Vamos por el noveno
Los titulares de los periódicos dirían así: “4,000 cilistas pedaleando por la ciudad” “Ciclistas se apoderan de las calles” “Salen 4,000 mil ciclistas a paseo nocturno en bici”…. Quizá, alguno, diría: “¡Éxito rotundo, miles de ciclistas ocupando la calle!”.
Somos más. Esta vez fuimos alrededor de 4,000 ciclistas quienes pedaleamos el 8 Paseo de Todos. Gracias!!!! por el entusiasmo, por correr la voz, por sumarse a esta propuesta.
Estos paseos nocturnos en bicicleta son una manera de fomentar que más personas se animen a usar la bici como un medio de transporte, también una forma de recuperar los espacios públicos y mostrar que las calles son un lugar que se debe compartir entre peatones, bicis, transporte público y autos.
En Guadalajara y la zona metropolitana cada día se integran alrededor de 300 nuevos vehículos y los accidentes automovilísticos son la principal causa de muerte entre jóvenes de 15 a 30 años. Creemos oportuno difundir el uso de la bicicleta, no sólo porque es un vehículo no contaminante, sino porque mejora el estado de salud; usarla disminuye los riesgos cardiovasculares, aumenta la esperanza de vida hasta dos años, evita problemas de obesidad. Y, claro, al pedalear, también contribuimos a mejorar la calidad del medio ambiente, pues los gases tóxicos que avientan los autos a la atmósfera matan a un promedio de 7,000 personas al año, en México. También es sorprendente saber que el oxígeno que producen 200 árboles durante un día los consume un auto en tan sólo una hora.
Hay muchas razones para montarse a la bicicleta y dejar el auto. Este Paseo de Todos nos demostró, nuevamente, la disposición de más ciudadanos a subirse a la bici.
¡Ahí vamos! Nos vemos en el próximo paseo.
Por el túnel
Este paseo tenía una sorpresa preparada. No fue el cadáver del Canaca que iba en un féretro ni la muerte en bicicleta ni las calaveritas montadas en ancas de varias bicis, tampoco la piocha asesina ni los demonios.
Salimos pocos minutos después de las nueve, lentos… tomando cada quien su posición (o hueco) entre montones de ciclistas que sumamos miles. Por Vallarta hasta Chapultepec, antes, en Enrique Díaz de León nos topamos al primer desesperado, un midibusero al que no le quedó de otra que retroceder y abrir más espacio para que pasaran los pedaleros.
Luego por Chapultepec, otro contingente se unió. Seguimos por Américas, hasta la angosta y arbolada avenida Luis Pérez Verdía; las campanitas, las cornetas y los timbres sonaban entre la vía oscura, la luz se vio cuando llegamos al cruce con López Mateos, ahí estaba, ella, “La López”, a veces, muchas, tan odiada por su amante “El Viaducto”; los autos detenidos en semáforo rojo y los ciclistas comenzamos a entrar en ella. Los autos detenidos en semáforo verde y los ciclistas acercándonos ahí, a ese lugar: ¡¡¡El Nodo Colón!!!!.
Bajamos a toda velocidad seis metros bajo tierra, ningún auto cerca de nosotros y nosotros en todo su espacio. ¡Estábamos en el túnel del miedo! Ese que costó casi 500 millones de pesos, ese con el que coronaron todas las obras de infraestructura vial, de un sexenio y poquito más, para el automóvil. Ese que detonó otra hilera de pasos a desnivel para paliar la saturación vehicular, ese que provocó el viaducto. Pedaleamos un túnel largo y novísimo, pero dañado. Salir de ahí fue volver a experimentar la libertad: seguimos por avenidas arboladas, igual de saturadas de tráfico, pero abiertas por el paso de las bicis.
Éramos 4,000 mil. ¿Cuántos seremos la próxima vez?
Bicicronista P


