Estas mamás de Guadalajara dejan claro que la familia no discrimina

Son madres de hijas e hijos trans e integran el colectivo Familias en la Diversidad (Fadis).

Si el amor es aceptar al otro tal como es, ellas lo aplican al máximo cuando aman a sus hijos e hijas trans. No se escoden ni los ocultan. Caminan de frente, orgullosas, dispuestas a enfrentar e ignorar las críticas, la transfobia y el qué dirán. Desde que les dijeron: “Mamá, soy trans”, no los dejaron solos.

Son mamás que se liberaron de los prejuicios impuestos por la religión. Rosaura, Rocío, Adriana, Rosa María y Lourdes son madres que aman sin condiciones. Ellas integran el colectivo Familias en la Diversidad (Fadis) creado en Guadalajara con el lema: “La familia no discrimina”.

En el 2013, el psicólogo y sexólogo Edgar Rosales reunió al primer grupo de mamás que tenían hijos gays, lesbianas y trans en Guadalajara, Jalisco. A partir de ese encuentro, detectó que era necesario un proceso de acompañamiento para las familias con hijos trans.

“La información que pedían y necesitaban era diferente”, explica Rosales.

Por eso, en 2014 crearon Fadis para despejar dudas y aprender qué es ser una persona trans más allá del enfoque médico o psiquiátrico. Las mamás se reúnen el primer domingo de cada mes para compartir sus experiencias.

Rosaura, una de las mamás de Fadis.
Facebook: pg

Rosaura, una de las mamás de Fadis.

Entre mamás se comparten experiencias, miedos y consejos. La oportunidad de escucharse entre ellas y ver que su hija o su hijo no son únicos.

En México, uno de los principales problemas es la falta de información objetiva, científica y laica con respecto a lo que es la sexualidad humana y la diversidad sexual, lamentó el psicólogo.

Las mamás admiten que después de quince o veinte años llamando a sus hijas e hijos con el nombre que usaban en la infancia, a veces se confunden. Pero rápido corrigen. Las madres son ingeniosas. Mientras se adaptan a nombrarlos de acuerdo a su identidad trans, encontraron una forma de nombrarlos sin herir: “¡Amor, vente a comer!” o “¡Amor, qué opinas de esto!”

Amor. Porque al llamarles así, recuerdan que el amor no tiene género. Estas son cinco historias de amor, de amor real.

Dylan y Adriana

Él hizo una lista con los nombres que le gustaban. Se miró al espejo para ver cuál nombre le quedaba hasta que lo encontró: Dylan. Y así se cumplió su deseo de ser niño como Zac Efron, el actor de Hollywood que admira.

Después fue con su mamá y le pidió que le pusiera su segundo nombre. “¡Todos los niños tienen un nombre que le pusieron sus papás, yo quiero que tú me pongas un nombre!”, le pidió. Adriana le llamó Gael y le dio la bienvenida a su hijo: Dylan Gael.

Hijo y madre.
Priscila Hernández Flores

Hijo y madre.

Para describir por qué apoya a su hijo trans, a Adriana le basta una frase: “Lo amo profundamente”. Cuando Dylan compartió a través de un video de YouTube su identidad, a su mamá le fue difícil entender en qué consistía ser trans.

“Él era la niña que yo siempre quise tener. Al principio sí es doloroso para uno, pero ahora ya no. Vas entendiendo y vas sufriendo menos”, confiesa esta mamá.

Adriana sigue aprendiendo sobre diversidad en el grupo Fadis. Ella abraza a su hijo, no lo niega porque está convencida que “cuando uno lo hace visible no nomás apoyas a los tuyos, apoyas a muchos más”, dice orgullosa. Y repite que como madre “lo que uno quiere es que sus hijos sean felices”.

Alguna vez, Adriana le dio dinero a Dylan para que se comprara ropa y él se compró una faja para ocultar los senos. Esa fue la primera vez que lo vio en plenitud en su identidad masculina. Él se descubrió, dejó de esconder el cuerpo con chamarras, usó playeras, caminó de frente, se sintió guapo y varonil.

Él sonríe porque se ve en el espejo y es quien soñaba de niño. Agradece a su mamá, la ama. “Sin ella no podría ser quien soy ahorita”, agradece Dylan.

Dylan y su mamá.
Priscila Hernández Flores

Dylan y su mamá.

Izack y Rosaura

“Amaos los unos a otros” (Juan 13:34) es el fragmento favorito de Rosaura en la Biblia. Lo sabe de memoria porque es católica practicante. Con ese versículo sintetiza por qué no se negó a aceptar a su hijo trans, Izack.

“Que se fijen en la palabra de Jesucristo que dice que nos debemos amar a los unos y a los otros. Y él no dice que tienes que discriminar”, explica Rosaura con la misma paciencia de cada fin de semana cuando da clases de catecismo.

Hace un año, por primera vez fue a una marcha del orgullo LGBT. Avanzó con una pancarta con la leyenda: Yo amo a mi hijo trans. Acompañó a Izack como lo hace desde que él le compartió su identidad.

