Mezcala, patrimonio desprotegido

Arq. Cuauhtémoc de Regil

 

La isla de Mezcala, en el lago de Chapala, no sólo es una isla sino también un episodio relevante del largo proceso para lograr la Independencia de México de España cuyos antecedentes pueden encontrarse ya desde el siglo XVIII. Mezcala es también un conjunto físico de testimonios de la historia de Jalisco no únicamente en el proceso de independizarse sino también de la épocas más remotas de la presencia del hombre en el continente y en etapas sucesivas; gracias a su situación física, es decir, al hecho simple de ser una isla, ha sido posible que en ella la destrucción progresiva del territorio (como ocurre en todo el territorio no isleño del estado) no haya ocurrido como lo ha hecho en poblaciones ribereñas en donde la conversión de un paisaje antes amable, auténtico y tradicional se ha convertido en un paisaje comercializado y deformado al grado de resultar un cúmulo de deterioro que hace de muchas poblaciones esperpentos modernos, en vez de sitios atractivos para la vida urbana e incluso para el turismo. La Isla de Mezcala conserva (o quizás, conservaba) un paisaje natural y también un equilibrio ecológico al mismo tiempo que con el paso de los años se convirtió en una isla arqueológica, es decir, un espacio aislado de las alteraciones físicas y conservó, a su manera, un testimonio material de lo ocurrido en su superficie durante los últimos años de la Colonia y los primeros cincuenta del México independiente. Es por ello que la Isla de Mezcala es un sitio único en Jalisco por cuanto se refiere a los testimonios materiales del pasado y, asimismo, un santuario rico en tradiciones indígenas y de resistencia, en reflejar el proceso material de la arquitectura y el ordenamiento urbano de un territorio isleño de gran interés cultural, histórico y social. Pero también puede decirse que es reflejo de cómo se aísla a la sociedad considerada subalterna que, no obstante la tan citada modernidad y la agraciada hispanofilia actual en muchos de nuestros políticos y funcionarios, y no precisamente por razones culturales lícitas, sino sobre todo por razones de intereses económicos y políticos, esa sociedad subalterna denominada despóticamente indios sublevados y revoltosos se opone a muchas acciones que intentan mermar su capacidad de decisión. El valor de Mezcala, la isla y el pueblo ribereño, es relevante y no obstante se descuida y está hoy en día en proceso de deformación y alteración irreversible.

En 1996 gracias a la organización dentro de la carrera de arquitectura del ITESO de un amplio trabajo académico multidisciplinario llamado Taller Chapala, se trabajó en muchos frentes para abordar, si bien sólo en forma teórica, a través de diversas disciplinas el tema del lago de Chapala, desde la imagen urbana de las poblaciones ribereñas hasta la problemática ecológica y natural del agua y el equilibrio ecológico del vaso lacustre más grande de México. Involucrados en el tema y preocupados por las consecuencias de un largo proceso de abuso del recurso natural que sin mediar aspectos legales en las últimas cuatro décadas se ha venido agravando, los académicos involucrados en el Taller Chapala trabajamos de manera intensa y coordinada junto con el Instituto le Limnología de la Universidad de Guadalajara que constituyó una guía relevante para conocer un tema cuya complejidad supera, con creces, los estudios que una disciplina como la arquitectura y el urbanismo pudieran tratar de abordar en un intento por paliar una situación crítica como la que vive desde hace años Chapala.

A partir de esos principios trabajamos los académicos involucrados proponiendo temas a abordar, entre ellos los relativos a la protección y conservación del patrimonio histórico y cultural del hinterland del Lago. De esa manera se inició, entre muchos otros trabajos, el problema de Mezcala desde la perspectiva social, económica, ecológica y urbano arquitectónica. Encargados de presentar proyectos sociales que redundaran en beneficio de la población, al tiempo que se llevaban a cabo prácticas profesionales con los alumnos de arquitectura, iniciamos el estudio de la Isla de Mezcala con diversos grupos de alumnos de la carrera. Entre los ejercicios propuestos, fue aceptado el trabajo de reconocimiento, levantamiento y análisis histórico de la Isla de Mezcala cuyo breve territorio, formado por dos islas, fue escenario de un episodio excepcional en el proceso de Independencia de México.

En 1812 el padre Marcos Castellanos y Encarnación Rosas, junto con otros levantados indígenas, desconocieron el gobierno de José De la Cruz, gobernador virreinal de la Nueva Galicia, e iniciaron un acto independentista que simpatizaba con el movimiento de Hidalgo, declarándose al margen de las leyes vigentes. El levantamiento se fortificó en la isla de Mezcala, sitio que desde fines del siglo XVIII había sido utilizado como punto estratégico por el ejército colonial que había construido un emplazamiento defensivo a manera de fuerte; los insurgentes utilizaron los inmuebles existentes, así como también modificaron, reforzaron y construyeron otros de carácter militar. De 1812 a 1816 duró el levantamiento que paradójicamente resultó ser un problema estratégico. Por una parte era inexpugnable, pero por la otra, la isla por sí misma no podía garantizar la subsistencia y salud del contingente ahí guarnecido. Para sostener el levantamiento, los insurgentes fueron auxiliados por los habitantes ribereños que en forma subrepticia lograban por las noches enviar pertrechos y víveres por algún tiempo. Descubierta la fuente de abasto, De la Cruz mandó quemar todos los cultivos de la ribera de Chapala para evitar sirvieran a los rebeldes. El episodio tristemente acabó con la capitulación de Castellanos y los insurgentes, diezmados por las enfermedades, el hambre y el cansancio.

