Agua, ríos y pueblos: imágenes y voz para los afectados ambientales

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FOTO HÉCTOR JESÚS HERNÁNDEZ

MARIO ÉDGAR LÓPEZ RAMÍREZ/La Jornada Jalisco/14-01-11

¿Por qué clase de sortilegio pueden desaparecer, dispersarse, desarraigarse de su lugar de origen, ser ignoradas entre 40 y 80 millones de personas en el mundo, sin que nada pase, sin que suenen las alarmas mundiales? Por uno muy específico: por el sortilegio de la construcción de presas. Según datos de la Comisión Mundial de Presas (agencia internacional fundada por el Banco Mundial y la Unión para la Conservación de la Tierra), en el año 2000 la cantidad de personas que habían sido sacadas de sus casas, la gran mayoría con violencia, a causa de la inundación de sus pueblos, era esa fantasmagórica e imprecisa cifra antes mencionada y que vale la pena repetir: entre 40 y 80 millones de afectados por las presas. Sin duda este cálculo descuidado, con una franja enorme de variación y error (¡40 millones de margen entre una y otra posibilidad!), contrasta con la matemática exactitud de las 45 mil grandes presas construidas y perfectamente contabilizadas en el mundo a lo largo del siglo XX.

Pero ¿qué rostros se encuentran detrás de esta terrible cifra, qué mirada tienen los hombres y mujeres afectados, cómo es la expresión de los jóvenes, ancianos y niños, ante el desarraigo, ante el éxodo? ¿Cómo lucen los lugares abandonados, anegados; qué historias se quedan bajo el agua? ¿Qué tan cerca de nosotros, en el Zapotillo, en Arcediano, se encuentra esta misma experiencia, que también es global? ¿Ha habido posibilidades de resistirse, de pensar de manera distinta nuestra relación con el agua?; en fin ¿Cómo es todo aquello que los números fríos nos esconden? De esto y de mucho más nos habla vívidamente la exposición fotográfica Agua, Ríos y Pueblos, traída a la Zona Metropolitana de Guadalajara por el ITESO y los ayuntamientos de Guadalajara y Zapopan, además de la colaboración del Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario A.C. (IMDEC); la cual ha recorrido varias ciudades de España, tales como Málaga, Barcelona y Zaragoza; y en México el Distrito Federal y el puerto de Veracruz.

Agua, Ríos y Pueblos, fue inaugurada el 14 de diciembre de 2010 y se encuentra en exhibición hasta el 18 de enero de 2011 en las explanadas del Parque de la Revolución, entre las calles Federalismo y Juárez. Próximamente estará en Zapopan, en la Plaza de las Américas Juan Pablo II, frente a la Basílica, durante el resto del mes de enero, para partir de ahí a Guatemala hasta mediados de febrero. Consta de más de 325 fotografías de autor, con 33 casos mundiales documentados de injusticias en torno al agua, 11 de los cuales son casos mexicanos y dos de Jalisco. La exposición cubre una superficie de gran formato, a nivel de las mejores del mundo, abarcando siete temas: 1) Grandes presas y desplazamiento masivo de poblaciones; 2) Derechos Humanos, violencia y agua; 3) Catástrofes y vulnerabilidad de poblaciones; 4) Degradación de ecosistemas y hambre; 5) Privatización y derecho humano al agua; 6) Victorias y alternativas exitosas; y 7) Casos mexicanos.

Al recorrer la exposición, pasan por la mirada del espectador, hechos emblemáticos de un poder político y empresarial que se impone sobre los ríos, la gente y sus pueblos: como la presa de las Tres Gargantas en China o la presa de Sardar Sarovar en India; el conflicto por el agua entre Palestina e Israel o la catástrofe de la presa de Vajont en Italia; la terrible desaparición del Mar de Aral en Kazakhstan y Uzbekistan; la catástrofe ecológica del lago Chad, que abarca Nigeria, Níger, Chad y Camerún; la lucha contra la privatización de los servicios públicos de agua en Cochabamba, Bolivia; la minería de oro a cielo abierto que contamina Cajamarca en Perú. Y en México, la oposición a la construcción de la presa de La Parota en Guerrero; la lucha por el agua de las indígenas mazahuas en el Estado de México; los efectos de la privatización del agua en Saltillo; las inundaciones por aguas negras en Chalco, estado de México; entre otros. Jalisco también muestra sus heridas con fotografías sobre la contaminación del río Santiago y la lucha en contra de la presa de Arcediano, así como la resistencia contra la construcción de la presa de El Zapotillo.

Pero también se exponen casos de resistencias exitosas opuestas a las políticas hidrológicas impositivas: el triunfo contra la presa de Alta en Noruega; la oposición al trasvase del río Ebro en España; el proyecto ASA de Un Millón de Cisternas Rurales para Brasil; el nunca realizado pantano de Jánovas en España y la recuperación de la cuenca del río Loira en Francia. Las cuales demuestran y, así, hablan a nuestras autoridades locales del agua, que es posible involucrar a la sociedad, esa materia que les parece tan difícil e innecesaria, y buscar mejores maneras de solucionar los problemas de abastecimiento, con disposición al diálogo y con corresponsabilidad ética. Pero también habla a la conciencia ciudadana sobre la necesidad de no colaborar con la injusticia ambiental, de reconocer que lo humano, la vida, debe ser tratada con especial cuidado, aún cuando existan los mejores argumentos técnicos en su contra.

Si la exposición logra generar esta conciencia, habrá valido la pena su sitio en las más importantes plazas de la ciudad y será realmente un homenaje a aquellos que, para concientizarnos, han estado dispuestos a mostrar la desintegración de sus comunidades, la pérdida de su identidad y sus relaciones sociales; la desaparición de sus símbolos, emociones y recuerdos, así como de sus patrimonios personales y comunes; la desaparición de sus paisajes y las referencias a sus antepasados, e incluso la puesta en juego de sus perspectivas de futuro; pero que en medio de todo esto, también han aprendido la fuerza de la esperanza, la dignidad de la lucha y la posibilidad que tenemos de relacionarnos de una manera más humana, más ética, entre nosotros y con ese elemento esencial que tanto hemos maltratado, el agua, haciendo eco de aquel llamado fundamental del que escribiría el poeta Jaime Sabines: “¿Cómo se escribe agua? Se debería escribir haguah, jáguaj… como el que tiene sed”. Agua, Ríos y Pueblos, es pues, una oportunidad de identificarnos, aprender y solidarizarnos. Bienvenida esta exposición a Guadalajara.

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