Raúl Zibechi /La Jornada, 20 noviembre 2009
Si hay algún fantasma recorriendo América Latina, por recuperar la célebre frase que encabeza el Manifiesto comunista, es el de la resistencia india comunitaria, en sierras y selvas, y ahora en la Amazonia sudamericana. En años recientes, naciones enteras resisten la expansión de la minería y la explotación de hidrocarburos, así como los monocultivos que devoran tierras nativas. Esa resistencia ha sido tan potente en el Perú neoliberal de Alan García como en la Venezuela bolivariana de Hugo Chávez y en el Ecuador de la revolución ciudadana de Rafael Correa.
Todos recordamos la masacre de Baguá (Perú), donde miles de indígenas resistieron en nombre de la vida, eso que nosotros llamamos naturaleza, hace ya cuatro meses, la política oficial de promover la explotación de la Amazonia. La masacre perpetrada el Día Mundial del Medio Ambiente forma parte de una larga guerra por la apropiación de los bienes comunes, apoyada en la firma del TLC entre Perú y Estados Unidos. Los hechos del 5 de junio dejaron un centenar de heridos de bala y entre 20 y 25 muertos por el empeño en parcelar 63 millones de hectáreas en grandes propiedades para facilitar el ingreso de los negocios multinacionales.





