Blog: Tecnología y SER humano

Publicado: febrero 27, 2012 de cronicadesociales en Información Jalisco
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 La Jornada Jalisco

Eduardo Viramontes.- La tecnología debería estar al servicio del ser humano: así nos la vendieron (bueno: así me la vendieron a mí). El ser humano es inteligente y usa esa inteligencia para mejorar su calidad de vida, al mejorar su calidad de vida, aumenta su inteligencia y su capacidad para pensar en otras cosas que mejoren su calidad de vida. Debería de ser un ciclo que empieza en un lugar y termina en un lugar mejor.

Así me la vendieron.

El ser humano innova de acuerdo a las necesidades que tiene. No es de extrañarse que las primeras innovaciones fueron utensilios y métodos para obtener comida y agua; luego para tener techo y luego para desplazarse. En cada vuelta del ciclo de innovación se agregaba complejidad y se iban separando de las necesidades primales. Últimamente, cada innovación está asentada sobre otra innovación más básica y así sucesivamente hasta llegar a algún punto de equilibrio. Así me la vendieron.

El problema de la innovación es que supone recursos infinitos. ¿Cómo no suponerlos, si tenemos imaginación infinita? Los recursos no son infinitos, los seres vivos no somos infinitos, el espacio disponible no es infinito. Este es uno de los grandes problemas humanos. Un animal en su hábitat natural no tiene la intención ni la necesidad de transformar su entorno mientras que el humano sí: el humano tiene conciencia de su propia condición. Más importante aún, sabe que el entorno puede ser mejor.

¿Qué es un entorno mejor? Un entorno mejor es más cómodo. Sillas y mesas, procesos para fabricarlos y obtener sus materiales. Un entorno mejor me alimenta más eficientemente: Walmart y Burger King, grandes estacionamientos y la industrialización de los alimentos. Un entorno mejor me proporciona un buen lugar para dormir: casas maquiladas en serie a las afueras de la ciudad. Un entorno mejor me permite desplazarme a los lugares que me importan: caminos y autos para movernos rápido en ellos. Un entorno mejor me proporciona espacios de esparcimiento y convivencia: centros comerciales y cines de a 50 pesos el boleto (¿O en cuánto van ahora?).

¿Correcto? No tanto.

De una manera u otra, las maravillosas capacidades inventivas de la mente humana nos han dado estos y otros regalos. A nivel de observador neutral, los inventos que están detrás de la tecnología automotriz o de la cadena de suministro de Burger King son magníficos. A los ingenieros nos maravillan esas cosas. Nos sentamos por horas a pensarlas y buscar mejorarlas. Pero detrás de toda esta innovación se alberga la sensación de que todo esto puesto junto no es enteramente correcto. Fabricar muebles tiene el potencial de acabar con los bosques del mundo, manejar autos tiene el potencial de contaminar, comer en la comida rápida tiene el potencial de malnutrirnos. Vivir en los cotos nos aliena del otro y de la convivencia; las calles amplias nos separan, los centros comerciales nos transforman de humanos a consumidores sin criterio.

La ciudad alberga todo este mundo de innovación y creatividad, la ciudad la alimenta. La ciudad es, probablemente, el invento más importante de la humanidad, por que la ciudad permite la invención de todo lo que la sustenta. Pero también lo que la inventó y la sustenta puede acabar con ella, y con el humano y con la innovación y con la creatividad. Los números no dan.

El siglo pasado dio por hecho que el mundo era infinito, toda la innovación tecnológica suponía este escenario. Pero ahora sabemos que no es cierto: los recursos de la humanidad que tenemos disponibles son finitos y se están acabando. Ni siquiera la economía es infinita, ya en 2008 aprendimos que ni siquiera las deudas se pueden aplazar infinitamente. Siguen el petroleo y los metales preciosos, el agua, las maderas, el clima. Poco a poco estamos abriendo los ojos a este mundo real que está albergado en límites reales. En una esfera infinitamente bella, pero no infinitamente llena. Los que tenemos la suerte de estar vivos en este mundo y en estos tiempos tenemos la responsabilidad de empezar a pensarnos finitos. Las nuevas innovaciones que los ingenieros, los científicos, los ciudadanos de a pie y las ciudades vamos a hacer tienen que estar pensadas en un mundo finito. Las innovaciones de este siglo tienen que dejar de incluir palabras como gasolina o triplehamburguesadequeso y empezar a incluir ideas como comunidad, espacio compartido y consumo responsable. La nueva ciudad va a albergar y bienvenir a estas nuevas ideas cuando en conjunto las creemos, porque la ciudad no es más que una expresión construida de nosotros mismos, y es hora de reinventarnos.

@patoid
*Miembro de Ciudad para Todos.

