hombres-caminado-en-taconesDarío Pereira, LA Jornada.- Con un poco de fuerza, estirando al máximo las correas posteriores, los pies logran calzar en los zapatos. Se levanta del sofá y las piernas le tambalean como ocurre con las crías recién nacidas. No hay caídas, pero le cuesta estabilizarse al dar el primer paso sobre unos tacones altos y esbeltos. Recorre su casa con dificultad y la puerta del refrigerador ayuda a conservar el equilibrio, la abre y saca unas cervezas. ¡Clic! Eduardo da un trago y se refresca. Así, durante toda la semana pasada, él realizó varias actividades en tacones y hay que decir que logró dominarlos.

Ayer, Eduardo, se enfrentó a Armando, Giovanni, Luis y Martín en la primera carrera de hombres en tacones que se realizó en Guadalajara y la práctica rindió frutos. En punto del mediodía, las zapatillas verdes de Eduardo cruzaron la cinta pegada en los adoquines de la Plaza Liberación de esta ciudad que marcaba la línea de meta de la competencia Ellos por Ellas, actividad llevada a cabo por iniciativa de las asociaciones Familias en la Diversidad (Fadis) y Cultura Diversa en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, celebrado cada 8 de marzo.

La consigna era una sola: llevar a la literalidad, por unos momentos, el dicho popular que reza que no es fácil ponerse en los zapatos de alguien más.

“Partiendo del punto de que el macho jalisciense es la imagen del macho mexicano, no sólo a nivel nacional, sino internacional, y dándonos cuenta de la enorme cantidad de cosas que hacemos a diario tanto hombres y mujeres para abonar a que siga proliferando la violencia, tomamos la idea para hacer la carrera contra la violencia de género”, explica uno de los organizadores, José Ricardo Contreras, de Fadis.

Jalisco ocupa un deshonroso puesto entre las entidades en las que se registran más casos de violencia de género. Según datos de Comité de América Latina y el Caribe para los derechos de la Mujer (Cladem), en 2009 el estado ya alcanzaba el primer lugar nacional en feminicidios con un total de 44, siendo las principales víctimas mujeres de entre 21 y 30 años. En vez de ir a la baja, durante el 2013 se contabilizaron 121 feminicidios e información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revela que una de cada dos jaliscienses es víctima de alguna clase de violencia.

Y aunque los participantes que confirmaron mediante redes sociales su asistencia al evento rondaban los 120, al final fueron sólo cinco hombres quienes, en medio de miradas incrédulas, un ambiente festivo y el sol en su máximo esplendor, arrancaron del límite oriente de la Plaza Liberación, corrieron hasta el asta bandera y volvieron al punto de origen.

Los tacones de Martín sucumbieron al peso y cayó, Armando y Giovanni se rezagaron un poco, Luis –envuelto en la bandera azul y rosa que representa a la bisexualidad– confundió su carril y Eduardo aprovechó el descuido para cruzar en primer lugar la meta. Después otras dos carreras para que las cámaras de televisión captaran con detalle los pasos tembleques pero veloces y la satisfacción en los rostros de los participantes.

“El objetivo es el apoyo, la reivindicación de que la mujer se empodere, dejemos al lado el machismo y el patriarcado que siempre han dominado (…) Pero me gustó haberme caído, me gustó haberme madreado porque esas lastimadas son las que hay que valorar en la mujer y uno como hombre no lo hace”, indica Martín a la espera de una visita al doctor.

Aquí no hubo medallas de oro, pero sí trofeos con forma de zapatilla dorada. .

La aventura en tacones inició horas antes. La rutina fue distinta para las empleadas de una céntrica tienda de ropa y accesorios que por la mañana vieron cómo un grupo de clientes pedía probarse las tallas más grandes de los zapatos que se exhibían en los aparadores. El siete y medio fue el máximo que pudieron ofrecer entre preguntas de si irían envueltos para regalo y el improbable, pero en este caso cierto, “me los llevo puestos”.

Para Martín, un activista con más de 30 años de lucha en el tema de diversidad sexual, éste fue un ejemplo claro de cómo los roles de género están tan interiorizados en la colectividad que cuando alguien fuera de la esfera más privada, se atreve a vestir un objeto pensado para el sexo opuesto provoca, al menos, una gran sorpresa.

“Ese es un problema para los trasgéneros, travestis y transexuales. El tamaño del pie, se tienen que mandar a hacer (zapatos) o conseguir en Estados Unidos o tiendas especializadas. Ahí viene ya una discriminación comercial porque nada más se hacen para un cierto sector”, expresa.

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