a la mayoría de obras, intervenciones, inversiones del Estado o de las corporaciones privadas que requieren territorios para crear las infraestructuras necesarias para el funcionamiento de los grandes negocios capitalistas: agua, alimentos, petróleo, industria, minería, turismo, comercio, inmobiliario, deportes y espectáculos.

De este modo los proyectos estatales pueden entenderse como las arterias para la circulación del capital, especialmente aquellos para garantizar el agua, la energía, la tierra y la movilidad de la economía capitalista.

Si bien se conoce que entre 170,000 y 200,000 indígenas, campesinos y pequeños propietarios han sido desplazados para la construcción de megaproyectos hidráulicos, no se conoce con claridad cuantas personas han sido obligadas a desplazarse para la construcción de pozos petroleros o gasíferos, para la construcción de autopistas y carreteras, para levantar puertos y aeropuertos, para los desarrollos inmobiliarios en las áreas urbanas o los grandes desarrollos turísticos en las costas mexicanas. Son cientos de miles de sujetos cuya vida ha sido agredida y alterada debido al despojo de sus tierras y reorganización del territorio: todo para ponerlo a disposición de los procesos de acumulación de capital.

Eso es el proyecto de la presa “El Zapotillo”, un despojo a los pueblos y comunidades, para poner un bien público (un río y el agua de la cuenca) al servicio de la acumulación de capital. El progreso y el desarrollo prometido por los gobiernos y corporaciones se convierte en despojo, devastación y, en este caso, inundación de los pueblos y toda la vida que en ellos se ha recreado. Por eso, “El Zapotillo” no debe hacerse.

 

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