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25 de febrero de 2012

Activarse de manera lúdica

Jesús Carlos Soto Morfín

«La tristeza no vuelve inteligente. En la tristeza estamos perdidos. Por eso los poderes tienen necesidad de que los sujetos sean tristes. La angustia nunca ha sido un juego de cultura, de inteligencia o de vivacidad. Cuando usted tiene un afecto triste, es que un cuerpo actúa sobre el suyo, un alma actúa sobre la suya en condiciones tales y bajo una relación que no conviene con la suya. Desde entonces nada en la tristeza puede inducirlo a formar la noción común, es decir, la idea de algo común entre dos cuerpos y dos almas.» Gilles Deleuze.

«Todo lo que hacemos tiene que divertirnos». Principio de acción de Ciudad para Todos.

Como Gilles Deleuze afirma, no es a partir de la tristeza que podemos transformar las cosas, no es ahí cuando más inteligentes somos ni cuando más en nuestros cinco sentidos estamos para producir lo común. Además, actuar alegremente, de manera jovial o divertida, tiene una doble ventaja: por un lado puede comunicar mejor y contagiar a más, pero también es un paliativo ante la tragedia, sin evadirla es como un resguardo: “si todo sale mal -como es muy probable que ocurra- por lo menos te divertiste, ya ganaste eso.”

Es estúpido malgastar los ánimos en acciones sin pasarla bien y por desgracia esta es una práctica común en las luchas sociales. El estereotipo del líder social tiene la cara triste y grita harto ronco. El intelectual crítico debe tener un aire melancólico y si no es un farsante. Quien porta una sonrisa y no una consigna más bien es tildado de burgués simplón o idiota que no de individuo libre, soberano y comprometido.

Sí, quizá el mundo vaya terriblemente mal. Pero pongamos un paréntesis. En primer lugar se trata de un mundo social, no de la realidad en su totalidad –algo, por otro lado, inasible-. Y no todo lo que compone lo social puede estar mal o tan mal. También hay que pensar si no siempre ha sido así. Desde antaño el mundo va tan mal que seguro está próximo su fin. Entonces, pausa.

Sí, es honorable querer transformar cosas, tiene que ver con nuestra naturaleza creadora. Pero hay que ubicar eso en el horizonte de las posibilidades humanas, individuales y colectivas. No decir “yo puedo” para luego lanzarse de bruces contra el mundo, sino preguntarse “¿qué puedo?”. Un punto de vista distinto que sitúa primero el cuidado de uno mismo, la economía de las fuerzas y el conocimiento de las potencialidades para de ahí elaborar las acciones. No es esto mero achicamiento de miras, al contrario. Dice Spinoza que en la medida en que hacemos lo que favorece nuestra alegría, a través de hacer lo que queremos –lo que está de acorde a nuestra razón- aumentan nuestras potencialidades. Con la tristeza ocurre al revés. Pero no hay que menospreciarla, es parte de un mismo sentimiento.

Otra cita de Deleuze: «Una alegría del crecimiento, no edificada sobre el resentimiento, ni sobre el odio, ni sobre las desgracias ajenas; una alegría que no necesita la tristeza de los otros para existir.» En otras palabras: el entusiasmo no requiere la derrota de los otros ni de victorias a toda costa. Ocurre a pesar de las peores circunstancias –hay testimonios de los campos de concentración- y muchas veces llega a pesar de uno mismo. La alegría, dicen algunos pensadores, tiene que ver con una aceptación tácita de la vida, sin reservas.

Aceptar esto quizá parezca ridículo para un activista. ¿Cómo? Si el motor de mi activación pareciera ser precisamente la falta: que precisamente todo va tan mal y hacen falta tantas cosas para cambiarlo. Pero lo que va mal es uno o dos o veinte mil aspectos de la realidad social, no de la realidad en y por si misma. Esa permanece intacta. Un soporte para el respiro. Cuidado con juzgarla toda rebajándola a un solo punto de vista.

Pensar que al mundo le falta o que la vida está incompleta es práctica, diría Nietzsche, de un espíritu de resentimiento, de venganza, causado por la mala digestión de la propia desgracia o de la insatisfacción de uno consigo mismo, una incapacidad de sobreponerse y asimilar los errores, las pérdidas, las caídas como aprendizajes siempre a favor del individuo y de la vida misma. Por eso nada más nocivo que la culpa, el castigo o la vergüenza que impiden la superación.

«No cargar la vida bajo el peso de los valores superiores, incluso los heroicos, sino crear valores nuevos que sean los de la vida, que hagan de la vida lo ligero o lo afirmativo.» Gilles Deleuze

Que nuestra activación no sea pesada, que no sea un sacrificio, que sea ligera. Es la única forma de hacerla sustentable en el tiempo: práctica, divertida, económica, replicable. A final de cuentas lo que estamos combatiendo es a la tristeza que provoca la contaminación de un río, el sacrificio de vidas a los motores, el progreso inhumano, la ciudad de la prisa, el derroche idiota del dinero público. Cosas que ponen triste porque dificultan el desenvolvimiento armónico de la propia vida en el entramado social. El activismo no es otra cosa que vivir haciendo lo que más se quiere. Y a veces eso es subirse a un árbol, estorbar tractores, frustrar discursos solemnes, rayar muros, sembrar azoteas verdes o ir en bicicleta al trabajo: ataques lúdicos a lo que atenta contra la vida.

