Un vistazo a Mexicaltzingo

Por Moisés Navarro/pagina24Jalisco

La plaza de Mexicaltzingo hace un siglo; hoy se pretende realizar un estacionamiento subterráneo en la zona, por capricho de un alcalde y un cacique/Foto: Cortesía

La plaza de Mexicaltzingo hace un siglo; hoy se pretende realizar un estacionamiento subterráneo en la zona, por capricho de un alcalde y un cacique/Foto: Cortesía

Estoy parado en la Calzada Independencia en su cruce con Epigmenio Ibarra. Frente a mí, está la estación del Macrobús La Paz. En la esquina hay una finca completamente abandonada, la banqueta está destrozada y hay dos puertas de madera podrida entreabiertas. Recuerdo muy bien esa finca, cuando tomaba el 60 para irme a la escuela que está enclavada en la Barranca de Huentitán. Un hotelillo barato, que como promoción ofrecía televisión a color y agua caliente. La habitación estaba en $110. A la entrada había un viejo mostrador de madera y una televisión cuadrada y chica sobre un soporte en una esquina. Siempre estaba sintonizada en el canal de las estrellas. Yo no sé si alguien rentaba aquellas habitaciones. Detrás del mostrador estaba un señor delgado y canoso. En ocasiones una mujer. No sé muy bien cuándo dejó de funcionar, todavía cuando arrancó el Macrobús siguió funcionando.

Ese espacio de la Calzada Independencia, lleno de talleres mecánicos y de comercios enfocados a la venta de refacciones y demás cosas para vehículos, ferreterías y demás, se vino abajo cuando se iniciaron las obras del BRT. Se ampliaron las banquetas y quisieron poner una ciclovia la cual está mal dibujada, pues parece que acaba e inicia en cada cuadra. Y fracasó porque nadie en su sano juicio querría hacer un paseo dominical a pie para ver puestos de refacciones. No hubo plan urbanístico ahí (ojo, que pudiera pasar lo mismo con la peatonalización de Alcalde), y los clientes buscaron otras zonas para satisfacer sus necesidades.

Cercano a esa zona, a inicios de siglo, estaba un puente que conectaba las llamadas “Dos Guadalajaras” (oriente con poniente), para que la gente pudiera cruzar el otrora río San Juan de Dios, que desembocaba cuadras abajo en el Parque Agua Azul.

El barrio de Mexicaltzingo, como es sabido, se fundó luego de la guerra del Mixtón, en la que un grupo de mexicas llegaron como apoyo a Nuño Beltrán de Guzmán que ya andaba perdiendo la guerra contra los tonaltecas. Este grupo decidió quedarse y los mandaron al sur de la ciudad, para que estuvieran a parte de los españoles.

Como suele suceder, las ciudades se expanden y absorben las orillas como parte de ella. En 1821 se le declara barrio de la ciudad. Mi abuelo materno creció cerca de ese barrio. Le gustaba y acudía ahí. Compraba tacos de tripa bien dorada y crujiente en un puestecito que estaba sobre la misma calle de Mexicaltzingo. De ir asistir a misa, lo hacía en aquel templo, y aprovechaba para comprarse chucherías en la plaza pues era bastante antojadizo.

Cuando caminaba por ahí para ir a la escuela veía la plaza descuidada, sola la mayoría de las veces. Ha habido un proceso de recuperación lento pero exitoso. Muchos locales que estaban abandonados alrededor de la plaza han sido rehabilitados y hay más opciones para comer más allá del mercado tradicional que ofrece, sin duda, muy buena oferta gastronómica. Ciertamente, la administración actual del gobierno tapatío –de entre las pocas cosas que podía presumir– hizo un buen trabajo de rehabilitación en las calles que circundan la plaza. Y digo que podía pues, otorgó el absurdo permiso a la Universidad de Guadalajara, de destruir la plaza para hacer un estacionamiento que sólo generaría problemas al bario tradicional.

Todavía quedan algunos comercios tradicionales ahí. Algunos sastres que parecen haber estado toda la vida. La Colonial, los puestos de refacciones para electrodomésticos. A unas cuadras está la cantina El Morelia, en la esquina las tortas conocidas como “las del Sears”.

Cuando se hicieron las obras de rehabilitación del teatro Diana se encontraron mantos acuíferos. Recordemos que por ahí se inundaba de tal forma que tuvieron que colocar dos puentes: el de Las Damas (en Colón casi esquina La Paz) y el del Manzano (por la misma calle Manzano).

Como sucedió cuadras abajo, en los límites con la Calzada, una obra sin planificación verdadera (“sobre las rodillas”, como se dice) podría dañar la zona permanentemente, más si se trata del capricho de un alcalde y un cacique.

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