El mercado rosa

En Guadalajara hay un fuerte discurso para reconocer los derechos humanos de la comunidad lésbico-gay, pero la aceptación parece girar en torno a las ganancias que genera este sector poblacional

 reporteindigo.com
La Dirección de Turismo del Ayuntamiento de Guadalajara informó en el 2016 de políticas destinadas a este sector desde lo comercial
Dependencias como la Secretaría de Turismo de Jalisco (Secturjal) argumentaron sobre la importancia de la comunidad LGBTTTI como mercado de alto consumo, por instancia de su homólogo a nivel federal
“La marcha se vuelve un nicho de mercado, una venta que jala al público heterosexual a ver ese circo, más que una expresión de libertad del ejercicio de la sexualidad”
Lázaro Chávez Aceves
En el estudio ‘La conformación del movimiento LGBT en Guadalajara’

Mientras en Jalisco los derechos y el reconocimiento de comunidades como la lésbico-gay son vistos como de segunda prioridad al contraponerse a valores conservadores imperantes en la entidad, su atractivo como nicho de mercado se alza como la única posibilidad para que sean escuchados.

Días después de la marcha gay en Guadalajara, el Colectivo Lésbico Tapatío (Coleta) lanzó una crítica desde redes sociales a la utilización de la comunidad lésbico-gay como sector de mercado antes que merecedores de derechos.

“Muchos empresarios anuncian a Guadalajara como una ciudad ‘gay friendly’ y el ‘dinero rosa’ como salvador de derechos humanos, lo cierto es que en la periferia la situación no ha cambiado mucho”, escribió la organización.

Cada año en el país hay alrededor de 2.9 millones de turistas que generan ingresos para un mercado conocido como “rosa”, por la dinámica interna en la cual participan sólo “marcas gay” o productos cuyo nicho de mercado son este sector de la población.

Destinos como Puerto Vallarta, en su zona sur, se han convertido en espacios predilectos para la comunidad gay, con ofertas hoteleras, restaurantes, clubs nocturnos, spa, actividades culturales y de entretenimiento dirigido a ellos.

Esto no favorece mucho a tal comunidad, pues sus derechos humanos quedan supeditados a un mercado.

El atractivo gasto

En la medida en que el consumo de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTTI) marca su relevancia, es que en el discurso se le menciona como importante por la derrama económica que genera.

A inicios del año 2016, mientras se discutían las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación con respecto a los matrimonios igualitarios, sectores turísticos se frotaban las manos.

Dependencias como la Secretaría de Turismo de Jalisco (Secturjal) argumentaban sobre la importancia de la comunidad LGBTTTI como mercado de alto consumo, referenciado por la dependencia homologa a nivel federal.

“(Los) wedding planner (organizadores de bodas) ven una excelente oportunidad de negocio. La Sectur (Secretaría de Turismo) federal nos informó que es un segmento importante”, señaló Mayela Luna, asistente técnica en la dirección de Promoción Turística a NTR Guadalajara.

En la misma nota se recuerda cómo la dependencia federal capacitó a los empleados de servicios que atienden a un mercado gay.

Este sector destina en turismo y entretenimiento un 30 por ciento más que la población en general, y sus compras son 17 por ciento mayores que las del turismo en general.

El llamado “segmento gay” es llamativo para los mercadólogos por las características de sus opciones de consumo y el poder adquisitivo de sus ingresos.

Cifras de 2016 proporcionadas por la Organización Mundial de Turismo revelan que mientras el turismo en general crece a una tasa del 4.7 por ciento, el del sector lésbico-gay es superior al 8 por ciento en la Zona Metropolitana de Guadalajara y del 10 por ciento en Puerto Vallarta.

Incluso en septiembre pasado la revista Forbes México calificó a Jalisco como la “cuna de marcas gay” donde se producen bebidas enfocadas a este sector como el “tequila gay”, el energizante Gay Energy Drink, al igual que otros objetos de consumo en vestimenta como sombreros y zapatos con “marca gay”.

Las tendencias han orillado a que los gobiernos se interesen más por los nichos de mercado que por la defensa de los derechos de esta comunidad.

Como ejemplo está el Ayuntamiento de Guadalajara, cuya Dirección de Turismo informó en el 2016 de políticas destinadas a este sector desde lo comercial.

Argumentando que esperaban mostrar a Guadalajara como una ciudad “moderna y con opciones de esparcimiento”, se otorgaron certificaciones “gay friendly” para establecimiento que representaran “la cultura de la diversidad y el respeto”.

Punto de relax

La Organización Mundial de Turismo refiere datos significativos sobre esta actividad en Jalisco:

>> 30

Por ciento más que la población en general invierte el sector gay en turismo

>> 17

Por ciento mayor es el consumo del turista gay comparado con otros sectores

>> 4.7

Por ciento creció el turismo en general en la zona, refieren datos oficiales

>> 10

Por ciento creció el turismo del sector lésbico-gay en Puerto Vallarta

Incluyente al consumo

Esto también ha impactado en los sectores sociales, donde las organizaciones del movimiento LGBTTTI se han dejado llevar por el discurso del consumo y el esparcimiento como piedra angular en la petición de derechos.

Entrevistado por el diario Milenio Jalisco, Luis Guzmán, de la asociación Cohesión de Diversidades para la Sustentabilidad (Codise), argumentaba que se debían reconocer derechos a turistas gay en establecimiento tapatíos a pesar del crecimiento del ramo económico.

“Lo que se habla con el turismo gay es que se oferten servicios especiales para la comunidad, en este caso las personas gay, lesbianas y trans; pero que no es tan como lo que se habla realmente, son muy pocas las empresas que en la actualidad ofertan servicios específicos para las necesidades de estos grupos y están preparadas para hacerlo”, señaló el activista.

Incluso el impacto del mercado ha llegado hasta la famosa marcha gay de Guadalajara, emblemática por ser una de las más nutridas del país. En donde se menciona que a partir del 2000 se cambió el nombre de “Marcha del Orgullo Gay” por “Marcha de la diversidad sexual”.

Esto con un claro  tono de inclusión al consumo a través de marcas y establecimientos que se promocionan durante la misma marcha, como se describe en el estudio “La conformación del movimiento LGBT en Guadalajara”, de Lázaro Chávez Aceves.

“La marcha se vuelve un nicho de mercado, una venta que jala al público heterosexual a ver ese circo, más que una expresión de libertad del ejercicio de la sexualidad.

“Y entonces vienen las quejas de la sociedad porque empiezan a mostrarse como si fuera la marcha del circo o de los ‘freaks’, de los fenómenos”, se lee en el testimonio recogido por el citado estudio.

 

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