
Los cambios físicos durante la edad adulta, no son determinantes para el goce de una sexualidad plena.
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Georgina Motalvo/Mural
Los prejuicios sociales llevan a que muchas personas que se encuentran en la tercera edad cancelen su vida sexua
Después de la sexta década de vida, el cuerpo no responde igual ni tiene las mismas habilidades físicas que años atrás, por eso a algunos les parece absurdo pensar que hombres y mujeres en esa etapa de su vida puedan tener una vida sexual activa.
Sin embargo, el interés por la sexualidad está presente en todos los seres humanos hasta el momento de la muerte, asegura Claudia Fouilloux, sexóloga de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual. De hecho, diversos estudios científicos han comprobado que quienes a lo largo de su vida tienen una vida sexual sana y activa, gozan de mejor salud en la tercera edad.
“Uno de esos conceptos equivocados es el que plantea que la actividad sexual debe desaparecer en la edad avanzada y, por tanto, desearla o tener fantasías sexuales, después de los 60 años, no es natural, fisiológico, moral o socialmente bien visto”, refiere el artículo “La Sexualidad en el Adulto Mayor”, publicado en la Revista Sexología y Sociedad, editada en Cuba.
Es cierto que los cambios fisiológicos y la aparición de enfermedades pueden reducir el ánimo por buscar relacionarse sexualmente, sea con la pareja de toda la vida o con nuevas personas ante el fallecimiento de ésta; pero aún así, si eres de la tercera edad, voltear a ver cómo está tu sexualidad y actuar para que mejore te traerá siempre más beneficios que anular o dejar dormida esa parte de tu ser.
“No esperemos que porque tienen más tiempo y ya no hay hijos, las parejas viejas van a empezar a tener una vida sexual más rica, si no la han tenido, eso no es muy posible”, advierte Fouilloux, pero si alguien percibe que su interés permanece y quiere intentar ejercerlo para sentirse mejor, lo puede intentar, agrega.
De hecho, naturalmente las relaciones sexuales entre seres humanos de la tercera edad se guían más hacia el placer derivado de la compañía y la cercanía corporal de su pareja, que de alcanzar orgasmos.
Existe el concepto Salud Sexual Geriátrica y se refiere a “la expresión psicológica de emociones y compromiso que requiere la mayor cantidad y calidad de comunicación entre compañeros, en una relación de confianza, amor, compartir y placer, con o sin coito”, explica Adela Herrera, jefe del Servicio de Geriatría y Departamento de Medicina Interna, en su artículo “Sexualidad en la Vejez: ¿Mito o Realidad?”, publicado en la revista chilena de Obstetricia y Ginecología.
¿Por qué no me interesa?
La falta de interés sexual tiene varios factores, muchos de los cuales son ajenos al estado de salud de las personas.
“Una vida sexual monótona, poco variada, puede llevar progresivamente a una pérdida de interés en la actividad sexual.
“Una menor intensidad de relaciones sociales; la pérdida de atractivos corporales de la pareja y la creencia de que es incorrecto tener fantasías sexuales en esta época, se unen para disminuir la búsqueda del acto sexual”, escriben los sexólogos cubanos.
También el temor por agotarse de más y que esto tenga consecuencias físicas, puede limitar la búsqueda del contacto sexual.
Preocupaciones económicas generadas por la falta de empleo o por problemas familiares también pueden desencadenar el desinterés.
Otra parte de la población adulta mayor, se ocupa primero de mantener su salud física, comenta Fouilloux, sin saber que la salud sexual tiene que ver con la salud en general.
“Aun si hay condiciones como enfermedades crónicas (diabetes o hipertensión) el continuar la actividad sexual hace que mejore la salud general”, insiste.
Placer por placer
Para mejorar la vida sexual o retomarla es importante aceptar los cambios anatómicos y fisiológicos durante la tercera edad, porque el cuerpo tiene infinitas “puertas de entrada” a diversas sensaciones placenteras.
“Es importante que la gente se vaya conociendo y reconociendo en las diferentes etapas de su vida, si no se mira agradable o atractiva por determinadas circunstancias, no reconoce la forma en que va envejeciendo y lo vive como desagradable, eso lo transmitirá a su pareja”, comenta Fouilloux.
Dedicar un momento después del baño a mirarse al espejo, no sólo para peinarse, es un ejercicio que ayudará en ese reconocimiento.
“No tenemos que esperar el reconocimiento del otro, sino trabajar en el de uno mismo, vivirnos y sentirnos atractivos”, recomienda la médico.
Empeñarse en que el envejecimiento no se note puede distraer la energía necesaria para apreciar lo que sí se tiene y, especialmente, lo que se es capaz de sentir.
“No querer ver los indicios de la vejez impide que las personas vean como agradables los cambios de su cuerpo y que permanezca la idea de que lo viejo es feo.
“El observarme en el espejo con mis cambios, hacerlos míos y conscientes y el aceptarlos es el primer paso, cuidarse y descubrir que no es disfunción lo que tengo”, insiste Fouilloux.
Hacer esto es un acto autoerótico, más allá de practicar la masturbación, se requiere sensibilizarse respecto al propio cuerpo y darse una oportunidad, además, de despertar los sentidos, indica la sexóloga.
Disfrutar de una comida ligera, un olor agradable a flores o al perfume de la pareja, admirar agradables paisajes, palpar texturas delicadas o escuchar música relajante de fondo, son algunos preámbulos adecuados para un encuentro erótico a cualquier edad.
Si envejeces, pero tu deseo no desaparece, y experimentas dudas o temores…
Problemas que podrían ocurrir en la vejez
La digestión es más lenta y varios alimentos causan indigestión.
El alcohol demora la eyaculación.
La energía disminuye por la noche.
Algunos medicamentos para tratar la depresión disminuyen la libido.
La diabetes puede producir pérdida de la erección.
La artritis puede dificultar el coito.
Hay temor, especialmente en los hombres, de no “desempeñarse” adecuadamente.
Soluciones
Evitar ingerir alimentos pesados antes de la actividad sexual.
No consumir alcohol para evitar problemas de erección.
Procurar los encuentros sexuales matutinos.
Comentarle al médico para ver si es posible cambiar a un tratamiento que no afecte el deseo sexual.
Mantener controlada la diabetes y no centrar la actividad sexual en el coito.
Variar las posturas para encontrar las menos incómodas.
Hablar de ese temor con la pareja.
Diferencias
Cambios innegables que no limitan la sexualidad:
En el hombre:
Reducción de la sensibilidad del pene.
Mayor dificultad para mantener la erección.
Menor volumen de esperma o incluso orgasmo sin eyaculación.
Desaparición rápida de la erección tras el orgasmo.
En la mujer
Reducción del tamaño de la vulva y la vagina.
Adelgazamiento de las paredes vaginales.
Menos lubricación vaginal.
Menor duración e intensidad del orgasmo.
Orgasmos dolorosos, en algunos casos.