Maricarmen Rello/ Público/ 1 Feb 09
El primer trienio del gobernador no resultó tan esperanzador como lo anunció aquel marzo de 2007, cuando tomó posesión en el cargo. Ni el empleo, ni el prometido bienestar “para las familias” abundan en el estado. Lejos de eso se advierte una desaceleración de los indicadores sociales en la entidad. El más determinante es que repuntaron la pobreza alimentaria y de capacidades en Jalisco.
Según da cuenta un estudio elaborado por el Consejo Económico y Social del Estado (Cesjal), en los últimos años se revirtió la disminución de la pobreza alimentaria que mantuvo la entidad jalisciense desde el inicio de década, al pasar de 10.9 por ciento de la población en 2005 a 13.1 para 2008; un indicador muy cercano al 13.8 que se reportó en 2000 y al cual se regresó.
Ya en 2005 —el año con los porcentajes más bajos de pobreza tanto en el país como en Jalisco— se notaba una desaceleración de la disminución de pobres frente al promedio en que se redujo el promedio nacional. “La situación empeora de 2005 a 2008: por un incremento porcentual de 0.88 por ciento en la pobreza alimentaria nacional, en Jalisco aumentó 7.37 por ciento (esto es 8.4 veces más)”, refiere el Informe Socioeconómico del Estado de Jalisco. Balance de una Década, elaborado por el Cesjal.
La pobreza de capacidades también se acrecentó a más del doble de lo que lo hizo el conjunto del país, al pasar de 17.2 por ciento en 2005 a 18.3 en 2008. Sólo se mantuvo una discreta disminución en la pobreza patrimonial, de 41.6 a 41.0 en el mismo periodo.
“Si bien la incidencia de la pobreza ha sido menor que en el promedio del país, su margen para disminuirla también es mínimo, por lo que tienden a converger los grados de pobreza nacional y estatal. Tal parece que Jalisco se encuentra cerca de un umbral de pobreza que le es difícil reducir bajo los esquemas actuales, a diferencia del federal, que mantuvo un mayor margen de acción”, destaca el informe citado.
Tomando en cuenta el conjunto de nueve indicadores para medir la marginación (analfabetismo, primaria completa y servicios básicos para las viviendas), Jalisco mejoró en el ranking de los estados menos marginados, al pasar del lugar 25 al 27 (siendo el de mayor marginación el número uno); pero aun así, la previsión del Cesjal, con base en las estadísticas analizadas del decenio 1999-2009 es que cada vez “será más difícil el abatimiento de la pobreza en la población que se mantiene por debajo de los umbrales definidos por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval)”.
Se trata —refiere el análisis— de un “núcleo duro” de pobreza al que no benefician las políticas y estructuras productivas y distributivas prevalecientes.
Al analizar los nueve indicadores que evalúan la marginación por territorios municipales, los resultados no son tan halagadores. En Jalisco se mantienen cuatro municipios con analfabetismo superior a 20 por ciento del total de población (Mezquitic, Santa María del Oro, Bolaños y Cuautitlán) y siete municipios donde la mayoría de la población de quince o más años no cuenta con la primaria completa.
En otros siete municipios jaliscienses al menos la mitad de la población vive hacinada.
Es en los municipios con menos habitantes, donde se acrecientan las grandes desigualdades que prevalecen en el estado: 70 por ciento de la población de Mezquitic habita en viviendas con piso de tierra y no cuenta con drenaje, servicios sanitarios ni electricidad. En Cuquío, 60 por ciento de la población carece de agua entubada, y en Chimaltitlán poco más de 50 por ciento no tiene este servicio (los peores del estado).
El informe detalla también que en 52 municipios la mayoría de la población ocupada gana menos del equivalente de dos salarios mínimos y concluye que el norte del estado tiene la evolución más débil, en donde se concentran los municipios con niveles de marginación muy alta y el retroceso del municipio de Bolaños.
