Para lo que sirven los periodistas

  / http://okupo.mx/

Ser periodista puede ser odioso. Por ejemplo, cuando tras 25 años de trabajo una percibe menos ingresos que hace una década; o cuando todos celebran una fecha y uno tiene que estar dando cuenta de cómo celebran todos; o cuando el oficio parece incomprendido por el resto del mundo, incluso por los más cercanos.

Hace una semana yo misma renegaba por haber elegido una carrera como esta, en la que ya ni siquiera tengo un medio formal de acogida, excepto este, donde no se le paga a nadie, incluyendo a la que escribe. Sentía rabia por no haberme quedado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Guadalajara, o por no haberme inscrito a ingeniería electrónica o industrial, donde parece que todos los egresados se acomodan con buenos sueldos.

No prometo que permaneceré en calma para siempre, pero déjenme decirles algo: hace apenas una semana recordé la pertinencia de esta labor.

Esto no ocurrió después de una acción propia, o no de manera directa, sino después de que me invitaron a organizar unas mesas de charla de periodistas con la gente que habita el Centro de Guadalajara, entre las 4 y las 8 de la noche. Estas conversaciones ocurren en los márgenes de la Feria Municipal del Libro de Guadalajara, que terminará este fin de semana.

Ahí, varios colegas: periodistas de prensa escrita, documentalistas, fotógrafos y especialistas en los géneros narrativos, comparten mesa, pero, lo más interesante, comparten un espacio –en el andador Pedro Loza, esquina con la avenida Hidalgo– con la gente que acudió a escucharlos —que es poca—, pero, sobre todo, con la gente que no tiene relación alguna con el periodismo y se queda.

Cuando uno se sienta detrás de este teclado, resulta imposible imaginarse siquiera a quienes lo leerán. Así, uno podría imaginarse como interesados en esta labor sólo a gente que terminó la universidad.

En el Centro no es así. Resulta que el público de las mesas, algunos días muy copioso, es gente que sale de sus trabajos por ahí cerca, que estaba esperando el camión, o que iba a comprar una pechera a las boneterías que rodean el mercado Corona.

Esta gente está interesada en saber cómo trabajan los medios y sus trabajadores. La primera mesa ocurrió el 1 de mayo: el periodista de El Informador, Gonzalo Jáuregui condujo la plática entre Fabricio Atilano, un excelente fotógrafo del mismo diario y la reportera radiofónica Priscila Hernández. Se decidió que por la corta duración de la mesa –50 minutos– no habría preguntas del público. Como el público quería preguntar, a Gonzalo le llovieron las mentadas de madre.

En el resto de las mesas, ya con derecho a voz y voto, el público ha sido preguntón y el tiempo previsto ha debido alargarse.

¿Para qué sirven los periodistas en un momento en el que parece que tooodo está en Internet? Si quiere escuchar su versión, acuda al andador de Pedro Moreno, entre Hidalgo e Independencia. Mañana, viernes, a las 17 horas, Julio González –quien también escribe aquí– conducirá la plática de la cronista de la Ciudad de México, Magali Tercero, y el entrevistador de Guadalajara, Juan Carlos Núñez. El sábado, a las 16, el escritor y editor Jorge Orendáin hará lo propio con la fotógrafa Natalia Fregoso y uno de los reporteros que más conocen sobre temas ambientales en México, Agustín del Castillo.

 

Anuncios