Por cierto, ¿de dónde salió todo esto? de la derrota sufrida en el campamento en contra del puente atirantado, del que sin embargo salimos victoriosos, nos divertimos a lo bruto. ¿Consecuencia? El doble de entusiasmo para combatir la Vía Express de $7′,000,000, hoy muerta.

@negrosoto
*Miembro de Ciudad para Todos.

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24 de febrero de 2012

El Génesis del Apocalipsis

Karla Preciado

En el principio, el hombre creó el automóvil.
Y la tierra estaba ordenada y vacía, y las vías de tránsito se utilizaban indistintamente para peatones, bicicletas, carretas y tranvías.
Y dijo el hombre: “Sean las vías para el auto”, y las vías fueron.
Y vio el hombre que eran buenas; y separó el hombre la vía para el auto de la vía para los demás vehículos.
Y llamó el hombre a esa vía Calle, y a las demás vías les llamó Banqueta o  Servidumbre o Espacio para mesas o Jardinera o cualquier otra cosa. Y fue la tarde y la mañana un día.
Luego dijo el hombre: “Hágase el automóvil accesible a las grandes masas”, y se hizo.
E hizo el hombre los concesionarios automotrices con créditos y facilidades de pago, y separó los que podían tener un automóvil de los que no podían tener uno, y a los que podían los hizo ciudadanos de primera y a los que no podían ciudadanos de segunda. Y fue así. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.
Después vio el hombre que las calles no eran suficientes para los automóviles, así que movió edificios, demolió parques, derribó su propio patrimonio arquitectónico, acortó banquetas y quitó tranvías para dar más espacio al carro, y la separación entre los que tenían un automóvil de los que no lo tenían uno se hizo más amplia.
Y llamó el hombre a esto Progreso. Y creyó que era bueno.
Y fue la tarde y la mañana el día tercero.
Dijo también el hombre: “Es necesario organizar y mejorar el paso de los automóviles”. Y fue así. Y el dinero público que antes se invertía en educación, salud o bienestar social se invirtió en semáforos, topes, pavimento, señalética y agentes de vialidad.
Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.
Luego dijo el hombre: “Hagamos que el automóvil se mueva con más rapidez, como cruzando la abierta expansión de los cielos”.
Y creó el hombre las grandes avenidas, bulevares, autopistas urbanas, puentes y pasos a desnivel, y los vehículos más lentos se relegaron a un pequeño y oscuro espacio para que no estorbaran.
Y el hombre bendijo a los automóviles, diciendo: “Fructificad y multiplicaos, y hacedlo en todas las calles, en todas las avenidas, en todas las ciudades, en favor del Progreso”.
Y fue la tarde y la mañana el día quinto.
Dijo luego el hombre: “Haya lugares en la ciudad para separar el automóvil en movimiento del inmóvil; y que esos lugares sean sumamente accesibles, seguros y cómodos para los automovilistas”. Y fue así.
E hizo el hombre los estacionamientos; en cada hogar, en cada centro comercial, en cada oficina; también los hizo en el lado derecho de las calles.
Y removió las banquetas que quedaban para hacer estacionamientos en los negocios.
Y quitó el poquísimo espacio público de las zonas residenciales, y las paradas de autobús. Incluso sacrificó espacio de su propia casa para salvaguardar la integridad del automóvil inmóvil. Y creyó el hombre que era bueno.
Entonces dijo el hombre: “He aquí que he dado al automóvil todo el espacio que hay en la faz de la tierra, y he tirado todo árbol en que había fruto que diera semilla, y he derribado todo edificio que estorbara; os servirá para circular”.
Y toda bestia de la tierra, y todas las aves de los cielos, y  todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, y toda planta verde les será dada para producir gasolina para sus automóviles. Y toda vida humana segada por el automóvil será considerada el costo de la vida moderna. Y fue así.
Y vio el hombre todo lo que había hecho, y creyó que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.
Fueron, pues, construidas las calles y las autopistas necesarias.
Y bendijo el hombre al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho. Y sólo entonces se bajó del auto y disfrutó del único parque que quedaba, de los pocos árboles que había en pie, de los animales que sobrevivieron, de la gente ajena y desconocida, de la contaminación, de la ciudad hecha exclusivamente para los automóviles y no para la gente.
Estos son los orígenes de los automóviles y de las calles cuando fueron creados, el día que el hombre  hizo la calle y los automóviles.
Postdata: No vaya a creer que esto pasó hace mucho, sucede cada día.
@karlapre

*Miembro de Ciudad para Todos

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