Priscila Hernández Flores

Rosaura es generosa y aconseja a otras madres sobre su experiencia. “Igual todas pensamos que es confusión, que al ratito se le va a pasar”, comparte en una reunión de Fadis. Rosaura recuerda cuando Izack se negó a la fiesta de quince años y a su graduación. Hoy confirma que no era un “capricho”.

“Me cayó el veinte que no se quería poner vestido porque no se sentía mujer, se sentía hombre”, cuenta.

Izack creó la organización civil Impulso trans. Su mamá lo acompaña a los eventos que organiza, como un foro sobre la vulnerabilidad jurídica de las personas trans realizado en el Congreso de Jalisco. Aquel día, Izack le hablaba a los diputados para exigirles que legislen en favor de la comunidad trans, mientras que ella, su madre, le aplaudía orgullosa.

André y Lourdes

André pensó que Navidad era buena fecha para decirle a su familia que era un varón trans. Para eso proyectó el video “Mamá, papá… soy LGBT”, de la activista trans Ophelia Pastrana. Al terminar de verlo, Lourdes, su mamá, no tenía muy claro a qué se refería, pero nunca dudó en apoyarlo.

“Yo nunca había escuchado hablar de que había chicos trans. Había homosexuales y lesbianas, era todo lo que yo conocía de diversidad”, compartió Lourdes. Poco a poco, con disposición y amor aprendió junto con su hijo.

Madre e hijo.
Priscila Hernández Flores

Madre e hijo.

“Siempre me sentí como niño”, recuerda André y su mamá lo escucha para después admitir: “Siempre había estado ahí pero nosotros no lo habíamos visto”. Para André, estar acompañado y sentirse amado es “esperanzador porque sé que puedo contar con ellos para lo que sea”.

Este joven trans está feliz de tener a su familia, en especial con su mamá. La meta de Lourdes como mamá es: “Acompañarlo y ayudarlo a que sea feliz. Para mí que haya llegado a mi vida, es el mayor regalo. Como niña la quise muchísimo, no cambiaba nada que se hiciera niño. Mi amor es independiente”.

Rena y Rocío

Rocío sonríe al hablar de Rena, su hija trans. Habla de ella y cuando la menciona, le dice cariñosamente: “Mi linda hija trans”. Rena sonríe al escucharla.

Rena tiene 21 años y estudia ingeniería en computación. Desde hace cuatro meses, inició el proceso de reemplazo hormonal. Hace un año, le dijo a sus papás que era una mujer trans.

“¿Qué es eso?”, fue la primera pregunta de su mamá.

Roció le pidió a Rena que se detuviera en su explicación para aclararle: “¡Espérate, detente! Yo no sé de qué me estás hablando pero quiero decirte que yo te amo tal como tú seas, siempre te voy a apoyar, siempre lo voy a hacer”.

“Mi linda hija trans”, dice Rocío.
Priscila Hernández Flores

“Mi linda hija trans”, dice Rocío.

Desde ese día, la relación de Rena con su mamá se fortaleció. Roció ayuda a Rena en todo lo que necesita. “Yo quiero estar cada pasito que estés dando, quiero estar contigo, quiero que no te sientas sola. Siempre y cuando tú me lo pidas”, fueron las palabras de Rocío para Rena.

A Rena no le tomó de sorpresa el apoyo porque sabía que su mamá estaría con ella incondicionalmente. A Rocío comenzaron a caerle el “veinte” y a descubrir que siempre fue madre de una niña. Ahora, madre e hija se aman, se acompañan y caminan juntas.

Mateo y Rosa María

Apenas hace un mes, Mateo le compartió a su familia que era un varón trans. A su mamá aún le confunden los términos y es sincera en decir que no es fácil. Aún la agobian los conceptos de la diversidad, pero sin titubear expresa su apoyo absoluto a Mateo.

“Quiero que sea lo que lo haga feliz, si es feliz así y vamos a estar bien, vamos a estar bien todos”, es la declaratoria de amor de Rosa María a su hijo. Mateo por semanas pensó en las palabras precisas para comunicar su identidad.

Priscila Hernández Flores

Esta mamá reconoce que tiene miedo, en especial al rechazo del entorno social y familiar que pudieran lastimar a Mateo.

De imaginarse lo que ocurre con varones o mujeres trans que son rechazados por su familia, Rosa María comienza a llorar. Le duele pensar que hay familias que se niegan a aceptar a sus hijos trans. Le angustia tanto saber de esos casos, que parecería que quisiera llevar a su casa a todos quienes son rechazados para amarlos.

Para Mateo, que su mamá lo apoye “significa poder tener la seguridad y el valor de vivir como soy realmente”. Mateo y su mamá son equipo de trabajo en una cocina económica, su negocio familiar. La principal razón para que Rosa María apoye a su hijo, es similar a lo que otras madres anhelan. Ella quiere lo mejor para Mateo.

“Quiero que sea feliz siendo lo que realmente es”, es el más profundo deseo de esta mamá.

 

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