JAIME MORALES HERNÁNDEZ/La Jornada Jalisco/19-12-10
La reciente reunión en Cancún de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP 16), dio cuenta con toda claridad del problema que el cambio climático significa para la humanidad y evidenció también la escasa voluntad para solucionarlo de parte de los poderes económicos y políticos que dominan el planeta. El calentamiento global, causado principalmente por las formas de producción, consumo y excreción de los países desarrollados y las élites privilegiadas de los países del sur, tendrá fuertes impactos en aquellos que no lo han ocasionado, los más vulnerables y más pobres del mundo, especialmente aquellos que viven de las actividades ligadas a la naturaleza, como agricultura, ganadería y pesca, es decir campesinos, indígenas, pescadores y habitantes ribereños.
Por su estrecha relación con la naturaleza y con el clima, la agricultura es una de las actividades que se verá fuertemente impactada por el cambio climático y las consecuencias pueden ser muy serias para los pequeños agricultores ubicados en ambientes frágiles, donde una pequeña disminución en el rendimiento puede llevar a grandes desequilibrios en la vida rural. Los cambios en la cantidad y distribución de las lluvias, la variación de temperaturas, las inundaciones, las sequías, los incendios, la erosión del suelo y la pérdida de la agrodiversidad son algunos de los impactos previstos y que tendrán un efecto directo en la producción y disponibilidad de alimentos para todos los habitantes del planeta.
Pero mientras la agricultura familiar y campesina se encuentran amenazadas por el cambio climático, la agricultura industrial, componente central de los sistemas agroalimentarios globales, es una importante fuente de emisiones de gases de efecto invernadero, especialmente a partir de la producción animal intensiva, de los fertilizantes e insecticidas, así como de la deforestación causada por el cambio de uso de suelo. La agricultura industrial es la responsable del 25 por ciento de las emisiones mundiales de bióxido de carbono, del 60 por ciento de las emisiones de gas metano y del 80 por ciento de las de óxido nitroso; todos potentes gases en el efecto invernadero. Si se considera el sistema agroalimentario en su conjunto que incluye producción, transporte, almacenamiento, empaque y basura, la cifra se acerca al 70 por ciento de las emisiones totales. Baste señalar a manera de ejemplo que en Estados Unidos un alimento recorre un promedio de tres mil kilómetros desde su lugar de siembra hasta el sitio de consumo.
La sustentabilidad de las actividades agropecuarias es una alternativa a la actual forma de agricultura industrial que crea hambre, pobreza, alimentos contaminados y calentamiento global y por ello resulta fundamental la puesta en práctica de producción de alimentos que ayuden a enfriar el planeta. La agricultura sustentable aparece como una estrategia productiva que ha demostrado ya su viabilidad social, ecológica y económica, expresada en el continuo incremento mundial de la superficie y desde la perspectiva de la Organización de las Naciones Unidas es la opción más efectiva para lograr la soberanía alimentaria. La agricultura sustentable es una realidad creciente y junto con ella, los movimientos ciudadanos de comercio justo y de consumo local como evidencias concretas de las alternativas hacia un planeta más sustentable.
Como en tantos otros temas relevantes, la situación ambiental en México es muy grave, y mientras las autoridades muestran en la reunión de Cancún un falso país rumbo a la sustentabilidad, la realidad en el campo mexicano muestra cómo las políticas públicas favorecen la agricultura industrial y la siembra de transgénicos, agrocombustibles y monocultivos intensivos que incrementan las emisiones de gases con efecto invernadero, y ocasionan múltiples impactos sociales y económicos. El reciente incremento en el precio de la tortilla es una muestra más de la fragilidad y vulnerabilidad de la producción de alimentos en México.
Los pobres resultados de la reunión de Cancún reafirman la importancia de la acción ciudadana ante la ineptidud e ineficiencia de los gobiernos. La agricultura y los alimentos son un asunto clave para todos los ciudadanos y por ello resulta importante la acción en dos vías; por un lado participando en los esfuerzos de la sociedad civil local, nacional y global hacia la justicia ambiental y social y por el otro, en el ámbito de lo cotidiano, modificando nuestros hábitos de consumo, hacia lo local, lo artesanal, lo ecológico, lo propio.