La AMG del presente es una ciudad cerrada

Desde el tema de la seguridad hasta el del estatus, las urbanizaciones cerradas o cotos dominan la oferta de clases medias y bajas, señalan estudiosos.

Agustín del castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO. http://www.agustindelcastillo.com/

El área metropolitana de Guadalajara ya no crece como lo hizo por cuatro siglos y medio, en una ciudad abierta donde los vecinos se reconocen y comparten sin restricción los espacios comunes. Para bien o para mal, la oferta inmobiliaria es hoy abrumadoramente en entornos confinados, un asunto apalancado por necesidades legítimas de seguridad, de eficiencia y de autogestión, y en no pocas ocasiones, vendido bajo la promesa del privilegio.

Es la ciudad de los cotos. Según el investigador Bernd Pfanennstein, de 12 a 14 por ciento de la mancha urbana –alrededor de nueve mil hectáreas- ya tienen que ver con estas demarcaciones cerradas, un concepto tan exitoso que incluso los fraccionamientos inviables de Tlajomulco o El Salto presentan esa configuración. ¿Por qué los compradores de vivienda se sienten seducidos por este tipo de entornos controlados? Cuatro estudiosos de la ciudad le responden la pregunta a MILENIO JALISCO.

La actual “es una ciudad que obedece al esquema de ciudad cerrada; todo lo nuevo que se está haciendo alrededor de la ciudad, en un desarrollo expansivo, en una periferia, es bajo la lógica de un desarrollo cerrado; lo que se construye intraurbano son torres, con costos fuera del alcance para el común de la población; pero la periferia ofrece cotos o fraccionamientos cerrados que son lo que están al alcance de la gente, no hay alternativas en ese sentido”, señala el consultor urbano Alfredo Hidalgo Rasmussen.

Los primeros modelos fueron desarrollos campestres, bajo la justificación de vivir cerca del bosque o en áreas agrícolas o no tanto de dispersar la ciudad; “ahora muchos de estos están ya dentro de la mancha urbana, y hay una combinación entre una voluntad original , que apunto a esquemas mucho mas comunitarios, es decir, una serie de personas que compartían intereses y que decidían vivir en una comunidad, sobre la base de autogestión agrícola o ecológica, como Los Guayabos […] ahora la tendencia es un esquema de urbanización a lo que podemos llamar los paisajes en zonas urbanas, y ya se convierte en una norma lo que era excepción, y se junta con el discurso de la seguridad, la idea de reducir el índice de victimización o el sentimiento de inseguridad creciente; entonces la privatización se convirtió en un elemento de venta sumamente fuerte y muy exitoso, el ciudadano incluso lo exige”, añade.

Esto legitima la privatización del espacio público “en pro de la seguridad”, y se afectan principios básicos como la libre circulación, Zapopan es a juicio del académico un ejemplo exacerbado. Sacrificar espacios y bienes públicos nunca repercute en una mejor ciudad, pero hace falta construir alternativas sobre todo para las clases medias y bajas.

Héctor Castañón, del Centro de Investigaciones Urbanas (http://cita.org.mx), apunta: “pensando en los cotos de Tlajomulco hay como un coincidencia de mercado, entre lo que la gente busca y lo que le conviene a los desarrolladores de vivienda que generan este tipo de entornos; la gente busca seguridad, está muy arraigado el discurso de la preocupación, de proteger su patrimonio, entonces este tipo de entornos promete seguridad, promete mantener a raya a los invasores, en esta lógica de una comunidad cerrada; por otro lado se ha convertido en un modelo aspiracional, donde la idea de exclusividad se vende nuevamente para mantener a los que no pertenecen a una comunidad, a raya…”.

Jorge Fernández Acosta, académico del CUAAD, admite que el tema de la seguridad es el que lo hace atractivo. “La gente tiene miedo de vivir la ciudad en directo, en la calle, y encuentra un lugar de resguardo; el modelo no ha cambiado mucho históricamente, recuerda la etapa medieval, las ciudades amuralladas, obviamente me parece que tiene que ver también con una cuestión aspiracional, de estatus, de sueños…”.

Finalmente, Jesús García Rojas (ver edición del 3 de abril de 2017), pide que se mire el fenómeno sin prejuicios y pone como ejemplo los desarrollos del Infonavit como precursores positivos de la idea de fraccionamientos confinados, aunque alerta sobre la necesidad de preservar espacio público y movilidad.

Opinión invitada

Proliferan urbanizaciones cerradas en Tlajomulco

Es necesario cuestionar y reflexionar los impactos de las urbanizaciones cerradas de manera prioritaria en temas de espacio público, dice experto.

La Nueva Agenda Urbana de ONU-HABITAT (2016) así como la Ley de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano del Gobierno Federal (2016) incluyen el tema de la segregación socio-espacial como un reto urbano que dificulta construir ciudades prósperas y socialmente responsables.

