
Foto: Giorgio Viera
Jesús Estrada Cortes/Publico/25-05-09
Lo describen como un lugar idílico. Los hombres vivían de la abundante pesca del río Santiago, las mujeres conversaban por las mañanas a la orilla mientras lavaban la ropa, y los niños nadaban y jugaban en las tranquilas aguas cerca del imponente Puente Grande. Pero 25 años de industrialización sin control dejan huella, y en el barrio de Cantarranas el único recuerdo que queda de aquellos tiempos es su nombre. Aquí ya no cantan ranas, sólo zumban millones de zancudos que se reproducen en la roja descarga de sangre que baña las tóxicas aguas negras del Santiago.
Aparentemente, el proceso de degradación ambiental y social en este barrio de la población de Puente Grande (municipio de Tonalá) parece similar al que han vivido otras comunidades por la contaminación que se genera alrededor del río Santiago, como El Salto o Juanacatlán, y lo es. La diferencia es que aquí los pobladores enfrentan un triple problema: la extrema cercanía con el río, adonde caen por las noches descargas combinadas de aguas residuales, sangre y vísceras provenientes de un cercano rastro porcícola, y el estancamiento de esta agua por la represa que forma la central hidroeléctrica de Puente Grande.
El punto medular de esta tóxica combinación está pegado a la cancha de futbol donde todos los días decenas de niños del barrio juegan y se entretienen, hasta las 19:00 horas, porque es entonces cuando los millones de zancudos que nacen en la porquería decretan el toque de queda.
Pero ese día la población decidió desafiar a la plaga, porque aquí a la gente le urge salir del olvido al que la someten los gobiernos. Poco antes de la hora del encierro obligado, se solicitó una entrevista a una de las vecinas para conocer los problemas ambientales y sanitarios del barrio. En diez minutos se congregaron más de 30 mujeres queriendo contar sus historias.
“Esa sangre que cae allá es a diario, viene del rastro El Edén [en la parte alta de Puente Grande], es pura sangre líquida, pasa uno y huele horrible. Hay veces que se tapan los drenajes y tienen que quitar las coladeras para destaparlos y toda esa cochinada se viene corriendo por la calle”, comentan Evelia Lozano y Juana Vega, mientras recordaban que hace casi cuatro meses se tapó el drenaje donde arrojan las descargas del rastro y un tsunami de sangre y vísceras bañó las calles del barrio hasta caer al río, haciendo que más de un vecino terminara “vomitando porque no se aguantaba la pestilencia”.
Una vez en el río, el olor a sangre se disipa con los aromas a “huevo podrido” que emana del Santiago, “eso es por el acido sulfúrico que arrastra”, le explica Salvador Salcedo a una de sus vecinas. “Mi marido trabaja en una granja agrícola aquí más arriba, en la madrugada me dice ‘qué feo apesta el río, cierra la ventana, huele peor que los puercos’”, comenta por su parte María Delgado.
Y es que los olores, así como las nubes de zancudos, se filtran en las humildes casas del barrio todas las noches.
Tos y manchas perpetuas
Las consecuencias directas del contacto directo con las fétidas aguas son los problemas respiratorios y de la piel, lo que casi todos los 30 vecinos congregados han sufrido.
“Mi hija por un piquete de zancudo le salieron muchos granos en los pies y duró mucho tiempo enferma. La llevé con un dermatólogo, me preguntó inmediatamente si aquí cerca había alguna contaminación muy fuerte. Le dije que sí, que vivíamos junto al río. Yo también tengo mucho tiempo que no me puedo aliviar de la garganta. Me arde mucho y con cualquier cosita me pega mucha tos y se me tapa la nariz. Fui al centro de salud y fue lo primero que me preguntó el doctor, que dónde vivía, le dije junto al río, ‘no señora, pues qué se gana tomando medicina si ahí tiene la contaminación, cuándo se va aliviar’”, contó Paula Ibarra Pérez.
De inmediato, las mujeres y algunos niños comenzaron a mostrar la variedad de lesiones que tenían en la piel, manchas color rosa, otras más oscuras y algunas que parecían costrosas.






CENTRO DE DERECHOS HUMANOS COORDINADORA 28 DE MAYO AC







Raúl Zibechi es un periodista y ensayista uruguayo dedicado al estudio de los movimientos sociales en América Latina. Su mirada es, sin duda, una de las más penetrantes y agudas sobre las luchas de los de abajo en América Latina. También es de las más certeras. Sea lo que vaya a pasar con los pobres y los de abajo en esta región del mundo, tenemos qué leer a Zibechi para entender y comprender este proceso. La recopilación de los artículos de Zibechi se debe a la