Ofrecen un acto de amor

1

  • Javier Bermúdez se quitó el cabello en memoria de un amigo. Foto: Carlos Ibarra
  • 1
    Samanta Mariscal no dudó en donar su cabellera. Foto: Carlos Ibarra
Fernanda Carapia/Mural

Guadalajara, México (14 mayo 2017).- Javier sabe el daño que puede hacer el cáncer.

Hace nueve meses la leucemia le arrancó a Gael, su cómplice, su confidente, su mejor amigo.

Pese a su corta edad, lo acompañó en todo momento. Cuando las quimioterapias le quitaban el pelo a Gael, Javier le pedía una foto y se lo rapaba igual. Nunca lo dejó.

La herida no sana y a sus 9 años, Javier encontró la manera de demostrarle a su amigo todo el amor y cariño que le tenía.

Un día su mamá estaba buscando una asociación a la cual le pudiera donar el cabello que se había cortado y encontró al Centro de Atención a Niños con Cáncer (Canica).

Ahí se dio cuenta de que convocaban a las personas a ser un Amigo Sin Pelo.

“Yo quiero entrarle”, le dijo a su mamá, por lo que acudieron a Canica para inscribirse.

Por varias semanas, Javier empezó a vender su cabello entre amigos y familiares, pues el dinero que juntara -mil 400 pesos al final- lo entregaría a Canica para dar una esperanza de vida a niños que, como Gael, luchan contra el cáncer.

“Quiero enseñarle a mi amigo cuánto lo quería”, afirma con la voz entrecortada y los ojos llenos de lágrimas.

Javier está seguro que su amigo está contento con lo que hizo, pues justo la noche previa a raparse soñó con él, con esos tiempos en los que jugaban, reían, corrían y comían juntos.

“Después se volvió a ir”, afirma.

El pequeño está por entrar a la sala de corte donde 20 minutos antes Samanta se cortara, por primera vez en 8 años, su cabello.

“Sentí feo perder algo tuyo, que es parte de ti y quieres, pero también sentí bonito porque voy a ayudar a otra niña para que tenga pelo”, dice la pequeña, quien, a diferencia de Javier, sólo ha oído hablar del cáncer.

Tanto Javier como Samanta se convirtieron en un Amigo Sin Pelo; el cabello de Samanta y de otros voluntarios se utilizará para hacer pelucas para los niños atendidos en Canica.

“El amigo sin pelo no es el niño con cáncer, es aquel voluntario que quiere solidarizarse, hacer ese gesto de raparse o cortarse el cabello como signo de solidaridad con los niños que están viviendo esta realidad del cáncer”, explica Javier Galván, director del centro.

Aunque este programa tiene desde el 2009 celebrándose año con año, esta ocasión fue especial, pues muchos niños se volcaron a entregar su pelo para ayudar a otros, por eso, Galván ya piensa en abrir un área de voluntariado infantil.

Javier ya está pelón y esta vez entregó su cabello a la memoria de su cómplice, de su confidente, su amigo… su ángel.

CIFRAS

Desde el 2009 Canica realiza el Amigo Sin Pelo

43
personas donaron su cabello

$85,444
fue lo que se recaudó

 

Anuncios