Haciendo referencia a un contexto urbano concreto, el estudio académico elaborado por Pfannenstein, Anacleto y Sevilla (2016) señala que, a inicios del año 2015 el Área Metropolitana de Guadalajara tenía más del 12 por ciento de su superficie urbana en un concepto de urbanización cerrada. En particular, el crecimiento expansivo en superficie y cantidad absoluta de este esquema de vivienda en los municipios de Zapopan y Tlajomulco de Zúñiga es discutible pues, ambos municipios, concentran cerca del 60 por ciento de la cantidad absoluta de desarrollos cerrados.

En el municipio de Zapopan se dio de 2005 a 2015 un crecimiento de las urbanizaciones cerradas de más de 37 por ciento (ver MILENIO 16 de enero de 2017), un dato que muestra la importancia para documentar y entender el impacto territorial de este modelo habitacional.

Para el caso particular del municipio de Tlajomulco de Zúñiga se estima que la superficie aumentó casi el doble del año 2005 al 2015, mientras que en el número de unidades habitacionales la cantidad se ha triplicado (ver mapa). Más de 30 por ciento del área urbana del municipio de Tlajomulco de Zúñiga está desarrollado en un esquema de ciudad cerrada y amurallada.

El fenómeno de la urbanización cerrada y su impacto territorial en el Área Metropolitana de Guadalajara, siendo la segunda metrópoli de mayor tamaño en México, debe promover la reflexión sobre la segregación socio-espacial, la privatización de la ciudad y la gestión del suelo. El uso de los sistemas de información geográfica permiten alcanzar nuevos horizontes mediante la obtención de datos territoriales de interés municipal y metropolitano además de, permitir una mejor comprensión del fenómeno urbano a diferentes escalas. A través de dichos sistemas, se ofrecen nuevas posibilidades en el proceso de planeación y gestión del territorio, mismas que se han podido emplear en el análisis del fenómeno residencial de acceso restringido.

En referencia a la base de datos que documenta las condiciones existentes del territorio, se deben de desarrollar instrumentos de planeación territorial que consideren el impacto que dicho esquema de ciudad amurallada fomenta, sobre todo, la problemática de la segregación. Seguir con la privatización de espacio público y la construcción de muros será un camino del que pronto no se encontrará la salida y, de continuar el escenario del crecimiento expansivo de las urbanizaciones cerradas, la metrópoli estará en camino a la ciudad amurallada y fortificada, una ciudad cerrada de uso exclusivo, interrumpida de manera significativa e irreversible.

Es necesario cuestionar y reflexionar los impactos de las urbanizaciones cerradas de manera prioritaria en temas de espacio público, movilidad y accesibilidad, morfología urbana, ordenamiento del territorio y procesos de exclusión y segregación. Se debe apostar a la actualización de los instrumentos de planeación territorial – de los tres niveles de Gobierno – para que contemplen la evolución de las urbanizaciones cerradas y disminuyan la desigualdad y fragmentación del entorno urbano. Se debe de plantear la necesidad de modificar la normatividad urbana a la realidad construida y existente en nuestro entorno urbano del Área Metropolitana de Guadalajara, así como, en otras ciudades más de la República Mexicana.

Las características de la oferta de acceso al suelo urbano parecen fomentar la cohesión social al mismo tiempo que influyen en el proceso de exclusión. Debemos de traducir el discurso académico a la implementación de políticas públicas. Se debe de desarrollar una política integral, a la par de un debate crítico sobre la responsabilidad de los diferentes actores en la planeación y gestión del suelo urbano con el fin de producir un modelo socialmente responsable.

Referencia:

Pfannenstein, B., Anacleto, E., Sevilla, S. (2016): ¿La ciudad cerrada y exclusiva? El impacto y la expansión territorial de las urbanizaciones cerradas residenciales en el Área Metropolitana de Guadalajara (México)”. Working Paper Series Contested Cities, Serie IV, International Conference “From CONTESTED_CITIES to Global Urban Justice”, WPCC-163505, 1-11. Madrid, España (ISSN: 2341-2755).

Link: http://contested-cities.net/working-papers/2016/la-ciudad-cerrada-y-exclusiva-el-impacto-y-la-expansion-territorial-de-las-urbanizaciones-cerradas-residenciales-en-el-area-metropolitana-de-guadalajara-mexico/

*Bernd Pfannenstein es docente, investigador y consultor; catedrático de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Guadalajara y colaborador del programa “Innovative Governance of Large Urban Systems” de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, Suiza. Este trabajo fue presentado ayer en la Association of American Geographers en Nueva York, y hoy en el MIT Urban Planing de Boston

Correo: b.pfannenstein@outlook.com
Twitter: @Pfannenstein_B

 

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