La batalla de los ngäbe-buglé por su río apenas empieza

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Barro-Blanco-April-2014-0069-w800-391x259LAWRENCE REICHARD, Desinformemonos, Panamá. Caminar por el camino de piedra y tierra que bordea el río Tabasará para llegar al sitio de construcción de la controvertida represa hidroeléctrica Barro Blanco de Panamá, es un poco como entrar en la novela de Gabriel García Márquez titulada Crónica de una muerte anunciada. El camino está bloqueado por enormes árboles talados y aparentemente pilas de rocas interminables. Uno sabe que viene la batalla, pero no se sabe cuándo, ni qué tan violenta.

 Las barricadas fueron colocadas por activistas ngäbe-buglé, que acusan que la empresa panameña privada que construye la presa Barro Blanco, Generadora del Istmo SA (Genisa), construyó el camino para que la policía panameña pueda cruzar el terreno y desalojar a los cientos de manifestantes. Los indígenas se niegan firmemente a abandonar la tierra -su tierra– que la presa inundará, de acuerdo con lo programado. Los árboles y las rocas que los activistas utilizaron para bloquear el camino quizá no son un gran desafío para el equipo pesado de Genisa, pero el enorme agujero que hicieron en el puente temporal sobre el profundo y caudaloso Tabasará puede ser un problema real.

 En lo alto de un acantilado con vistas al sitio de la construcción de Barro Blanco, y a las cicatrices en el Tabasará, cientos de manifestantes ngäbe-buglé construyeron un campamento de protesta repleto de pancartas y banderas y una estructura de tres paredes pequeñas, hecha de hojas de palma. Decenas de manifestantes duermen bajo las estrellas en lonas y cartones. Comen puñados de Froot Loops, y se en botellas de refresco recortadas se reparten frijoles refritos de un cubo de cinco galones.

 A unos cientos de metros de distancia, en un otro camino de tierra, un pequeño contingente de policías con camisetas que dicen “Antidisturbios” mantienen un ojo en el campamento.

Desafiando el calor, que llega a los 40 grados, hay un joven cubierto de pies a cabeza que oculta su identidad. Sólo sus ojos se asoman. “¿A dónde vamos a ir?”, exclama. “Esta es nuestra tierra. Vivimos aquí. Siempre hemos vivido aquí”. Este estribillo se repite una y otra vez en las voces ngäbe-buglé.

La construcción del proyecto hidroeléctrico se inició en 2011, y la resistencia a ella es feroz. En varias ocasiones, los ngäbe-buglé y las comunidades indígenas, latinas, de trabajadores y sus apoyadores bloquearon la cercana carretera Panamericana, principal sustento económico de Panamá. En una acción en 2012 lograron gran atención de la prensa nacional por cerrar la carretera durante más de ocho días. Sin embargo, pagan un alto precio por su defensa del territorio. Al menos dos manifestantes murieron en enfrentamientos con la policía. Y ahora, con la terminación de la construcción de la presa cerca, los riesgos son aún mayores.

Genisa señaló que sólo 14 hectáreas de terreno y cinco familias indígenas serán afectadas por la represa. Los activistas ngäbe-buglé indican que esas cinco familias rechazaron las ofertas de la empresa -de entre mil y 4 mil dólares para cada una- de abandonar las tierras que cultivan y donde cazan, pescan y viven desde siempre.

Ricardo Miranda, activista que lucha contra la presa, dice que más de 400 ngäbe-buglé serán desplazados y 3 mil 500 más perderán sus tierras de cultivo, caza y pesca, así como el acceso a agua potable limpia y fresca. Un informe de 2013 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo concluyó que lo más probable es que tres pueblos ngäbe-buglé sean inundados por el proyecto. Desaparecerán también cuatro petroglifos precolombinos que, de acuerdo con el arqueólogo panameño Jonathan González, son monumentos nacionales protegidos.

Genisa está constituida en Panamá, pero el presidente de su junta es Luis Kafie, uno de los hombres más ricos de Honduras. De acuerdo con el sitio web de Genisa, el Congreso General de los ngäbe-buglé delegó una decisión sobre Barro Blanco en el Congreso Regional de Kädriri, que aprobó el proyecto. Pero Ricardo Miranda insiste en que el acuerdo no es válido debido a que el Congreso no está autorizado a negociar un acuerdo sobre las tierras con una empresa privada, y que en tales casos se requiere un referéndum público.

La represa Barro Blanco es financiada por el Banco holandés FMO, el Banco Alemán DEG y el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Todos los sitios web de los bancos promocionan su responsabilidad ambiental y social, y Miranda espera que los grupos de solidaridad en Holanda y Alemania presionen a FMO y DEG para adherirse a los estándares oficiales de responsabilidad social de la Unión Europea y que abandonen Barro Blanco.

Mientras tanto, los ngäbe-buglé escalan su lucha frente a Genisa y el gobierno panameño. Su primer campamento de protesta estuvo un par de millas por fuera de la vista de la obra de construcción de la presa. Pero en marzo, la apuesta subió y se trasladaron el campamento aguas abajo, a su ubicación actual, a plena vista de la obra. Panamá tiene elecciones nacionales el 4 de mayo, y pocos piensan que el gobierno emprenderá una acción contra los manifestantes antes de eso. Los manifestantes anunciaron que entrarán al área de la obra, aunque no precisan cuándo.

Miranda es el coordinador general del Movimiento 10 de abril (M-10), una organización fundada por activistas ngäbe -buglé en abril de 1999 para defender la cuenca del Tabasará de proyectos hidroeléctricos. En una entrevista en la Ciudad de Panamá, indicó que el M-10 está listo si el gobierno se mueve contra los manifestantes. Miranda indica que 20 sindicatos y grupos indígenas y campesinos se comprometieron a cerrar las principales carreteras y autopistas en al menos 15 lugares por todo el país si la construcción de Barro Blanco no se detiene pronto; añadió que al menos algunas carreteras se cerrarán si el gobierno ataca el campamento de protesta ngäbe-buglé.

Mientras tanto, el gobierno panameño sube la presión. El 20 de marzo, el gobierno emitió órdenes de detención contra Miranda y su tío activista, Manolo Miranda. Los defensores del territorio culpan al gobierno por la reciente ola de mal funcionamiento de teléfonos celulares que afecta a sus filas. Con la economía de Panamá en pleno auge, cortes de electricidad cada vez más frecuentes, y los ngäbe-buglé profundizando su defensa de sus tierras, la verdadera batalla por Barro Blanco puede estar apenas empezando.

27 de abril 2014


Article printed from Desinformémonos: http://desinformemonos.org

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