Raúl Torres/La Jornada Jalisco
La “mala suerte” y caminar por “un barrio de malandrines” fueron los argumentos con los que el agente de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) Zaid López justificó los golpes que él y su compañero propinaron a Darío Pereira, reportero de este diario, cuando lo sometieron por la fuerza para arrestarlo ya que lo “confundieron” con un supuesto delincuente.
La mañana de ayer, Pereira regresaba de hacer una cobertura de campañas políticas en la zona del Santuario, caminaba por la calle Santa Mónica, entre Juan Álvarez y Hospital cuando una persona armada se bajó de una camioneta pick up color azul de doble cabina con placas de circulación JR-93002 que estaba estacionada e intentó tomarlo de la playera.
“Ven para acá, hijo de puta”, dijo el sujeto. Pereira vio que llevaba una pistola sujeta a la cintura y levantó las manos retrocediendo unos pasos. “Identifícate” demandó el sujeto y Pereira preguntó que quién era él. “Polícía” fue lo único que gritó el sujeto sin identificarse plenamente.
En ese momento el compañero del sujeto acorraló al reportero por el otro costado y entre los dos lo azotaron contra un auto e intentaron someterlo y lo despojaron de sus cosas. Pereira forcejeaba y pedía que se identificaran, pues hasta entonces no habían mostrado ninguna placa.
Pasaron así algunos minutos y los sujetos insistían en que eran policías, pero no señalaban de qué corporación o a qué se debía la detención. Ante la insistencia del reportero, que por miedo a que se tratara de un levantón no se dejaba someter, uno de ellos mostró brevemente una placa en la que Pereira sólo alcanzó a distinguir las siglas “PGJ” e insistió en saber por qué intentaban arrestarlo. La respuesta fue “por resistirte al arresto”.
Los sujetos derribaron al reportero boca abajo, le pusieron un pie en el cuello cortándole la respiración y lograron colocarle una argolla de las esposas en el brazo derecho. Le exigieron que se identificara y Pereira intentó explicarles que su identificación estaba en la mochila que le habían quitado. Continuó el forcejeo y el reportero comenzó a gritar para que alguien lo ayudara, pues ante las nulas explicaciones dudó que se tratara de policías reales.
Alguien llamó a la Policía de Guadalajara y asistió la patrulla 1081; cuando el reportero vio a los uniformados se dejó esposar, pues confió en que si algo le sucedía los municipales habrían tomado ya los datos de sus captores.
Con las manos en la espalda los sujetos lo subieron boca arriba al asiento trasero de la camioneta y tras identificarse plenamente con los policías tapatíos éstos se retiraron, pero los agentes de la Procuraduría comenzaron a golpear en la cara y en el cuerpo a Pereira mientras esperaban la llegada de un agente del Ministerio Público.
Finalmente uno de los agentes se identificó con el reportero –Zaid López, jefe de grupo–, y comenzó un interrogatorio.
–¿Por qué te pones así? Si no traes nada para que te resistes –le decía al reportero uno de los agentes mientras lo golpeaba en el cuerpo.
–Ustedes no se identificaron, pensé que era un levantón y nunca me dijeron por qué me querían arrestar –respondió el reportero.
–¿A qué te dedicas?
–Soy periodista
–Por eso te comportas así, se sienten el cuarto poder. Me echaste a perder una investigación de tres meses –reclamó el agente al tiempo que asestaba otro golpe en la cabeza del reportero.
Al llegar el representante del Ministerio Público, los investigadores le explicaron que el periodista no traía nada ilegal entre sus pertenencias y que lo tenían retenido por resistirse al arresto; el representante del Ministerio Público se acercó con el detenido y le dijo que tenía dos opciones: “te vas con nosotros para reportar que no arrestaron al que andaban buscando o te quedas aquí, pero tú te pagas tus heridas”. La respuesta fue obvia.
Al bajar de la camioneta, Pereira pidió a los agentes que le entregaran su credencial del IFE y éstos, antes de hacerlo, comenzaron a fotografiarlo.
“Tuviste mala suerte… es que te llamas igual que el sujeto que andamos buscando, además andas caminando por un barrio de malandrines”, le dijo el policía al periodista a manera de explicación.
Por lo anterior, La Jornada Jalisco exige al procurador, Tomás Coronado Olmos, que investigue los hechos y proceda en consecuencia; que otorgue plenas garantías para el trabajo de los periodistas en el estado y que impida cualquier tipo de represalia contra el reportero Darío Pereira.
Ayer mismo, a través de su oficina de prensa, Coronado Olmos se comprometió a investigar el hecho y castigar a los responsables si se determina que incurrieron en alguna falta o ilegalidad, pues, argumentó, no tolerará ese tipo de conductas en la dependencia a su cargo.