
Foto: Marco A. Vargas
Se afectaron 8,276 hectáreas del bosque La Primavera durante el pasado megaincendio.
Agustín del Castillo/Milenio
Fuego y combustibles, modelos para el manejo del área protegida, señalan.Manejar las llamas para evitar que se acumule el material flamable o extraer éste con otros esquemas, algunos elementos aconsejados.
Los expertos coinciden: son evitables los megaincendios en el bosque La Primavera. Pero a condición de que se asuma que el fuego tiene un papel ecológico ineludible en las florestas de pino y encino, que han evolucionado con la presencia de ese elemento perturbador.
Donde ya no hay tanto acuerdo es al momento de definir cómo manejar el problema, que es, en pocas palabras, evitar la saturación de combustibles. Mientras Enrique Jardel Peláez y Eduardo Santana Castellón, investigadores del Instituto Manantlán de Ecología y Conservación de la Biodiversidad (Imecbio-UdeG) y miembros de la red de investigación ecológica a largo plazo, destacan la ventaja ecológica y económica de hacer quemas controladas; el director del bosque, José Luis Gámez Valdivia, subraya la fragilidad de los suelos del bosque, por lo cual, pide ver al fuego como la última opción preventiva (ver nota anexa).
Hay coincidencia en que la presencia del fuego es parte de la dinámica de estos ecosistemas y abre oportunidades para diversas especies del mismo modo que cancela el de otras que han predominado sin la perturbación.
Lo cierto es que por tratarse de un área protegida cercana a la ciudad, la relevancia política, social y ambiental de los incendios adquiere otras dimensiones que no hay en otros bosques del país, lo cual, explica Jardel, debería ser una ventaja.
Fuego y cambio climático
Por su vínculo inmediato a Guadalajara, La Primavera “cuenta con condiciones y equipos que no tienes en otros lugares; si combates incendios desde la región Sur del estado, de la sierra de Cuale, Cacoma o Manantlán, no tenemos las vías de acceso, ni podemos pensar en meter carros moto bomba ni cisternas; el relieve llega a ser tan accidentado que a veces combatir incendios es imposible, incluso con helicópteros”, pone en relieve Jardel Peláez, en entrevista con MILENIO JALISCO.
—¿Tenemos que resignarnos a que estos megaincendios ocurran en un bosque con tantas ventajas aparentes?
—Desde mi perspectiva de gente que trabaja con la ecología del fuego, lo que incluye la experiencia en lugares de incendios como Australia o el oeste de Estados Unidos, los incendios han sido parte de la dinámica de los ecosistemas; en lugares donde el clima es lo suficientemente húmedo para que haya bosque, pero hay un periodo seco del año, hay condiciones para incendios, especialmente en los bosques de pino; esto ha estado ocurriendo desde antes que ahí hubiera seres humanos, pero cuando entran en juego los seres humanos, se modifican los regímenes naturales, y aumenta la frecuencia de incendios [...] la experiencia desarrollada en el oeste de Estados Unidos, donde hubo periodos de éxito en el control de los incendios, es que eso empezó a generar cambios en la estructura de la vegetación, problema de acumulación de materia combustible, y ahora tienen incendios mucho más fuertes y difíciles de controlar; otra cosa es que además en condiciones de cambio climático, dura más la temporada de incendios, o hay eventos más extremos de sequía.
El científico subraya que en un congreso reciente sobre la incidencia humana en los bosques, “te puedo decir que manejar fuego es el consenso en lugares propensos a incendios; y en condiciones extremas de cambio climático, hay que adaptarse a una posible mayor actividad de incendios”.
—Entonces, en el caso de La Primavera, ¿el desafío va a aumentar?
—La buena noticia es que la composición de bosque que tienen ahí, especies de pinos y encinos que han evolucionado con incendios naturales, es la razón de que pese a tantos eventos, el bosque sigue como bosque.
—¿Está adaptado?
—Sí; pero La Primavera tiene una condición esencial, que es estar rodeado de gente, entonces no podemos decir ahora que tenga un régimen natural de incendios [...] tiene incendios intencionales, incendiarios, pirómanos, accidentes [...] quemas agrícolas o el que quiere eliminar vegetación para el cambio de uso de suelo; el contacto de este bosque cada vez con más gente implica que el riesgo de incendios es cada vez mayor, pero dado que el fuego es un componente de este sistema, y que el problema de incendios puede ir creciendo con el cambio climático, es necesario contar con programa para manejo del fuego.
Esto consiste en “el manejo de los combustibles forestales y la participación de los dueños de los terrenos forestales, directamente, en sus actividades [...] hay desde el control mecánico del material combustible, hojarasca, material leñoso caído o las mismas plantas vivas, que son materia prima para el fuego; la manera mejor de hacerlo es imitando lo que hace la naturaleza, a través de quemas prescritas, que es una quema controlada para un objetivo particular, que se hace considerando la dirección del viento, de las condiciones meteorológicas, para evitar emisiones de humo que dañen la ciudad; hay otras técnicas, pero son más costosas y tienen otros impactos…”.
El manejo de quemas es común ya en áreas protegidas tan relevantes como La Sepultura, en Chiapas, o Manantlán, en Jalisco-Colima.
“Generalmente, el bosque se regenera con el tiempo, incluso hay muchas especies ahí que necesitan las condiciones que crea el fuego [...] el manejo del fuego implica considerar el régimen de incendio natural como referencia, para saber cómo uno va a manejar esa área, y si eso se ha quemado históricamente bajo un régimen frecuente de incendios de baja severidad, hay que tratar de mantener ese régimen de incendios…”.
—¿Qué otras herramientas hay, además del uso preventivo del fuego?
—Por ejemplo, en Manantlán tenemos los sistemas de brechas corta fuego, que facilitan las acciones de combate; en algunos lugares se tiene el control mecánico de combustibles, controlarlos o si se puede extraerlos, picarlos y extenderlos.
—¿Ecológicamente cuál es el más recomendable?
—Utilizar el fuego; buena parte de la diversidad florística del bosque La Primavera está en el sotobosque, en pastos, en hierbas, en arbustos, que crecen en las áreas abiertas que se perturban por fuego, que es donde está la mayor parte de la biodiversidad [...] hay que tener cuidado cuando decimos que el fuego ayuda, pero falta un programa de manejo del fuego, para no estar cada cinco, seis o siete años con un incendio grandote, que genera un montón de riesgos y daños graves ecológicos y a la sociedad.
El fuego tiene mala imagen
Una de las primeras cosas que debemos hacer es informar bien a la gente de qué se trata con el fuego; yo he estado con gente de comunidades indígenas del sur de Estados Unidos que tienen cientos o miles de años quemando sus bosques; era la manera tradicional, y ahora lo hacen con toda una fundamentación científica; sus bosques están mejor en términos de sanidad forestal y de diversidad, que los bosques manejados por el Departamento Forestal de ese país, donde se han suprimido los incendios durante muchos años”, explica el investigador Enrique Jardel.
Conservar el bosque a ultranza deriva en incendios devastadores que pueden acabar con todas las formas de vida.
“Porque a fuerza de querer proteger un sistema del fuego, se dan cambios en la estructura del bosque, se acumula material combustible, y eso los debilita; los empiezan a atacar las plagas con facilidad, y en cambio en el territorio de los indígenas han seguido quemando, controlando plagas, haciendo uso del fuego como una herramienta, derivado esto del entendimiento de los procesos ecológicos”.
