OPINIÓN | Violencia neo colonial para los pueblos originarios

Francisco Talavera Durón*/proyectodiez.mx

El sábado 20 de mayo en la comunidad wixárika de Tuxpan de Bolaños fueron asesinados los hermanos  Miguel Vásquez Torres y Agustín Vásquez Torres.

Miguel Vásquez Torres fue comisariado de bienes comunales desde el año 2014 hasta marzo del 2017, durante su mandato la comunidad de San Sebastián recuperó tierras. Después de 70 años la comunidad de San Sebastían Teponahuaxtlán y Tuxpan de Bolaños recuperaron 184 hectáreas de las 10 mil hectáreas que están en proceso de juicio. La recuperación fue el resultado de un juicio agrario 769/2012 seguido en el Tribunal Unitario Agrario Distrito 56 de Tepic, Nayarit.

La última vez que platiqué con él fue en una rueda de prensa en la que se anunciaba el rechazo de la ley estatal indígena por parte de los diputados del PRI y PAN. Recuerdo la claridad y la fuerza de sus palabras: “para los políticos tradicionales las comunidades indígenas no representamos un capital político, sabemos que los votos de una colonia en la ciudad son más importantes”.”

El vacío del estado en la atención de las comunidades indígenas rurales y urbanas no es reciente, es una condición histórica que se repite sistemáticamente de gobierno en gobierno.

El gobierno estatal prefiere tener como aliado al indígena, vinculado con paternalismo y asistencialismo puritano, dispuesto a salir en la foto institucional ataviado de folclor que al indígena digno, arraigado en lo comunitario, exigiendo y defendiendo sus derechos y sus territorios.

El asesinato de los hermanos Vázquez aumenta la profunda y oscura lista de ignominias hacia los pueblos indígenas de Jalisco: la negación de la diversidad étnica del estado de Jalisco, rechazo del reconocimiento de sujeto de derecho hacia las comunidades indígenas, la omisión de los derechos a la salud, problemática que están experimentando los pueblos de la ribera de Chapala, la instalación de programas sociales desde la lógica occidental en los que se fortalece el ciclo eterno de la pobreza indígena, la ausencia de una educación intercultural y la proliferación de la enseñanza del idioma español, la falta de intérpretes indígenas en los procesos legales, el fortalecimiento de la discriminación étnica como cultura, la criminalización de las luchas indígenas.

La violencia en su versión neocolonial emplea instrumentos jurídicos para negar la ciudadanía a los pueblos originarios, apuesta por el desgarramiento del tejido social, utilizando la vieja fórmula del abandono para justificar intervenciones gubernamentales arbitrarias que fracturen procesos comunitarios y aíslen liderazgos en los que los pueblos recuperen la dignidad. Permite y justifica la llegada del capital trasnacional con un discurso de energías renovables y proyectos incluyentes cuando su hacer está fundamentado en el despojo y en el desmembramiento del tejido social comunitario.

Antonio Gramsci decía que El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en este claroscuro surgen los monstruos”. Los monstruos que asedian a las comunidades y territorios indígenas son el narco tráfico, la ignominia gubernamental y su paternalismo, los capitales transnacionales voraces, el racismo y la discriminación expresado en la indiferencia de la población no indígena. Todo lo que huela, se vea como comunitario será aniquilado por estos insaciables que aprovechan la guerra que estamos viviendo, la fragilidad del estado de derecho, la corrupción de la instituciones para sembrar miedo y desesperanza. Saben que lo comunitario implica el vínculo con el otro, la autonomía ciudadana, la ética en la política. Saben que los pueblos originarios tienen un conjunto de saberes que son estratégicos para la defensa de lo común.

De acuerdo a la cosmovisión wixárika, cuando uno muere, se le hace ceremonia, se hace el canto del alma. El difunto se va despidiendo pausadamente de sus cosas, de sus parientes, de sus amigos. El canto del alma permite que el fallecido vea por última vez todos los lugares en los que estuvo.

Miguel y Agustín seguro están en el sur despidiéndose del mundo, en el corazón de la patria en donde se está construyendo con el tiempo indígena un horizonte ético político distinto basado en el mandar obedeciendo, en  el servir y no servirse. Este fin de semana el Consejo de Gobierno Indígena del Congreso Nacional Indígena de manera lenta, silenciosa, de abajo hacia arriba estará tejiendo resistencias e indignaciones.

 

*Antropólogo social egresado de CIESAS –OCCIDENTE

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