La Primavera, amenazada por “la estupidez” humana

Convertir el ANP en un “parque urbano”, como marcan las tendencias, es una derrota inaceptable que la ciudad pagaría caro, advierte Curiel Ballesteros.

Agustín del Castillo / Guadalajara. MILENIO JALISCO.

http://www.agustindelcastillo.com/

El bosque La Primavera tiene una probada capacidad de “resiliencia”, es decir, de absorber los impactos negativos y recuperarse, como lo demuestra la historia de los incendios que la asuelan periódicamente. El problema cambia si se agrega el componente de la “estupidez humana” que se sustenta en oportunidades económicas de corto plazo, pues ha mostrado ser más fuerte, y mantiene al área serrana bajo fuertes presiones y expuesta a un creciente deterioro.

El investigador Arturo Curiel Ballesteros, viejo estudioso del área, considera inaceptable no hacer frente a esos intereses, y como consecuencia, no generar las bases para que la reserva ecológica de 140 mil años de historia geológica permanezca.

“Yo creo que pensar en que vamos a un parque urbano por el corte de sus corredores biológicos es un absurdo, con la riqueza que tiene; sería una degradación del valor que tiene el bosque, si me preguntas si la parte del ecosistema tiene futuro, yo creo que sí, porque el futuro tiene ver con su capacidad de resiliencia, con la capacidad de regeneración que tiene el sistema; y el bosque lo ha demostrado, es muy claro en las revisiones que hemos hecho, que la restauración que el propio bosque se genera cuando lo dejamos de presionar, es más eficiente que toda las plantaciones y las acciones que la gente organiza; eso quiere decir que tenemos un bosque vivo, con elementos de biodiversidad muy importantes, que le da una condición de resiliencia (…) la amenaza principal puede ser la estupidez de no saber valorar integralmente, y seguir pensando que lo económico, momentáneo en un bosque de 140 mil años, tiene más peso que este recurso de vida”, dice a MILENIO JALISCO.

Entonces, agrega, “la pregunta tiene que venir de la estupidez con la que lo hemos estado manejando La Primavera; en términos de política pública eso debe cambiar (…) el problema no es el bosque y su capacidad de sobrevivencia, el problema es saber si tenemos la capacidad de generar un capital social que nos permita tener líderes, y llegar a una cultura y una educación que nos haga valorar de forma inteligente, es un recurso insustituible, y la prioridad de los intereses urbanos son como una ofensa ante el valor de un recurso como este”.

– Pero entonces, ¿cómo formar ese capital social, y hasta qué punto no conformarlo condena al bosque?

– Bueno, es que así como hay tecnologías para manejar áreas naturales protegidas, hay tecnologías para generar el capital social; no tenemos que esperar la llegada de un santo, hay mecanismos, hay ejemplos de que eso se puede dar, porque es perverso como justificación de quienes manejan este discurso: esto ya se amoló, ya ni pensar que se pueda rescatar; es un pensamiento extremadamente perverso, porque no solo se habla del bosque, sino de la vida misma, la misma filosofía de crear áreas naturales protegidas va en contra de ese tipo de pensamientos…

El académico, primer director del Laboratorio Natural de La Primavera, y coordinador de la propuesta pionera de manejo del bosque, en 1989, destaca que si se revisan los 37 años desde que se emitió el decreto de protección por parte del presidente José López Portillo, el objetivo de preservar esa floresta de origen volcánico de la presión urbana, no se ha logrado. Y advierte: no pueden estar los intereses particulares por encima del derecho a la vida y a la calidad ambiental que la propicia, que se consagra en el artículo 4 de la constitución política mexicana.

“La vida y el patrimonio común, como dice la constitución, siguen siendo superiores al interés personal o particular, y si la gente va a seguir decidiendo con base en sus intereses, para qué tenemos constitución; sigo creyendo que es una imagen de país y como mexicanos es a la que debemos de aspirar; si no, tenemos que asumir que está derrotado cualquier clase de esfuerzo en relación a la vida y al patrimonio natural”, puntualiza.

Área de amrotiguamiento

Los tapatíos y su capacidad de autoengaño, o “cómo hacerse tonto uno mismo”. El debate sobre la pertinencia de un área de amortiguamiento para La Primavera tiene casi 30 años. Ha estado lleno de buenas intenciones, pero nulos resultados. Como efecto, los corredores biológicos están desapareciendo, y como suele ocurrir, los políticos que emiten ardientes catilinarias contra los enemigos del bosque, son los que abren paso a autorizaciones de desarrollos habitacionales o corredores industriales. “Desde el origen de las ANP, está científicamente probado que tienes que establecer un área de amortiguamiento, para afrontar las presiones (…) resulta un absurdo decretar un polígono, con el objetivo de evitar que la mancha urbana llegue e invada al bosque, y no exista una planeación urbana que permita amortizar el desarrollo extensivo de la ciudad; hubo caso omiso a la recomendación que se hizo en 1989; si tú quieres proteger algo, le tienes que quitar presiones…”.

 

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