La memoria del 22 de abril; un hecho plagado de impunidad

Ocurrió un miércoles hace 25 años, en la colonia de Analco, eran las 10:09 de la mañana (Aunque  no todos lo recuerdan con exactitud). Sentados en el Café Madrid, en pleno corazón de la Perla Tapatía, Héctor y Javier escucharon sus latidos. Lo que los hizo correr (Dijeron), fueron cuatro sístoles que rugieron desde las entrañas de avenida Juárez, —Nos dijeron que Guadalajara explotó—, dice Héctor. Y salieron huyendo en su automóvil.

Según la documentación oficial… 15 kilómetros de calles en la todavía llamada “Perla del Occidente” fueron devastadas por la corrupción, la impunidad y la omisión de las autoridades (muchos de ellos fueron aprisionados y posteriormente puestos en libertad); el hecatombe, dejó a más de 15 mil personas sin hogar y sustento, además de una perdida monetaria para el Estado de más de 10 millones de dólares. Para lo irreparable (las vidas y la tranquilidad de los testigos) no hay cifra.

Héctor bebe café y fuma a 3.7 kilómetros de donde lo hizo aquel 22 de abril de 1992, pero Javier ya no lo acompaña. Cuenta que sonadas las explosiones y saliendo del lugar en su auto, el tránsito (Que en ese entonces era mucho menor) se volvió el peor enemigo de los transeúntes, nada sabía a dónde ir, pero todos buscaban a su familia.

—La cantidad de heridos y pérdidas humanas hasta la fecha, es un misterio. Nadie cree ya en las versiones oficiales. Nuestro auto se quedó varado en el tránsito de la zona, y a nosotros nos urgía atravesar la ciudad para saber si la mamá de Javier estaba bien, pero todo el sector Reforma estaba congestionado, afortunadamente la señora estaba bien, la encontramos en la iglesia de su colonia.

IN MEMORIAM

El recuerdo para quienes tienen edad de contarlo, sigue sonando y oliendo fuerte. —Si lo viviste, el simple olor a gasolina te aterra—, dice Lily Bustamante. A los jóvenes de la generación de Lily, se les solicitaba como voluntariado para recoger los escombros de la catástrofe, ella, en carne propia observó el peligro de las omisiones, dijo que la primera vez que vio la zona de desastre, la piel le quedó eriza. Una imagen que 25 años después es capaz de describir con nitidez.

Ahora, una capilla con puertas cerradas, un muro blanco y desteñido que los propios afectados tuvieron que levantar y mantener, se erigen como tótem del recuerdo, sólo queda la pintura negra pronunciando los nombres de las víctimas. “In Memoriam” se lee en la pared.

—Uno no se repone del todo de esa emoción tan fuerte, pasan los años, pero la memoria archiva y al menor recuerdo, te vuelves vulnerable. Yo en ese tiempo, tenía 16 años, estudiaba en el Colegio Anáhuac Revolución, el colegio se ubica muy cerca de la zona, recuerdo que era un martes.

—Tenía una amiga que vivía a una cuadra de la calle de Gante y, pensábamos vernos a las 12 del día para ir a comprar cosillas al tianguis (por eso recuerdo que fue un martes). Estaba peinándome cuando escuché muchos gritos en la calle, exactamente al lado de mi casa había una gasolinera (que hace años ya no existe) en ese tiempo ya había muchos comercios en la zona de Obregón y se quejaban de la gasolinera, continuamente cuando llegaban las pipas a surtir había fugaz de gasolina y eso les preocupaba a los comerciantes… Yo comencé a escuchar que la gente gritaba ¡Explotó! ¡Salgan!

A falta de un sitio en dónde atender a las personas que habían resultado heridas o habían perdido la vida, el Gobierno del Estado ordenó instalar en las inmediaciones del Consejo Estatal para el Fomento Deportivo (CODE), un anfiteatro y un centro de atención médica improvisados. Las lagrimas de Roberto Hernández Alfaro, secretario general de la Brigada 22 de Abril, caen, y mientras se disculpa por hablar con llanto, explica que el dolor lo trajo el recuerdo, la memoria que todavía le duele. Su padre murió sin escuchar justicia.

—No se hizo justicia. Nosotros seguimos padeciendo el mismo calvario y el mismo peregrinar de cuando comenzó esto, comenzó cuando pasó el accidente, cuando teníamos que cargar a nuestros seres queridos desde los escombros, meterlos en camionetas pick up, y llevarlos al CODE, identificarlos, venir a acompañarlos un ratito y, después a regresar por que había más cuerpos que no salían. A mi hermana la sacamos un miércoles en la tarde y a mi hijo hasta la madrugada del jueves. La cancha de basquetbol del CODE era un anfiteatro improvisado, toda la gente estaba desnuda, y no sabías por dónde comenzar.

—Tuvimos que quitar las maquinas que estaban trabajando y el señor Guillermo Cosío Vidaurri mandó meter. No íbamos a permitir el atropellamiento, había personas que todavía estaban vivas dentro de los escombros, con nada nos pagan a nuestros muertos, la injusticia de no reconocer quién fue el culpable, en dónde están, no hay nadie en la cárcel. Mi padre se fue sin escuchar la justicia.

EL PANORAMA DEL DESCONCIERTO

A sus 66 años, Gustavo Solórzano, un médico privado y padre de familia, recuerda con nitidez. Tampoco cree en las versiones oficiales, pues sus años frente al servicio médico y su cercanía con los pacientes y colegas del gremio, le obliga a tener otro panorama de lo ocurrido.

—No fui yo directamente a la zona de la explosión, pero sí conocí hospitales y a personas que llegaron a recibir atención, y después, cómo fue su calvario de rehabilitación. Por un lado el problema médico, y por otro, todo lo que sabemos de investigaciones y compensaciones. Yo he hecho siempre medicina privada, pero recuerdo a una compañera que sí trabajó en el ambiente asistencial.

—En estos casos, siempre son más los desaparecidos, los fallecidos que lo que oficialmente nos dicen, sabemos que una cosa es lo oficial, que es lo que conviene, por la coyuntura o por lo político, pero yo siempre he pensado que el número de damnificados fue mucho mayor.

ACTIVIDADES

Como parte de las actividades se ofrecerá una misa el  próximo sábado 22 de abril a las 10:00 horas en la Iglesia de Analco.

FRASES

 “La cancha de basquetbol del CODE era un anfiteatro improvisado, toda la gente estaba desnuda, y no sabías por dónde comenzar”.

“Tuvimos que quitar las maquinas que estaban trabajando… había personas que todavía estaban vivas dentro de los escombros, con nada nos pagan a nuestros muertos, la injusticia de no reconocer quién fue el culpable”.

Roberto Hernández Alfaro

Secretario general de la Brigada 22 de Abril

 “Uno no se repone del todo de esa emoción tan fuerte, pasan los años, pero la memoria archiva y al menor recuerdo, te vuelves vulnerable”.

Lily Bustamante

Sobreviviente

CIFRAS

15 mil  Personas de acuerdo con las cifras del Gobierno Estatal, se quedaron sin hogar y sustento

10 Millones de dólares fue la pérdida para el Estado por las explosiones

 

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