JORGE GÓMEZ NAREDO/La Jornada Jalisco/03-04-11
I
Han ido a todas partes y en todas partes han pedido lo mismo: que su pueblo no se les venga muerto, que no lo inunden…, que no lo maten. En todas partes, o en casi todas, les han dicho que eso que piden es demasiado, que son imposibles, quimeras: sueños que están alejados de la realidad. Pero ellos insisten. Les viene una terquedad nacida del derecho que tienen a vivir donde siempre han vivido, del derecho que tienen a mirar la iglesia que desde niños han mirado, del derecho que tienen de llevarles flores a los muertos que siguen extrañando y honrando. Sí, la terquedad que viene de la dignidad. Ellos son los de Temacapulín, los de Palmarejo y los de Acasico, los que la semana pasada, cansados de tantos desdenes gubernamentales, decidieron tomar las obras que se están realizando para construir la presa El Zapotillo.
II
Un día llegaron y les dijeron que pronto tenían que marcharse, que les construirían unas casitas pequeñitas lejos de ahí donde siempre habían vivido, y que a esas casitas pequeñitas tenían que mudarse. No les dieron oportunidad de opinar. Llegaron y les dijeron que pronto tenían que irse. No hubo negociación ni pláticas ni charlas con los encargados del proyecto. No hubo explicación: harían una presa para “el progreso”, y sus pueblos serían inundados. No más.
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