Indignación y compromiso

JAIME MORALES HERNÁNDEZ /La Jornada Jalisco

A la memoria de Ramón Fernández Durán 

Stéphane Hessel tiene 93 años, fue militante de la Resistencia Francesa, sobreviviente de los campos nazis de concentración, y participante en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Con su reciente libro Indignaos publicado originalmente en 2010 en Francia y en España en 2011 por Editorial Destino ha creado un gran impacto entre los movimientos sociales, el breve texto hace un llamado urgente a la humanidad para indignarse ante lo inaceptable de la actual situación internacional, marcada por la pobreza, la desigualdad, la violación de los derechos humanos y el deterioro ambiental y donde valores como la dignidad, la libertad, la justica, la igualdad y la democracia, han sido avasallados por los poderes financieros, políticos y mediáticos.

El libro ha influido poderosamente en el movimiento social conocido como la Revolución de los Indignados o 15-M en el Estado español. La indignación y el compromiso planteados por Hessel, tienen un fondo ético incuestionable y a lo largo de la historia han desempeñado un papel central en las transformaciones sociales. En la actualidad diversos movimientos como el 15-M dan cuenta de la fuerza movilizadora de la indignación y miles de ciudadanos y ciudadanas se han congregado en las plazas públicas de muchas ciudades del Estado español, bajo el lema de Democracia real ya.

La revolución de los indignados es un movimiento social amplio, descentralizado y diverso que da continuidad a las acciones altermundistas y hace evidente su indignación ante un modelo económico que ha causado desempleo, pobreza, marginación y una merma en las expectativas de vida de todos y especialmente de los jóvenes. Los impactos de la crisis financiera se han cargado sobre las grandes mayorías de la sociedad civil atentando contra sus derechos sociales y económicos, mientras los verdaderos causantes de la crisis –financieros, políticos y medios de comunicación–, continúan impunes, haciendo sus negocios especulativos y promoviendo las bondades de los fundamentalismos del mercado.

La historia reciente de México da cuenta de relevantes movimientos sociales que desde la indignación han aportado significativos avances frente al desastre en que el país se encuentra sumido. Las luchas por las demandas indígenas, por los derechos humanos, por la equidad de género, por la diversidad sexual, por el medio ambiente y recientemente por la seguridad son ejemplos de los temas que han reunido y movilizado a amplios sectores sociales. Por desgracia en México los motivos para indignarse crecen continuamente y parecen no acabar nunca, a partir de los temas que habitualmente ocupan esta columna periodística, quisiera llamar a la indignación sobre tres elementos cruciales para el presente y el futuro de este país, y que tienen suficientes razones para indignarnos y comprometernos en la construcción de alternativas.

La disponibilidad y precio de los alimentos: nuestro país se encuentra ante una situación donde el precio de los granos básicos como el maíz se incrementa continuamente y como consecuencia el hambre y la desnutrición crecen, haciendo muy penosa la vida actual y amenazando el futuro de las nuevas generaciones. Mientras tanto las políticas agrícolas siguen obsesionadas por la agroexportación, y un indignante ejemplo es el campo de Jalisco, donde las superficies dedicadas al cultivo de granos alimenticios se reducen y son substituidas por invernaderos de producción intensiva de frutillas y hortalizas y por la siembra de agrocombustibles.

Los recursos naturales: el deterioro creciente del medio ambiente continúa imparable en México y de acuerdos a los propios datos oficiales (INEGI 2011), le cuesta al país el 8 por ciento del Producto Interno Bruto. El agua es un caso dramático por la contaminación, el desperdicio y la mala distribución, y de nuevo Jalisco ofrece un caso indignante mientras se evidencian los millonarios fraudes en el SIAPA, sus autoridades nos dicen con toda tranquilidad que están considerando el aumento de cuotas, y además, se empeñan contra toda racionalidad en extraer aún más agua del ya exhausto lago de Chapala.

Estrechamente relacionada con la producción de alimentos y el deterioro de los recursos naturales, se encuentra la crisis del medio rural, donde la pobreza, el hambre, la marginación y la violencia afectan directamente a las familias campesinas e indígenas, condenadas a la emigración, la destrucción del tejido social y el abandono de las comunidades rurales. En Jalisco es posible advertir con indignación cómo la vida rural y comunitaria están destrozadas y en muchas comunidades, especialmente en los municipios del norte, se incrementa la emigración, se acelera el envejecimiento de los habitantes y los poblados y tierras rurales se quedan solas y sin futuro.

La indignación, nos recuerda Hessel, debe ir acompañada del compromiso para transformar esta situación que desde la ética es inaceptable y participar activamente en este desafío global es un deber ineludible de los ciudadanos y ciudadanas contemporáneos. En nuestro país sobran los motivos para indignarse y comprometerse. Los caminos para participar son muy variados y van desde movimientos como la esperanzadora Marcha por la Paz con Dignidad y Justicia que llegará a Ciudad Juárez el 10 de junio, hasta la vida cotidiana, donde nuestros hábitos de información, de consumo, de alimentación, de movilidad, de socialización deben ser espacios que reflejen nuestra indignación y nuestro compromiso por transformar este presente que se transforma en pesadilla para las mayorías.

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