Teniendo en cuenta la relevancia de la Isla y el patrimonio arquitectónico que conservaba como testimonio de la historia de México, se propuso y fue aceptado el ejercicio de los alumnos de arquitectura, debiendo avocarse a proponer soluciones de algunos de los problemas diagnosticados en el análisis. Las obligaciones académicas también imponían obtener resultados que permitieran un desarrollo académico de los alumnos y resultado de ello fue el trabajo de levantamiento topográfico de los monumentos existentes en la isla, su análisis histórico, sus relaciones funcionales y las características del sitio histórico; en diversas ocasiones se establecieron campamentos de estancia con los alumnos, permaneciendo hasta tres días continuos en varias temporadas, de los cuales no se puede omitir el esfuerzo humano ante la implacable naturaleza propia de la isla. El resultado obtenido fue el primer levantamiento topográfico moderno llevado a cabo en la Isla desde los primitivos planos históricos de principios del siglo XIX obtenidos en la investigación documental llevada a cabo. En otra etapa posterior y ya con los primeros resultados, un equipo de trabajo formado por Akira Méndez y Ana Cacho, alumnas de arquitectura del ITESO, decidió proponer el tema de la conservación de la Isla como su tesis profesional bajo la tutoría del autor de este texto. A esa etapa se sumaron nuevos hallazgos documentales y físicos, planos antiguos, exploraciones de carácter arquitectónico, nuevas mediciones y planos más completos de Mezcala, sin dejar de lado las relaciones sociales y la problemática de conservación del conjunto histórico que por ley compete su protección al Instituto Nacional de Antropología e Historia. Los diagnósticos llevados a cabo, las identificaciones de los inmuebles en ruina, la ejecución de planos detallados y finalmente las propuestas académicas como proyecto para la tesis, merecieron el reconocimiento del primer lugar del concurso de tesis de arquitectura del concurso ARPAFIL 2007, dentro de la FIL, pero sobre todo, permitieron obtener su título a las alumnas autoras del proyecto.

Esta situación permitió un mejor conocimiento de la Isla de Mezcala en el siglo que terminaba y más aún del actual en el que se celebra con bombo y platillo a los luchadores muertos por la Independencia, pero no así a los luchadores vivos que hoy mantienen la tradición y que en muchos sentidos tienen una relación intensa con la isla y el patrimonio histórico y cultural que alberga.

Esas celebraciones finalmente se acercan y se trabaja ya desde el año 2004, desde la óptica oficial, por el “rescate” del patrimonio de Mezcala. Un rescate que debería involucrar a los habitantes y a la sociedad que está estrechamente ligada a la tradición, pero que se lleva a cabo como un proceso de rescate en el sentido peyorativo del término: rescatar de la soberanía histórica de los habitantes de Mezcala para darle el giro más ilegítimo que es buscar, únicamente, su aprovechamiento para fines turísticos y comerciales, tal como lo dictan las normas actuales del proceso de privatización nacional. No podemos dejar de reconocer el esfuerzo de muchos actores a favor de lograr una mejor situación de ese patrimonio que pertenece a la nación, desde autoridades federales, estatales y municipales, que sin embargo, invadidas por cierta actitud laxa han propiciado un proceso irrespetuoso de las decisiones y, sobre todo, de la ejecución de una obra de intervención de conservación que sobrepasa cualquier criterio técnico y normativo aceptado no sólo nacional, sino internacionalmente.

Desde 2005 se presentó un proyecto de intervención que incluía un levantamiento que sorpresivamente resultó ser el mismo, con algunos datos cambiados y actualizados cuidadosamente para parecer original, del primer levantamiento llevado a cabo por las alumnas del ITESO y publicado como tesis y depositado en la biblioteca de esa universidad. El análisis de dicha tesis permite inferir el carácter académico, casi diría especulativo como práctica profesional para obtener un grado, ejercicio que proponía con bases teóricas, la reutilización y aprovechamiento del territorio isleño para fines culturales. El proyecto “nuevo”, licitado y pagado por la Secretaría de Cultura de Jalisco, que si bien tenía como fin la conservación de los monumentos de la Isla de Mezcala, en realidad se convirtió en un proyecto de reconstrucción, no de restauración arqueológica como es el caso, y se apartó de toda consideración técnica apegada a las normas vigentes en materia de conservación del patrimonio. Es el caso de reconstrucciones falsas, sin documentos que las sustenten, o mal hechas y liberaciones de escombros de los techos de diversos edificios destruidos por el tiempo, anulando la posibilidad de analizarlos arqueológicamente y permitir una explicación de los usos y funciones de cada inmueble, ya que todo el escombro fue levantado sin apego a la norma como si se tratara de tierra de desperdicio, que fue tirado en un depósito elegido al azar por los encargados de la obra sin llevar a cabo la selección o análisis del material arqueológico.

