Hace más de un mes que no saben de ellos

 

Cada día las filas de las personas desaparecidas en Jalisco y México se engrosan. A diario, personas ven trastocadas sus vidas cotidianas y sus rutinas por la desaparición de un ser querido. El 24 de marzo, Angélica y Elizabeth se convirtieron en dos más de ellas.

Ese día, cerca de las 16:20 horas, un grupo de alrededor de 10 personas a bordo de seis vehículos llegó a un taller mecánico ubicado en la colonia Agua Blanca, al sur de la Zona Metropolitana de Guadalajara, y privó de su libertad a Christian Israel Aguirre Ramírez, de 37 años, dueño del negocio; a José Israel Delgado Bueno, su sobrino de 17 años, quien había acudido al lugar con la intención de probar una motocicleta que pretendía comprar; y a dos de los empleados del lugar.

Desde entonces, Elizabeth, esposa de Christian, y Angélica, madre de José Israel, se han enfrentado a un sistema en el que la burocracia se sobrepone a los avances en las investigaciones.

Tras los hechos, algunos testigos refirieron que los integrantes del grupo que se llevó a los cuatro hombres se identificaron como agentes de la Fiscalía del Estado, algo que negó la institución cuando, al día siguiente, Elizabeth y Angélica acudieron a esa instancia a levantar la denuncia correspondiente.

“Es un ajuste de cuentas. Es un asunto de cárteles”, fue la respuesta que, dice Elizabeth, recibieron en ese lugar de forma inmediata tras un somero análisis de las circunstancias descritas.

“¿Por qué le echan la culpa al crimen organizado, cuando a lo mejor ellos ni saben?”, la secunda Angélica.

Desde entonces, las investigaciones no avanzan y ambas mujeres, a pesar de los pocos recursos con los que cuentan y tras tomar medidas de seguridad como cambios de domicilio y sacar a parte de su familia de la entidad, se han convertido en investigadoras que realizan indagaciones a la par de las autoridades, algo por lo que han sido recriminadas por estas últimas.

Las autoridades, consideran, han desestimado la información que han logrado recabar por su cuenta, diciéndoles que mucha gente les va a brindar datos con la única intención de “darles esperanza”. Incluso, cuenta Angélica, en más de una llamada realizada a los encargados del caso le han sugerido que mejor busque atención psicológica.

“Me pongo gorra, tenis, lentes, en mi bolsa cargo no sé cuánto, pero lo que más cargo es el dolor de no saber nada (…) Ellos quieren nombres, apellidos, direcciones y todo. Pura burocracia y a mí lo que me preocupa muchísimo es el tiempo, el tiempo está pasando (…) Nosotros, las mamás, no tenemos voz, tenemos en la boca un signo de interrogación. No podemos hablar”, lamenta Angélica.

A pesar de todo, dicen, su búsqueda continuará de manera incansable: “No nomás se los llevan a ellos, se llevan la mitad de nuestras vidas. Y te juro que pase lo que pase, yo voy a seguir buscando a mi hijo y esto a mí no me va a lograr detener. Si tengo que hacer ruido en fiscalía, en las televisoras, hacer mítines, cerrar calle, por Dios que lo voy a hacer, porque no soy la primera y pienso que no voy a ser la última y ya estuvo bueno de esta maldad”, concluye Angélica.

Para cualquier información sobre el caso puede contactarse vía redes sociales al colectivo Por Amor a Ellxs.

“¿Por qué le echan la culpa al crimen organizado, cuando a lo mejor ellos ni saben?”
Angélica, madre de José Israel

JJ/I

 

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