Sumado a lo anterior, se llevaron a cabo reconstrucciones sin fundamento documental de muchas partes de la isla con el fin de posibilitar los accesos, acarreos de materiales y del personal pero, de manera inexplicable, sin considerar las observaciones técnicas hechas por especialistas del INAH, que en varias ocasiones no tuvieron acceso a la bitácora de obra que obligatoriamente se debe tener en el sitio, tal como señala la ley, porque ésta simplemente no existía. Entre otras torpezas se destruyó un “cúmulo de piedras” que en realidad era un parapeto defensivo de un camino ascendente que conectaba al camino central de la Isla, bajo el pretexto de reconstruir la rampa y permitir el acceso de materiales de construcción; para los “expertos” del proyecto no era sino un cúmulo de piedras gracias a la ausencia de estudios de prospección arqueológica y reconocimiento de las características del sitio histórico defensivo que no habían realizado.

Actualmente se continúan los trabajos bajo criterios poco claros y en donde el protagonista central es el deseo de llevar a cabo las celebraciones del Bicentenario de la Independencia, celebraciones que tienen un presupuesto jugoso para muchos empresarios que en la etapa histórica que vivimos, es estímulo para medrar con los recursos del estado como benefactor no de la sociedad, sino sobre todo de los particulares, contratistas, proyectistas, constructoras y otros que con una visión mercantil aprovechan el patrimonio para su beneficio y no en el de la sociedad. Es ésa la nueva fórmula de la simulación gubernamental de hoy. Lo lamentable es que al mismo tiempo se está actuando de manera abusiva frente a la comunidad de Mezcala, a quienes se tacha de revoltosos o de plano se les da el pase de pecho para mediatizar su descontento. Es inseparable la actitud de doble moral con la que se ha actuado en el caso de la Isla de Mezcala: por un lado se anuncia la intervención como algo necesario para rescatar el patrimonio pero detrás de ello se trata de ocultar algo que salta a la vista: se está rehaciendo, reinventando, la zona histórica de la Isla de Mezcala con criterios inexplicables y al mismo tiempo se destruye el entorno natural (por ejemplo, la calzada de ciruelos, sembrada a propósito para ocultar el fuerte y como parte de un diseño urbano de la plaza mayor, destruida por “un ingeniero” encargado de la obra, al que le pareció que los ciruelos enormes “tapaban” la vista de Fuerte), arrancando enormes laureles centenarios con fines inconfesables.

Es importante aquí dejar testimonio de estos hechos sobre todo por la escasa tradición local de documentar acciones deplorables. Es significativo que en los momentos en los que el discurso oficial es la eficiencia y el apego a las normas y leyes, se actúe de manera premoderna, es decir, bajo los principios más acríticos y sin atender las normas; es premoderna la complicidad y la componenda, el plagio y la ineficiencia tanto como lo es la actitud de desprecio a la comunidad directamente involucrada en el proceso. Toda actitud crítica en momentos como los que vivimos suele entenderse, también de manera premoderna, como un afán de detener el progreso. Habría que identificar ése progreso y el sentido que algunos suelen darle a la crítica, pero lo peor de todo es la pérdida irreparable de los testimonios documentales que la isla de Mezcala albergó por más de un siglo para que, de un solo plumazo, la ineptitud y la irresponsabilidad disfrazada de urgencia de aprovechar recursos y “dar empleo”, acaben con evidencias de un pasado en forma irreparable. Toca a la comunidad de Mezcala, la auténtica y digna, entrar en control de su propio patrimonio cultural, histórico y arquitectónico. A los ciudadanos interesarse por su pasado histórico y defenderlo pero toca también a las instituciones responder a la realidad y, desde luego, no simular.

 

Créditos: Este artículo se público en el número cuatro del boletín de Servicio Social de la Universidad de Guadalajara que circulo entre noviembre de 2007 – septiembre 2008, lamentablemente por cuestiones del conflicto universitario, el proyecto se detuvo y no se cubrieron los pagos hasta el momento de las impresiones de la cuarta edición. Y ya que sólo se distribuyeron 100 ejemplares, por que llevaba el anterior directorio, en fin … Ese Boletín lo dirigí por un año. En esta ocasión se transcribe fielmente, tal como se publicó. Se títula “Mezcala: Patrimonio desprotegido” como parte de una reflexión a partir de que se conmemora el 70 aniversario del INAH, y el próximo 5 de febrero  en que se conmemora la titulación y el reconocimiento de su territorio, que incluye por su puesto el territorio de las islas. La Grande y la chica el señor y la señora según cuenta la leyenda….

 

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